17 de abril de 2026 5:00 hs

La violencia en las calles de Montevideo sigue siendo un tema que preocupa a las autoridades y a la sociedad en su conjunto, pero dos episodios recientes de extrema violencia en el tránsito encendieron las alarmas. En ambos casos los protagonistas fueron repartidores, uno como víctima y otro como agresor, dejando como saldo un hombre fallecido y otro gravemente herido. El hecho con consecuencias fatales ocurrido el lunes en el Centro de Montevideo recuerda a un episodio similar ocurrido el 1° de abril en el Cerrito de la Victoria, un caso grave que por distintos motivos no tuvo la misma trascendencia mediática.

El 13 de abril, un conductor de 30 años atacó con un arma blanca a un repartidor de 62 años que trabajaba para PedidosYa, tras una discusión en el tránsito en la intersección de Colonia y Cuareim. Según la investigación, el agresor se bajó del vehículo, propinó una patada a la víctima y luego lo apuñaló, causándole una herida mortal. La víctima falleció a causa de una falla cardíaca provocada por la agresión.

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Captura del video sobre delivery asesinado
Captura del video sobre delivery asesinado

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Tras el ataque, el agresor se dio a la fuga junto a su pareja y, más tarde, se presentó en una seccional policial, donde intentó denunciar haber sido víctima de una agresión, en lo que la Fiscalía interpretó como un intento de construir un "relato exculpatorio". La investigación se apoyó en grabaciones de videovigilancia y el testimonio de testigos, lo que permitió reconstruir los hechos.

La Fiscalía imputó al conductor por homicidio a título de dolo eventual y dispuso su prisión preventiva por 100 días al considerar que, aunque no buscó directamente la muerte de la víctima, debió prever las consecuencias de su acción. La defensa solicitó prisión domiciliaria, pero el juez determinó que no era suficiente para mitigar el riesgo de fuga ni la gravedad del delito.

Pocos días antes, el 1° de abril, otro repartidor fue protagonista de un violento episodio en el barrio Cerrito de la Victoria. Tras una discusión en la avenida General Flores, un repartidor de comida apuñaló y baleó a un conductor de 63 años en la intersección de Camino Corrales y Luis Galvani. La víctima sufrió una herida en el abdomen y quedó en estado grave. El agresor intentó escapar, pero fue detenido a pocas cuadras del lugar, y se le incautó el arma de fuego utilizada en el ataque.

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Fuentes del Ministerio del Interior consultadas el miércoles por El Observador aseguraron que la víctima fue dada de alta tras recibir atención médica. Autoridades de la Fiscalía de Flagrancia y Turno de 4º Turno, en tanto, dijeron que el agresor fue condenado como autor penalmente responsable de un delito de lesiones personales agravadas, un delito de porte de arma de fuego en lugares públicos y un delito de porte de arma de fuego por reincidente, todos en reiteración real. La pena impuesta fue de seis meses de prisión.

El caso no tuvo relevancia mediática ni estuvo en boca de todos como el homicidio en el Centro. Este jueves un tercer episodio de estas características se viralizó en redes sociales, aunque en este caso no pasó de una discusión y algunos golpes de puño, sin consecuencias graves. Sin embargo, los denominadores comunes volvieron a ser un repartidor de comida, un conductor y las calles de Montevideo.

Pelea de repartidor

El caso grave que no trascendió

Los incidentes, ocurridos con pocos días de diferencia, ponen de manifiesto la creciente violencia en los conflictos cotidianos del tránsito en Montevideo, con consecuencias que van desde lesiones graves hasta muertes. En entrevista con El Observador, el antropólogo y profesor de la Universidad de la República, Nicolás Guigou, analizó la creciente agresividad en las interacciones cotidianas en Montevideo y el caso del Cerrito de la Victoria.

Según el especialista, la violencia no solo se está intensificando, sino que también está siendo naturalizada en situaciones tan comunes como las discusiones entre conductores y repartidores. Guigou destacó que los deliverys, en su mayoría cubanos y venezolanos, son una población extremadamente vulnerable. Son personas que viven en una precariedad laboral absoluta, con un nivel de estrés altísimo, y esto, sumado a las condiciones de trabajo precarias, genera situaciones de violencia que son mucho más frecuentes de lo que se percibe, explicó. El antropólogo comparó esta situación con fenómenos similares a nivel global, donde los trabajadores de delivery viven al límite, a menudo enfrentándose a la muerte por accidentes de tránsito o agresiones.

También señaló que es una vida muy fragilizada, lo que se traduce en una conducta más adrenalínica. Muchas veces manejan de manera imprudente, lo que pone en riesgo tanto a ellos como a los demás. Afirmó que este tipo de comportamientos generan una sensación de inseguridad en la sociedad, que se ve reflejada en la escalada de violencia en las interacciones cotidianas.

En cuanto a los recientes casos de violencia, Guigou observó que existe una tendencia a subestimar la gravedad de los mismos debido a la naturalización de la violencia en ciertos sectores. “El caso de Cerrito de la Victoria, por ejemplo, no tuvo la trascendencia mediática que debería haber tenido. Hay una especie de negación colectiva, un no querer aceptar que estas situaciones, aunque sean cada vez más frecuentes, ocurren en nuestra sociedad”, comentó.

Además, apuntó que en barrios como ese puede haber "una figura media compleja en todo lo que tiene que ver con el delivery y además la zona es como que está acostumbrada a naturalizar eso. Ahí ya las cuestiones se solucionan de otra manera y eso también está totalmente naturalizado, claramente. Por eso no debe haber ganado en relevancia tampoco la ciudadanía. Capaz que fue un asesinato más en el Cerrito de la Victoria que no se viralizó en redes sociales".

El académico también apuntó a que la falta de contacto social directo, acentuada durante la pandemia y la mayor virtualización de las interacciones, está afectando la manera en que los individuos se relacionan en la vida real. “Estamos perdiendo formas de sociabilidad más reguladas. Con la virtualización, las interacciones se vuelven más superficiales, lo que nos lleva a una desconexión emocional con el otro, y esto se refleja en una violencia desmedida en interacciones cotidianas”, señaló.

El deterioro de la salud mental y el fracaso de la sociedad

Por último, Guigou destacó la relación entre la violencia y el deterioro de la salud mental en Uruguay. “Estamos viviendo en un país con una alta tasa de suicidios, lo que refleja un deterioro social y psicológico generalizado. Además, la precariedad laboral, el alto nivel de acoso y el desarraigo de la población contribuyen a que estos episodios de violencia sean cada vez más frecuentes”.

El antropólogo concluyó que la sociedad uruguaya está atravesando un proceso de desestructuración, donde las interacciones cotidianas se han vuelto más tensas, violentas y complejas. “Es un país que ha fracasado en varios niveles: en la convivencia social, en la seguridad, en el sistema penitenciario, en la salud mental. Y todo esto tiene un impacto directo en las relaciones cotidianas”.

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