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¿Fascismo, populismo, mano dura? Qué se puede esperar del gobierno de Bolsonaro

El ultraderechista Jair Bolsonaro venció a Fernando Haddad y fue electo presidente de Brasil con el 55,18% de los votos

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29 de octubre de 2018 a las 05:03

El ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, se impuso este domingo con el 55,13% de los votos frente al candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, y el próximo 1° de enero asumirá como presidente de Brasil, un resultado que las encuestas ya daban por descontado y que lleva al gigante sudamericano a un viraje en las políticas de ese gobierno, tanto en el plano económico como el social y acarrea una serie de preguntas sobre lo que se puede esperar de su mandato.

¿El gobierno de Bolsonaro será fascista, como algunos analistas y opositores lo han tildado? ¿Será populista? ¿Aplicará mano dura contra la corrupción, pero también contra la delincuencia común? En su discurso posterior a conocerse su triunfo fue claro: “Vamos juntos a cambiar el destino de Brasil, sabíamos para dónde estábamos yendo, ahora sabemos para dónde queremos ir, mi querido pueblo brasileño, muchas gracias por la confianza”.

Bolsonaro, un nostálgico de la dictadura militar (1964-1985), dijo que Brasil no podía “seguir flirteando con el comunismo, socialismo, populismo y con el extremismo de la izquierda” y que hará un gobierno para colocar a la mayor economía de Sudamérica “en un lugar de destaque”.

Miembro del ejército y varias veces sancionado por insubordinación e incluso acusado de haber planificado actos violentos, terminó su carrera como capitán de la reserva y se convirtió en diputado por el Partido Progresista. Ocupa un escaño federal desde hace 28 años y pasó por ocho partidos diferentes, pero ha conseguido mostrarse ante la opinión pública como el único candidato capaz de “romper el sistema”.

A lo largo de su trayectoria acumuló decenas de comentarios racistas, machistas y homófobos. Apenas concluida la primera vuelta prometió acabar “con todo tipo de activismo” y el pasado 21 de octubre dijo en un mensaje dirigido a una manifestación en San Pablo que los miembros de partidos de izquierda, sindicatos y movimientos sociales tendrán que elegir entre el exilio o la cárcel, además de advertir que pretendía imputar de “terrorismo” las ocupaciones de fincas que practican campesinos sin tierra.

En entrevistas declaró que prefería tener un hijo muerto a uno gay, además de que sus hijos nunca tendrían una novia negra porque fueron bien educados. Y cuando votó a favor del juicio político a la entonces presidenta Dilma Rousseff (2011-2016) dedicó su voto a Carlos Alberto Brilhante Ustra, el coronel que dirigía en la dictadura el centro de torturas donde ella fue sometida a vejaciones.

Bolsonaro está en el Congreso desde hace 28 años

En su discurso de victoria, Bolsonaro se comprometió a respetar la Constitución, aseguró tener condiciones de gobernabilidad y garantizó que “todos los compromisos asumidos serán cumplidos”. Pero, ¿cuáles fueron esos compromisos asumidos durante la campaña? Su programa está nutrido de propuestas para otorgar beneficios a las Fuerzas Armadas, facilitar el porte de armas o endurecer las penas de los delitos, excepto cuando sean cometidos por agentes de seguridad o para defender el patrimonio privado. También prometió colocar a altos mandos militares en varios ministerios.

A pesar de que en un principio despertaba recelos en el mercado financiero, la élite económica acabó abrazando su candidatura y la Bolsa de San Pablo subió con fuerza cada vez que una encuesta lo situó como claro favorito. Para los analistas políticos, Bolsonaro supo canalizar el cansancio de los brasileños con la dirigencia política tradicional, y sus dardos se dirigen especialmente al PT del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, especialmente cuando la popularidad de ese partido hacía agua por numerosos escándalos de corrupción. 

El aborto

Con respecto al aborto, el candidato de ultraderecha ha dejado su posición en claro: “Las propuestas para liberar el aborto en Brasil tendrán mi veto y el dinero de los brasileños no financiará a las ONG que promuevan esta práctica”, escribió en su cuenta de Twitter el pasado 12 de octubre.

De todos los candidatos que compitieron en las elecciones presidenciales de Brasil, sólo Bolsonaro se opuso abiertamente al aborto.

A favor de las armas

La inseguridad es un grave problema en Brasil, sobre todo en las grandes urbes. Por esto, Bolsonaro está de acuerdo en flexibilizar el uso de armas para terminar con los hechos delictivos. “Las armas son instrumentos, objetos inertes, que pueden usarse para matar o para salvar vidas. Eso depende de quién las maneje”, ha dicho Bolsonaro en varios de sus discursos. En esta misma línea, otra de las medidas que tomará será bajar la edad de imputabilidad penal a 16 años.

Además, Bolsonaro prometió que en el ejercicio de su actividad, los policías “tendrán protección jurídica, garantizada por el Estado, a través de una exclusión de punibilidad”, lo que abre la puerta al gatillo fácil.

Acabar con el sistema corrupto

“Más que hacer, vamos a deshacer el sistema fallido y corrupto que el PT construyó”, prometió el presidenciable al hablar de sus propuestas para una profunda reforma de la administración. Bolsonaro aseguró que disminuirá los gastos “reduciendo el número de empresas estatales y ministerios” y nombrará como altos cargos a técnicos y funcionarios capacitados.

“Más que hacer, vamos a deshacer el sistema fallido y corrupto que el PT construyó”,

También descentralizará recursos para que municipios y estados tengan más autonomía financiera y combatan el “fraude” en los programas sociales, porque de esta manera “sobra dinero para garantizar más renta a los más necesitados”.

La economía

En sus 28 años como diputado defendió la participación del Estado en la economía, pero al transformarse en candidato presidencial dio un giro hacia una visión más liberal gracias al asesoramiento de su futuro ministro de Economía, Paulo Guedes, egresado de la Escuela de Chicago y ferviente defensor del libre mercado y la reducción del Estado a su mínima expresión. Ahora, Bolsonaro defiende la reducción drástica del aparato público y confía en que desburocratizar y desregular la actividad económica será clave para el crecimiento y la creación de empleo.

Un gobierno machista

En 2003, Bolsonaro le dijo a la diputada del PT Maria do Rosário, que lo acusaba de incentivar las violaciones, que ella “no merecía ser violada”. Más tarde dijo al diario Zero Hora: “No merecía ser violada porque es muy mala, muy fea”. Cientos de miles de mujeres se manifestaron antes de la primera vuelta para gritar “Él no”, pero eso no frenó su ascenso.

Por otro lado, el pensamiento del nuevo presidente de Brasil sobre los derechos labores de las mujeres siempre estuvo en tela de juicio. En una entrevista el diario Zero Hora en 2014 dijo: “Me da pena el empresario en Brasil, porque es una desgracia ser patrón en nuestro país, con tantos derechos laborales. Entre un hombre y una mujer, ¿en qué piensa el empresario? ‘Pucha, esta mujer tiene una alianza en el dedo, dentro de poco se queda embarazada, seis meses de licencia de maternidad’. ¿Quién va a pagar la cuenta? El empleador. Al final, lo descuenta del seguro social, pero se rompió el ritmo de trabajo”. 

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