27 de octubre de 2026 5:00 hs

No solo en las casas de apuestas brasileñas pagaba de forma excepcional un triunfo de Lula Da Silva el domingo. La posibilidad de reelección también estuvo a la baja durante la semana previa en el seno del gobierno de Yamandú Orsi, en el estado de ánimo de los dirigentes frenteamplistas que irían al búnker en San Pablo y hasta estaba en suspenso el homenaje multitudinario proyectado por el Frente Amplio para el 3 de diciembre en el Parque de los Aliados.

Por su condición de creyente, Fernando Pereira aseguró que viajaba convencido de que habría festejos. Más allá de los mensajes de apoyo de figuras como el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, el gobierno tenía preparada la respuesta para cualquiera de los dos escenarios: Uruguay procurará las mejores relaciones con el vecino país, sea quien sea su presidente. Al saberse los resultados, Orsi añadió una mención para referirse a Lula: “Un amigo”.

Ahora el homenaje en Montevideo se mantiene firme y Lucía Topolansky dijo a El Observador que, de asistir Lula al acto, será ella quien le entregue el “Premio Pepe Mujica”.

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Antes de aventurar un “punto de inflexión”, la exvicepresidenta agregó al análisis los resultados que haya este martes en las elecciones en Israel, en las mid-term de Estados Unidos en noviembre y en los comicios de España a fin de mes. Y ponderó a todos los presidentes de la región que, salvo el argentino Javier Milei, saludaron a Lula por el triunfo. “Si no miramos esas cosas en la vida, no entendemos la política. Por eso no meto en la misma bolsa a dos tipos que pueden tener coincidencias en un punto, pero que son diferentes”.

Álvaro Padrón, asesor presidencial en asuntos de integración regional y secretario ejecutivo del Cefir, sostuvo que en el marco de estas cuatro grandes elecciones que tendrán lugar antes de fin de año, “la más difícil de ganar era esta”.

“Una cosa era decir que nos vamos a llevar bien con cualquier gobierno que gane y otra cosa decir que daba lo mismo. Nos tenemos que llevar bien con cualquier gobierno y la prueba está en lo que pasa con Milei, pero no era neutro lo que ocurriera en Brasil”, expuso este analista de estrecha confianza de la Torre Ejecutiva y uno de los uruguayos más cercanos al círculo de Lula. “Con Brasil adhiriendo de manera absoluta al gobierno de (Donald) Trump, ya no teníamos forma de hacer que la región se manejara como hasta ahora, con un equilibrio global en medio de una polarización entre China y Estados Unidos”, dijo a El Observador.

Según Padrón, el triunfo de Lula “evita caer en la trampa de la opción de hierro que propone Trump, de decir ‘estás conmigo o estás contra mí”. El dirigente es un convencido de que el Frente no puede llevar agua para su molino con este resultado. “Si vamos a fondo, ganó buena parte de la política uruguaya y por tanto lo que podemos seguir haciendo es intentar que el mundo no sea simplemente una disputa entre dos elefantes y que podamos construir poderes intermedios”, afirmó con referencias a Luis Alberto de Herrera y José Batlle y Ordóñez, bregando por una continuidad en la estrategia de que Uruguay coordine espacios como la Celac y el G77.

Lula y Mujica

El domingo por la noche llovieron en las redes del oficialismo las imágenes de Lula y Mujica juntos.

Padrón, quien trabajó muy cerca del expresidente en sus últimos proyectos de integración regional, ratificó con el triunfo del domingo que “Lula es lo más parecido a Mujica” que haya visto. “Son personajes con capacidad de seducir a su base política y a su vez de hacer cosas que sean más amplias, (...) porque son muy pragmáticos y capaces de entender cómo ser mayoría en una sociedad. En el caso de Lula, no tengo duda que ese es el oficio de sindicalista; los que venimos del mundo sindical tenemos una cuestión básica: nunca nos vamos a dar contra la pared, porque sabemos que en un conflicto hay que terminar negociando”.

En base a esa lectura y al recuerdo de Mujica de “tragarse sapos y culebras” en aras de acceder al poder, Padrón le bajó el perfil al corrimiento a la derecha –como nunca desde el retorno a la democracia– del Congreso brasileño. “Lula tiene totalmente asumida esa forma de hacer política y le permite hacer cosas que casi nadie puede hacer. Por ejemplo, aparecer como un líder que confronta con la ultraderecha, ser extremadamente radical en apariencia pero sin embargo con esta capacidad de construir alianzas y gobernar. El PT nunca tuvo más de un tercio en el Congreso, él ya sabe hacer eso porque es un gran articulador”, señaló y puso el ejemplo de su alianza con el centroderechista Geraldo Alckmin, quien volverá a ser su vicepresidente.

Padrón agregó que “a ningún otro líder de izquierda” –salvo a Mujica– “le perdonarían” una declaración tal como la que se le filtró en junio durante una charla informal con la jefa del FMI y el primer ministro alemán: “El mundo no es de izquierdas, es del camino del medio”, les dijo Lula. “Nunca fui un izquierdista, fui un líder sindical”.

Para Padrón este es el ejemplo de por qué Mujica y Lula “eran tan amigos y se retroalimentaban tanto como figuras de izquierda poco comunes, con esa capacidad de hablar con lo diverso, crear alianzas y tragarse sapos”. “Mirá qué sapo se tuvo que haber tragado Lula para tener la alianza con Alckmin”.

Consultado sobre las críticas de la oposición respecto a que Uruguay haga “seguidismo” de Lula y no mantuviera equidistancia entre sus candidatos, Padrón insistió en que la apertura del actual gobierno brasileño al mundo es una “convicción de la inmensa mayoría de los partidos” en el país respecto a no alinearse. Y añadió que “no hay ningún gobierno que sea más duro con el gobierno del PT y de Lula que un gobierno del Frente Amplio, porque es el único que puede ser así de duro, por la confianza”.

El rol del Mercosur

Tras la sorpresa de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta, los pronunciamientos del Frente Amplio apuntaron al efecto que un gobierno suyo tendría sobre el Mercosur. Alejandro Sánchez declaró semanas atrás a Búsqueda que había “discursos preocupantes” en esa línea y el canciller Mario Lubetkin puso en duda en entrevista con Folha de Sao Paulo que una ruptura con el Mercosur le conviniera al propio Brasil.

Bolsonaro nunca llegó a plantear su renuncia al bloque pero sí llamó, en línea con Milei, a liberalizarlo y a poder avanzar de forma unilateral con Estados Unidos.

Los presidentes Javier Milei, Santiago Peña, Lula da Silva y Yamandú Orsi en la Cumbre del Mercosur en Brasil

Los presidentes Javier Milei, Santiago Peña, Lula da Silva y Yamandú Orsi en la Cumbre del Mercosur en Brasil

De hecho, Uruguay tuvo en este sentido mayor sintonía con Argentina que con Brasil en temas puntuales como la eventual adhesión al Acuerdo Transpacífico, un ítem del debate sobre el que ha insistido por ejemplo el doctor en Relaciones Internacionales, Ignacio Bartesaghi. Consultado al respecto, Padrón indicó que “una cosa es que estemos discutiendo cómo el Mercosur habilita flexibilidades que atiendan las asimetrías y otra cosa es cómo lo destruís”.

“La hipótesis de no estar en el Mercosur la tenía Milei y se la tuvo que guardar en el bolsillo el día de la cumbre en Montevideo, porque justo veníamos a firmar el acuerdo con la Unión Europea. Si no, ese día se iba del Mercosur”, planteó Padrón.

Para él, la consigna del bolsonarismo de la “bala, el buey y la Biblia” hubiera supuesto volverse “mucho más competitivo que complementario”, porque profundizaría a su entender el “problema” de que “en el barrio todos vendemos lo mismo y compitiendo por los mismos mercados”.

Según Padrón, ese modelo de Bolsonaro también significaba “cuestionar” el “triángulo” entre Itamaraty, las Fuerzas Armadas y la industria paulista, una “vieja estructura” de la que Lula “es muy parte más por sindicalista que por política” con una “idea del nacionalismo brasilero y desarrollista”.

“Entonces, el que dice que este es un gobierno de izquierda clásico no entiende nada. El que dice que Lula hizo una revolución no entiende nada. Lula repartió mejor pero sobre todo también garantizó que a los ricos les fuera mejor. En todos los gobiernos del PT, a los ricos y a las empresas les ha ido bien”.

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