15 de julio de 2026 10:53 hs

Cuando el jueves por la noche Adrián Vaglino salió rumbo a una pista de karting junto a sus primos, llevaba apenas un día disfrutando de uno de los mayores logros de su vida. A los 25 años había conseguido abrir la barbería con la que soñaba desde hacía mucho tiempo, un proyecto que construyó después de años de trabajo y sacrificio. Un día después, ese sueño se convirtió en el último gran objetivo que alcanzó.

Adrián fue una de las tres víctimas fatales del siniestro ocurrido en el kilómetro 24,900 de la Ruta 6, en Canelones. El Suzuki Swift en el que viajaba fue impactado luego de que un Chevrolet Monza cruzara la ruta con el semáforo en rojo. Tras intentar evitar el choque, el vehículo atravesó el cantero central y terminó siendo embestido por un ómnibus.

Días después, un video de una cámara de seguridad permitió reconstruir toda la secuencia. La Justicia imputó al conductor del Monza, quien manejaba con 2,24 gramos de alcohol por litro de sangre y cumple arresto domiciliario mientras avanza la investigación.

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Para la familia, sin embargo, el recuerdo de Adrián está lejos de resumirse en ese video. Su hermana, Karina, prefiere hablar del joven que siempre estaba pensando en el próximo proyecto y que nunca se conformaba con haber alcanzado una meta. "Él tenía muchos, muchos sueños. Uno de ellos era tener su propia barbería. Y lo logró. Hacía 24 horas que lo había logrado", cuenta a El Observador.

Trabajó en la construcción, fue florista y nunca dejó de aprender un oficio

Abrir ese negocio fue el resultado de un largo recorrido. Adrián trabajó durante años en la construcción, oficio que aprendió gracias a su cuñado. Con esos conocimientos ayudó a levantar la barbería, hizo mejoras en su habitación y comenzó a construir un baño. Al mismo tiempo estudió para convertirse en peluquero y barbero, y ya tenía decidido continuar su formación con un curso de colorimetría.

Pero esa no era la única actividad que realizaba. También fue florista, descargó mercadería en el puerto y manejó autoelevadores. "No había oficio que él no pusiera ganas y empeño de aprender", resume su hermana.

Ese entusiasmo por aprender estaba acompañado por una determinación que, según quienes lo conocían, marcaba toda su personalidad. "Él no quería las cosas así nomás; luchaba y hasta que no tuviera las cosas como él quería, no paraba", recuerda.

Por eso, cuando ella le decía que quería convertirse en tía, Adrián respondía que todavía no era el momento. Primero quería terminar su casa y recién después formar una familia. Le gustaba hacer las cosas con calma y sentía que cada paso debía llegar en el momento adecuado.

La muerte de su padre y el rol que asumió dentro de la familia

La muerte de su padre, hace poco más de dos años, cambió por completo esa etapa de su vida. Aunque toda la familia sufrió esa pérdida, Adrián fue quien más sintió la ausencia. "Él no superaba la muerte de papá", dice su hermana. A partir de entonces asumió buena parte de las responsabilidades de la casa, donde vivía con su madre y sus hermanos, aunque también repartía su tiempo con su novia.

En esos años encontró otra figura paterna en Jorge, un compañero de trabajo al que admiraba profundamente y de quien solía decir que quería parecerse cuando fuera mayor.

Quienes compartían el día a día con él recuerdan que siempre encontraba tiempo para los demás. Si algún familiar necesitaba ir al médico, hacer un trámite o resolver un problema, Adrián dejaba de lado lo que estuviera haciendo para ayudar.

"Él dejaba de hacer sus cosas para ayudar a los demás, siempre", cuenta su hermana, que todavía recuerda cómo enseñó a caminar a uno de sus sobrinos y el cariño especial que tenía por los niños de la familia. Le fascinaban las niñas y esperaba con ansiedad el nacimiento de Catalina, la hija que su hermana llevaba en la panza cuando falleció su padre.

"No pudo ser papá como quería, como merecía"

Por eso, entre todos los sueños que quedaron inconclusos, hay uno que aparece inevitablemente en la conversación. "Él no pudo ser papá como él quería, como él merecía", dice.

Mientras la investigación judicial intenta establecer las responsabilidades por el choque, la familia intenta aferrarse a una imagen distinta a la de aquella noche. Prefiere recordar al joven que nunca dejó de trabajar, que aprendía un oficio nuevo cada vez que tenía la oportunidad y que encontraba satisfacción en construir su futuro con esfuerzo.

"Era un excelente hermano, un excelente hijo, la mejor pareja que podía tener, un buen sobrino; una persona excelente en todo sentido", resume su hermana.

La barbería que inauguró apenas un día antes de morir sigue siendo, para ellos, el símbolo de todo lo que había conseguido, pero también de todo lo que todavía le faltaba por vivir. "Tendría días y días para contar lo que era él", concluye Karina.

El abogado Rafael Silva y su equipo expertos en siniestros de tránsito asumieron este miércoles la defensa de la representante de esta familia.

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