El fado es una tradición de sensibilidad extrema frente al dolor de vivir que, por medio de una particular alquimia, se convierte en belleza. Las nuevas intérpretes suelen ser continuadoras de esa costumbre. Sin embargo, Mafalda Arnauth se atreve a explorar las fronteras de esa tradición, tanto en la música como en la letra de sus composiciones propias, de las que exhibirá una buena muestra el domingo que viene en Montevideo.
Cambió un poco. Tuve que tranquilizar un poco las cosas. Empezó con un viaje que hice el año pasado a Buenos Aires en enero. A partir de ese momento fue como un regreso al inicio, a ser más artista y menos productora y cuidadora de mi carrera. Y de verdad que está siendo un año y medio muy importante en mi vida. He hecho un disco nuevo, he viajado mucho, pero he sentido más lo que he hecho en este año y medio que los tres años anteriores.
¿En qué se parecen usted y el fado?
A los dos nos encantada compartir y comunicar la vida. Para mí el fado es una forma de expresión de la vida cotidiana, de las cosas normales y casi triviales de cada ser humano. Y a mí eso me encanta: las cosas simples, las cosas sensibles, llenas de emoción. Y creo que eso es lo que me aproxima tanto al fado. Tener esa manera de llegar a los otros y de entregarme de forma muy clara.
¿Y en qué se diferencian?
Tal vez en que el fado tiene esa tentación de ser más nostálgico, más triste de lo que yo quiero ser. En un momento quizás éramos muy cercanos en ese sentido, porque yo tenía más necesidad de cantar y de sentir mis dolores, mis dificultades. Y en un momento yo sentí que el fado tradicional, el fado que miro alrededor, el que la gente quiere escuchar, es un poquito más nostálgico que yo. Pero tampoco estamos tan alejados. El fado también empieza a comunicar ese lado más vibrante de la vida, más pleno, más esperanzado.
Usted ha cantado los fados de la tradición y también ha escrito los suyos propios. ¿Cree que sus fados formarán parte de la tradición, como sucede hoy con los de Amalia Rodrigues?
No sé si a un mismo nivel. Porque han cambiado mucho los tiempos y Amalia era una fuerza inimitable. Pero lo que descubro yo es que hay nuevas generaciones y les encanta cantar ya algunos de mis temas. Aunque yo nunca fui de grandes multitudes, sí hay un pequeño porcentaje de personas a quienes mis letras, mis músicas, les ayudan, de alguna forma. Eso ya me hace sentir muy feliz.
Usted ha buscado y busca los límites del fado en cuanto a música y letra. Sin embargo se ha encargado de aclarar que no atravesará esa frontera, que nunca hará pop ni música lírica. ¿Eso está vigente?
Sí, porque eso sería un cambio muy extremo, lo mismo que el rock. Lo que pasa en este disco que acabo de grabar, es que hay un alma y una expresión fadista, porque la voz sigue con las características del fado, pero he necesitado buscar otros instrumentos, como piano, como contrabajo, como acordeón, que es un poco como ir a la frontera del sonido, pero saber donde está el alma. Y el alma está conectada con una expresión fadista, con raíces portuguesas. Y sigo escribiendo en portugués.
¿Ha pensado en cantar tango?
Sí, tango sí. El tango está muy cerca de lo que hago. Aunque es importante no confundirse, porque de verdad son estilos diferentes con sus particularidades y características propias, pero hay una forma de expresión, sencilla, vibrante, visceral, que los acerca mucho. Y también las palabras. A mí me encanta. Yo creo que hablando con el tango hay formas de entenderse. Entonces sí haría tango. He hecho mi versión a una o dos canciones y aquí en Portugal hice un homenaje a Astor Piazzolla. Pero no quiero abusar de ese amor que le tengo al tango. Grabé Invierno porteño y es una canción de gran importancia en mi vida.
¿Cómo se titula el disco de este año?
Todavía no tiene nombre. Siempre espero a escucharlo todo y ahí sí voy a elegir un nombre. Lo que está claro es que es un regreso a mi composición, porque Fadas (2012) fue un disco con canciones de otros compositores y estas son nuevas, hechas por mí.
¿Habrá canciones de ese nuevo disco en el recital de Montevideo?
Sí, sí. No muchas pero quizás dos de las más significativas. El concierto tendrá de todos mis discos, los siete, contando éste, claro, este nuevo momento que voy a vivir.
¿Cree que la atmósfera del tango hace que el público esté mejor preparado para el fado, en el Río de la Plata, que en Holanda, por ejemplo?
Creo que hay una afinidad, por el hecho de ser puertos y por la latinidad. Yo me siento en casa, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. No sé por qué.