2 de noviembre de 2026 5:00 hs

Desde que el 6 de mayo se decretó la ola de frío para todo el país, en el Batallón 4 del Ejército, ubicado en Maldonado, se prepara la cena para unas 150 personas en situación de calle que duermen en el refugio ubicado en la ruta 39. Efectivos del establecimiento militar se ocupan de la custodia perimetral de la cárcel de Las Rosas, otros ayudan a patrullajes fronterizos en departamentos vecinos, y es frecuente que participen de acciones vinculadas a problemas climáticos, como inundaciones o caídas de árboles luego de temporales o tormentas.

El Batallón, como se lo conoce en Maldonado, es una parte central de la vida departamental. Está ubicado sobre el kilómetro 114 de la ruta Interbalnearia, y en otros inviernos prestó sus instalaciones para recibir a personas que viven a la intemperie. Los municipios del departamento recurren a la colaboración de los militares para distintas tareas y por eso, en cada aniversario de su fundación, jerarcas de distintos partidos políticos, empresarios y representantes de la sociedad civil se trasladan hasta el lugar a celebrar.

Desfile militar por el 105 aniversario del Batallón 4.

Desfile militar por el 105 aniversario del Batallón 4.

Pero ese sitio, que hoy presta servicios tan necesarios para el departamento y sus pobladores, tiene un pasado funesto del que ahora poco se habla: en ese predio militar, durante los años de previos a la dictadura y en el gobierno militar murieron dos personas como consecuencia de las torturas recibidas, y en sus instalaciones fue visto por última vez el único detenido desaparecido en Maldonado.

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Muchos sostienen que es una historia vieja y conocida por todos; otros aseguran que a esta altura pocos recuerdan lo que sucedió o que sencillamente desconocen lo ocurrido. En Maldonado, el Batallón 4 es el escenario de los peores casos vinculados con violaciones de derechos humanos ocurridos a partir de 1972.

Los fantasmas que aún gritan

“La carretera nocturna siempre me supone un espacio de soledad reflexiva. En este caso significaba, además, pasar frente al Batallón de Ingenieros N°4, el centro de tortura, la fábrica de alucinaciones de cientos de detenidas y detenidos, la pista de baile de tormentos, de la muerte y del brumoso pantano de la locura en la que se habían hundido, entre otros, El Foca”, escribió Claudio Invernizzi, reconocido periodista, publicista y escritor, en su último libro Ya ni siquiera miraba las puertas, donde habla de la vida de su amigo Washington González.

Cuando era joven, Invernizzi estuvo detenido en el batallón, al que definió como: “Un lugar donde los fantasmas del pasado aún gritaban después de cincuenta años —incluido mi yo adolescente— y buscaban la salida por esa avisa calle doble que llega hasta la ruta interbalnearia, donde se levanta una estúpida garita de piedra”.

Invernizzi era un militante de la UJC de 18 años que fue detenido en 1975, por pintar en un muro de Piriápolis con la consigna “Abajo la dictadura”, junto a otros jóvenes. Estuvo cuatro meses en el Batallón 4, donde fue torturado por militares contra los que luego inició acciones, que en algunos casos terminaron en condena. Luego lo trasladaron a distintas dependencias del interior del país y fue liberado en 1978. En 1986, publicó el libro Relatos de la cárcel: esta empecinada flor, donde narró su experiencia en los centros de reclusión, incluido el pasaje por el Batallón de Laguna del Sauce.

En 2018 se colocó en el ingreso del Batallón una placa recordatoria de lo ocurrido en sus instalaciones en el pasado.

En 2018 se colocó en el ingreso del Batallón una placa recordatoria de lo ocurrido en sus instalaciones en el pasado.

Referencia de la comunidad

El martes 27 de octubre en la mañana, el intendente Miguel Abella, autoridades departamentales, militares, policiales y empresarios asistieron al Batallón de Ingenieros N°4, para participar del acto conmemorativo de los 105 años de la dependencia del Ejército.

El intendente valoró el aporte logístico del Batallón para actuar frente a situaciones de emergencia como puentes y caminos cortados, la participación de efectivos en la prevención y acciones para enfrentar incendios, y también la disponibilidad de camas cuando es necesario reforzar las medidas para personas en situación de calle.

En diálogo con El Observador, Abella recordó que el Batallón forma parte del Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed) y que “siempre está presente” en acciones de ayuda a la comunidad.

También se refirió al papel que cumple durante los meses de invierno, cuando se elaboran viandas para los usuarios de refugios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). “La aviación hace el almuerzo y el Batallón prepara la cena, con los alimentos que se reciben del Instituto Nacional de Alimentación”, añadió. Cada noche el Batallón entrega 150 platos en el Centro de atención que funciona como refugio en la ruta 39.

El teniente coronel Juan Sbarra es jefe del Batallón 4 desde abril de este año. “Después de un curso en Estados Unidos tomé el comando del batallón y desde entonces estamos aquí. Han sido pocos meses, pero de mucha actividad”, dijo a El Observador.

Sbarra mencionó que el Batallón 4 tiene “un sinfín de actividades”, que van desde los controles perimetrales la cárcel de Las Rosas, donde aporta 60 efectivos, a los controles fronterizos en Cerro Largo, Rocha y Treinta y Tres. Además, el Batallón trabaja en acciones concretas con la Intendencia de Maldonado, instituciones públicas y organizaciones civiles.

El intendente Miguel Abella, otras autoridades departamentales y empresariales concurrieron, como ocurre cada año, al acto por el aniversario del Batatllón de Laguna del Sauce.

El intendente Miguel Abella, otras autoridades departamentales y empresariales concurrieron, como ocurre cada año, al acto por el aniversario del Batatllón de Laguna del Sauce.

El batallón tiene 230 efectivos, que van rotando entre la custodia carcelaria y los controles fronterizos. Se estima que el 10% son mujeres. “Sobre todo están representadas en la parte profesional, médicas, odontólogas, pero también tenemos personal combatiente que es femenino”, agregó Sbarra.

Lo que ocurrió el martes 27 en el Batallón 4 no fue atípico. Es habitual que cada año se realicen celebraciones de estas características en el establecimiento militar que en un principio se llamó Coronel Ventura Alegre y hoy se denomina General Celestino Bové, en homenaje al integrante del cuerpo de Ingenieros del Ejército que fuese primer jefe del batallón.

La nueva denominación se realizó el 27 de octubre de 2021, en un acto por los 100 años del batallón, al que asistieron el entonces presidente Luis Lacalle Pou junto a su ministro de Defensa, Javier García. En esa oportunidad, García se refirió al trabajo social que lleva adelante la institución.

“Las unidades militares son parte de la referencia, de la ayuda, de la solidaridad con las comunidades locales. De la cultura de lugar. Aquí estuvimos viendo una expresión cultural muy interesante. Entonces, creo que esta conjunción, esta cercanía entre las Fuerzas Armadas y el pueblo donde desarrollan su actividad, es algo que pocas veces se destaca, pero estos eventos sirven para ello”, dijo el hoy senador.

Recordó que una noche de frío polar, cuando retornaba desde Lavalleja, paró en el Batallón y se encontró con “vecinos humildes de Maldonado” que habían concurrido a cenar y a dormir en sus instalaciones.

La capucha y el alambre de púas

Darío Pérez tenía 18 años, era oriundo de San Carlos y militaba en el Partido Nacional. En abril de 1975, fue detenido junto a un grupo de jóvenes de distintos partidos entregaba volantes contra la dictadura.

Pérez, médico de profesión, hoy tiene 69 años y es director de Adicciones de la Intendencia de Maldonado. Entre 1995 y 2020 fue diputado de Maldonado por el Frente Amplio y durante años una de sus figuras más notorias en el departamento. Luego abandonó la izquierda, retornó al Partido Nacional y hoy es parte del equipo de gobierno de Abella.

“Nosotros hacíamos tareas menores de militancia. Teníamos recién 18 años, Invernizzi era uno de los que estaba con nosotros, había gente de todos los partidos”, recordó en diálogo con El Observador.

El día que lo detuvieron, cuando lo registraron en la comisaría de San Carlos, le preguntaron qué hacía allí, porque lo conocían desde siempre. Cuando llegó al batallón, le colocaron el cartel con número 105 en el brazo izquierdo. Dice que llegó a contabilizar 182 personas en las mismas condiciones.

Los seis meses que pasó en Laguna del Sauce estuvo en barracones, sentado al lado de otros presos, con una capucha hecha con el pantalón de un uniforme militar. Cuando llegaba el momento de comer, los hacían ponerse de frente a la pared, correr el colchón y les permitían descubrirse la boca. Algunas veces los cambiaban del lugar e iban a dormir a carpas militares con piso de madera instaladas sobre el pasto.

Portón de ingreso al Batallón 4.

Portón de ingreso al Batallón 4.

Su familia sabía que estaba en el batallón porque todas las semanas le permitían ingresar una bolsa de ropa, aunque no podían verse. Medio años después, como ocurría con otros presos a los que ubicaban en otros lugares del interior, lo trasladaron a Melo. Recuerda que, al subir al camión esposados con alambres de púas, un militar que le recordó a Manuel Oribe por el tipo de bigote, le dijo que apenas salieran del batallón se podían liberar las manos.

El médico del batallón

El testimonio judicial que prestó Pérez, al igual que otros detenidos, permitió en agosto del año pasado la condena del médico militar José Luis Braga, por una causa vinculada a torturas en el Batallón entre 1972 y 1976. El exdiputado contó que Braga los revisaba antes y después de salir del batallón, para ver cómo se encontraban.

La jueza Sylvana García condenó a Braga a 12 años de prisión “como autor penalmente responsable de reiterados delitos de abuso de autoridad contra los detenidos y estos en concurso formal con reiterados delitos de lesiones graves y los anteriores en concurrencia fuera de la reiteración con reiterados delitos de privación de libertad a cumplir la pena de doce años de penitenciaría con descuento de las cautelares sufridas”.

El médico se encuentra en prisión domiciliaria por razones de salud. En la causa, varios de los detenidos declararon que Braga controlaba el estado de salud en el que se encontraban mientras se los torturaba. Este año, un Tribunal de Apelaciones mantuvo la condena, pero redujo la pena a nueve años.

La causa contra Braga había sido presentada por la abogada María del Carmen Salazar y la investigación la llevó adelante el fiscal de lesa humanidad, Ricardo Perciballe, en un largo proceso que incluyó años de archivos y dilaciones.

Durante las sesiones de tortura —que incluían golpizas, patadas, submarinos, picanas y colgamientos, entre otros apremios—, “los interrogadores se encontraban acompañados por el Dr. José Luis Braga quien los asesoraba para que estos continuaron o no con la tortura. Ello dependía del riesgo de vida que corría la víctima”, de acuerdo al fallo judicial.

Luego de la dictadura, Braga trabajó en la Intendencia de Maldonado, en el departamento que expedía las libretas de conducir. Algunos de los detenidos lo reconocieron cuando fueron a hacerse el examen médico para obtener el permiso.

Un lugar muy duro

Además de Braga, la Justicia dispuso otras condenas por casos vinculados a violaciones de los derechos humanos ocurridas en el establecimiento militar de Laguna del Sauce.

“El Batallón de Ingenieros N° 4 fue un lugar muy duro. Ahí mataron a Francisco Chocho en el 72 por torturas, un simpatizante del Partido Nacional. Después hicieron desaparecer el edil horacio Gelós Bonilla y a un simpatizante del MLN (Mondello). Además de decenas y decenas de personas que fueron privadas ilegitimas de la libertad por el solo hecho de resistir a la dictadura. Ingenieros 4 fue un lugar muy duro para las víctimas”, dijo el fiscal de lesa humanidad Ricardo Perciballe en entrevista con FM Gente en agosto del año pasado.

Francisco Chocho, un miitante del Partido Nacional, fue asesinado en 1972 en el  Batallón 4.

Francisco Chocho, un miitante del Partido Nacional, fue asesinado en 1972 en el Batallón 4.

En marzo de 2025, la jueza Isaura Tórtora condenó a Dardo Barrios por la muerte de Eduardo Mondello, un fotógrafo de Piriápolis que integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), ocurrida en marzo de 1976 luego de ser sometido a torturas durante varios días, de acuerdo al testimonio de testigos.

“El padre, José Mondello, recibió su cuerpo, que según la autopsia realizada por el doctor Moisés Salgado contra la voluntad de un teniente y seis soldados armados hasta los dientes, tenía doscientas erosiones y equimosis, heridas superficiales en el rostro, tronco y extremidades, y un gran hematoma en el pectoral derecho”, escribió Invernizzi en su último libro.

En marzo de este año, al cumplirse 50 años de su asesinato, en Piriápolis se realizó un homenaje, al que asistieron el intendente Abella, el alcalde Renée Graña y los diputados frenteamplistas Joaquín Garlo y Marita Araújo.

El intendente Miguel Abella, autoridades del gobierno departamental y los diputados frenteamplistas Joaquín Garlo y Marita Araújo asistieron al acto en homenaje a Eduardo Mondello que se realizó en Piriapolis.

El intendente Miguel Abella, autoridades del gobierno departamental y los diputados frenteamplistas Joaquín Garlo y Marita Araújo asistieron al acto en homenaje a Eduardo Mondello que se realizó en Piriapolis.

A fines del año pasado, cuando se encontraba preso en la cárcel de Domingo Arena, Barrios fue condenado por otra causa vinculada a derechos humanos en el Batallón N° 4: la muerte del militante comunista Horacio Gelós Bonilla, que fue visto por última vez en ese establecimiento militar. Gelós Bonilla es el único desaparecido de la dictadura en Maldonado.

La jueza Tortora recogió testimonios de distintos testigos que señalan que Gelós Bonilla fue visto por última vez con vida en el batallón el 6 de enero de 1976. Sus restos aún no fueron hallados.

En los dos casos, explicó Salazar a El Observador, se condenó solo a Barrios porque los máximos responsables del batallón ya habían fallecido.

Además de Braga y Barrios, hay un tercer militar condenado por su actuación en el Batallón 4: Eduardo Giordano, a quien la Justicia halló responsable de la muerte del militante blanco Francisco Chocho, ocurrida en el centro de detención en 1972, antes del inicio de la dictadura.

“Tras ser golpeado y sometido a la técnica de tortura conocida como ‘submarino’, se llevó a la muerte de Francisco Chocho. Así lo testificó el médico de la unidad militar, Julio César D'Albora. Otro testimonio de lo ocurrido da cuenta de haber oído de Giordano un cortante: ‘Se me fue la mano’”, consignó el portal Punta News.

Memoria de los caídos

Son las 10 de la mañana del 27 de octubre y la entrada al Batallón N° 4 está abierta a invitados y medios de comunicación que concurren al acto por el aniversario.

Sobre la ruta interbalnearia, colocado en una piedra, un cartel metálico con el logo del Ministerio de Educación y Cultura dice: “El Batallón de Ingenieros N°4 fue centro de detención, tortura y desaparición forzada entre 1972 y 1985. Homenaje a aquellos que aquí defendieron la libertad. Nunca más terrorismo de Estado. 30 de noviembre de 2018”.

Después de atravesar el portón principal, se ingresa al enorme predio por un camino central llamado Avenida 20 de diciembre, porque ese día de 1915 se fundó el Arma de Ingenieros, a la que corresponde el Batallón. También hay un cartel que identifica el espacio San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, considerado el patrono de los Ingenieros.

Entre las enormes extensiones de pasto, algunas palmeras y especies nativas, se encuentran los impolutos barracones ladrillos, donde hace más de 40 años estaban recluidos los detenidos.

El acto de aniversario se realiza todos los años en la Plaza de Armas del batallón, que lleva por nombre Gral. Roperto P. Riverós (1874-1942), fundador del Arma de Ingenieros. A pocos metros, entre palmeras, se encuentra el “Parque de recogimiento”, un sitio “en memoria de los caídos en cumplimiento del deber militar en todas las épocas, circunstancias y lugares”.

Cartel recordatorio a militares caídos en distintas actividades ubicado en el Batallón 4.

Cartel recordatorio a militares caídos en distintas actividades ubicado en el Batallón 4.

En el acto hubo desfile de efectivos al ritmo de bandas militares, reconocimientos y palabras alusivas a la fecha. Los soldados circularon frente al palco principal donde estaban las autoridades. Luego de finalizada la actividad, de los invitados ingresaron en uno de los edificios, donde mozos pasaban con bandejas de sándwiches y refrescos.

En la charla telefónica con El Observador, Darío Pérez recordó que, la primera vez que estuvo en el Batallón, el militar que estaba al frente tenía 42 años de edad, los mismos que habían pasado desde que él estuvo preso en ese lugar.

“Yo volví varias veces al batallón. No se le pasa factura a esa gente, yo valoro mucho lo que hacen las Fuerzas Armadas. Tuve muchos compañeros que eran enfermeros o mecánicos militares. Las Fuerzas Armadas hacen una labor extraordinaria”, valoró Pérez.

Los soldados del Batallón 4 que hoy cocinan para la gente que se encuentra en situación de calle, que custodian cárceles, limpian terrenos, ayudan a inundados y cumplen tareas de apoyo a otras instituciones, nacieron bastante después de la dictadura que finalizó hace 41 años.

La búsqueda de restos

Lo que ocurrió en el Batallón 4 en la década del 70 motivó distintas investigaciones desde el retorno democrático. En Maldonado, apenas cayó la dictadura, se conformó un grupo de trabajo que tenía figuras de distintos partidos, entre los que se encontraban el exdiputado colorado Alejo Fernández Cháves y el pintor Manolo Lima, vinculado a la izquierda, entre otros.

Comenzaron a indagar sobre lo sucedido en el establecimiento militar, empezaron a aparecer denuncias y nombres que se repetían; tomaron declaraciones a todos los que habían estado detenidos en el batallón. Sin embargo, con la aprobación de la Ley de Caducidad el asunto no avanzó mucho más, recordó Salazar.

Los documentos originales de esa comisión se perdieron, pero se conservan copias en distintos sitios, como por ejemplo en el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj). La información contenida en ellos fue clave para avanzar en las causas de derechos humanos que llegaron a una dilucidación.

En marzo de 2009, se habilitó el ingreso al Batallón 4 para constatar si se habían realizado enterramientos, a partir de una denuncia de un cabo que había recibido Salazar. Concurrieron integrantes del equipo de antropólogos encabezados por José López Mazz junto a representantes del Ministerio de Defensa, Salazar y el denunciante.

Se dispuso una medida cautelar sobre el predio y se comenzó a excavar donde el hombre dijo que se habían producido los enterramientos. Después de un tiempo trabajando, no encontraron nada, a pesar de milimétricas excavaciones realizadas en una zona de 50 metros cuadrados al fondo del Batallón que había marcado el testigo.

Salazar sostiene que la persona que indicó el lugar tenía un “miedo terrorífico” y que, justamente por ese temor, identificó una zona distinta a la que en realidad se podrían haber producido los enterramientos.

“Estoy segura de que él marcó ahí porque fue presionado. Hubo otro cabo que salió de testigo en las causas, al que se le apareció el que había sido su comandante en el batallón hacía 20 años antes. Fue a la casa y le dijo ‘¿cómo estás? Me dijeron que mañana…’ Él se mantuvo firme y fue a declarar. Fue testigo de la muerte de Chocho”, explicó Salazar.

Horacio Gelós Bonilla, el único detenido desaparecido durante la dictadura en Maldonado, fue visto con vida por últlima vez en el Batallón 4.

Horacio Gelós Bonilla, el único detenido desaparecido durante la dictadura en Maldonado, fue visto con vida por últlima vez en el Batallón 4.

Memoria departamental borrada

El 29 de junio de este año, el Paseo San Fernando, ubicado frente a la plaza del Centro de Maldonado, pasó a ser considerado “Sitio de la memoria”.

En un trabajo conjunto entre la Intendencia y organizaciones sociales del departamento, se señalizó el lugar en el que, durante la dictadura, funcionó un cuartel militar, que fue sede regional del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA).

El cuartel funcionó hasta 1985 y en sus instalaciones estuvo detenido el líder histórico del Frente Amplio, Líber Seregni. A la salida de la dictadura pasó primero al Banco Hipotecario y durante la gestión del exintendente Domingo Burgueño a manos del gobierno departamental.

Hoy el Paseo San Fernando es la sede de distintas escuelas departamentales y funciona como centro cultural. El día en que se lo identificó como “sitio de memoria”, el escribano José Luis Rapetti, perteneciente al Partido Nacional, se refirió a la “obligación moral” de recordar lo que había sucedido en el lugar.

En la dictadura y años previos, Rapetti había concurrido en varias ocasiones al cuartel a constatar el estado de personas que habían sido detenidas.

En la actividad, también expuso Raquel Hernández, integrante del Colectivo 20 de mayo. En diálogo con El Observador, Hernández -que integró el Partido Comunista y durante la dictadura se exilió en México- sostuvo que en Maldonado “se ha borrado paulatinamente la memoria colectiva”.

Hernández consideró que desde el retorno democrático ha habido “una política muy paulatina” de “lavado del Batallón y de los ejércitos”, destacando su contribución a la “pública felicidad”.

Para la activista, además, se prioriza la imagen positiva de Maldonado como lugar de esparcimiento y se desconoce lo que ocurrió en la década del 70, no solo en el Batallón sino en otros puntos del departamento.

“El negacionismo se conforma por dos partes. La primera parte es lo sistematizado en un plan Cóndor, que borra la historia. Pero también tiene aquello de que no me molestes en un lugar maravilloso como este con historias terroríficas”, indicó.

Hernández sostuvo que, a diferencia de lo que ocurre en Argentina, en Uruguay son los representantes de la sociedad civil los principales impulsores en que se mantenga viva la memoria de estos temas. En ese sentido, lamentó que no se otorguen fondos presupuestales para la Institución Nacional de Derechos Humanos.

El Colectivo 20 de mayo y otros grupos sociales trabajan en identificación de distintos puntos históricos para armar un circuito de la memoria, aunque Hernández reconoce dificultades para avanzar en ese sentido, no solo a nivel presupuestal. “No logramos que la gente del Batallón se hiciese presente en la señalización del cuartel de Maldonado. Ahí también tenés esa contradicción en pequeños gestos”, puntualizó.

Mientras tanto, la vida transcurre con la calma habitual en el Batallón 4. Hoy, como ocurre todos los días, en esos barracones de ladrillo que conservan parte de la peor historia del departamento, jóvenes soldados cocinarán para 150 personas en situación de calle. Son los mismos efectivos que después saldrán a levantar árboles, evacuar personas o abrir caminos, si se concretan las anunciadas inclemencias climáticas que provocará el fenómeno del Niño.

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