3 de marzo 2015 - 17:33hs

Sebastián se radicó en Venezuela a los 14 años con parte de su familia. Desde ese momento ya pasaron 28 años y el país que le dio la bienvenida cuando era muy joven dista mucho del actual. “Hace meses que no usamos papel higiénico, que no consumimos azúcar ni leche”, dice el uruguayo que prefiere no revelar su apellido “por temor a represalias”.

El miedo es una constante en la vida de Sebastián y su esposa Leticia, que tiene un embarazo de cuatro meses. “Saliendo de mi casa a las cinco de la mañana para poder comprar comida, me robaron la camioneta seis hombres armados”, relata.

“Atravesaron dos autos, se bajaron y comenzaron a pegarle a la camioneta. Cuando mi esposo fue a hacer la denuncia del robo, en la seccional no había policías”, cuenta la mujer a El Observador.

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Leticia es española pero vive en Venezuela desde hace más de 10 años. Con su marido tiene un negocio de fotografía que en los últimos años viene en picada producto de la crisis económica y política que vive el país caribeño.

“Nos robaron dos veces el local, una de ellas con copamiento. El horario de trabajo también lo tuvimos que reducir porque al final de la tarde la calle es tierra de nadie. Trabajamos hasta las 17:30, aunque aquí te pueden matar en pleno día porque hay total impunidad”, explica Sebastián.

Papel higiénico: un lujo

El desabastecimiento reinante en los almacenes y supermercados venezolanos hizo que las largas filas fuera de los locales sean una postal cotidiana a la que los venezolanos “se están acostumbrando”, cuenta Leticia.

En algunos comercios el tiempo de espera puede llegar a las siete horas y hay integrantes de la Guardia Nacional Bolivaraiana (GNB) que custodian y ponen orden entre la gente que espera para comprar un paquete de arroz.

“Las filas son lugares muy inseguros también porque te roban y, en el caso de que alguien proteste por la demora o hable mal del gobierno, siempre hay alguien de la Guardia Nacional que te hace salir de la cola y en ese lugar ya no puedes comprar más”, cuenta Leticia. Todos los días la compra de alimentos es un periplo.

La escasez en Venezuela se arrastra desde hace varias décadas, incluso desde antes del gobierno del fallecido Hugo Chávez. Pero fue cuando comenzaron a faltar productos básicos como la leche o el papel higiénico que el problema se agudizó.

“En lugar de papel higiénico tenemos que usar servilletas o lo que encontremos porque ya no hay por ningún lado hace unos tres meses. El otro problema es que si de casualidad encuentras azúcar o harina en un supermercado, el gobierno tiene esos productos regulados y por persona sólo puedes comprar dos”, relata Leticia.

El negocio que surgió a raíz del desabastecimiento es el del mercado negro. Allí se pueden conseguir alimentos o artículos de limpieza y tocador. Claro que el precio es mucho mayor al que impone el gobierno en los comercios: se paga hasta seis veces más.

“Ahora que estoy embarazada el gran problema que tengo es dónde voy a comprar los pañales, que por aquí son un artículo de lujo. Tampoco se consiguen vitaminas prenatales ni anticonceptivos. La atención en las pocas clínicas privadas es muy costosa, por ejemplo para maternidad cobran unos 30.000 bolívares (US$ 4.000) al mes. En un hospital te dejan morir”, dice la mujer.

Actualmente el costo de una cesárea en una mutualista privada de Venezuela es de US$ 15.000.

Uruguay, una alternativa lejana

Sebastián viajó a Uruguay en enero y permaneció en el país un mes visitando a familiares y amigos. Aprovechó para mostrarle su tierra a Leticia, para comer “mucha carne” (cosa que en Venezuela es casi imposible) y para analizar la posibilidad de retornar.

Actualmente, según registros del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, entre 8.000 y 10.000 uruguayos residen en Venezuela. En 2014 la Oficina de Retorno y Bienvenida contabilizó 86 uruguayos que retornaron del país caribeño, siendo el cuarto con más regresos después de España, Estados Unidos y Argentina.

“Ya vivimos ocho años en España y pensamos en irnos a Uruguay, pero no es fácil porque aquí no hay dinero ni inversionistas. No podemos vender nuestro negocio o nuestra casa porque simplemente nadie la compra”, explica Sebastián quien se manifiesta “disgustado” con la actitud del expresidente José Mujica por no condenar el régimen de Nicolás Maduro.

“En Uruguay muchos están contentos con Mujica, pero acá vimos otra cara del expresidente porque su actitud en Venezuela fue complaciente con el gobierno, venía a apoyar las palabras de Maduro y no analizó los problemas que hay aquí”, critica.

Sebastián indica que, “como uruguayo”, siente que los países de Latinoamérica “actúan como malos vecinos” ante los hechos de violencia y la encarcelación de representantes de la oposición como Antonio Ledezma (alcalde de Caracas) o Leopoldo López, líderes presos que enfrentan procesos penales.

“Si tenés un vecino que ha sido bueno contigo, que te ha ayudado pero sabes que le pega a su mujer, no podés quedarte sin hacer nada. Tenés que alertar a la policía, hacer algo aunque lo quieras mucho. Y eso pasa en Latinoamérica: Maduro maltrata a su pueblo y esos vecinos que no quieren denunciar son tan cómplices de esta dictadura light como el propio gobierno”, concluye Sebastián.

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