Agro > ENTREVISTA / RUBEN RIERA

"No hay señales que conduzcan a un modelo agroproductivo de convivencia con las abejas"

El presidente de la SAU destacó el valor que tiene que Uruguay sea la sede del Congreso Latinoamericano de Apicultura

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03 de agosto de 2018 a las 05:00

¿Qué significa que Uruguay sea sede del XIII Congreso Latinoamericano de Apicultura, que se inició ayer y culminará el domingo 5?
Implica un reconocimiento trascendente a la apicultura uruguaya y, en particular, a la Sociedad Apícola Uruguaya (SAU), cuyo histórico compromiso en defensa de las abejas, de la inocuidad de los productos de la colmena y de los apicultores permitió que las gremiales de la Federación Internacional Latinoamericana de Apicultura (FILAPI) le delegara la responsabilidad de organizar localmente este Congreso. Esto permite que Uruguay y sus apicultores se proyecten en el ámbito internacional, generando nuevas oportunidades de negocio a todas las empresas dependientes de la apicultura.

¿Quiénes organizan el congreso, quiénes están participando y qué actividades se desarrollan?
El XIII Congreso es organizado por la FILAPI y la SAU y participa como coorganizadora la Asociación Rural del Uruguay (ARU). Hay 500 extranjeros procedentes de más de 20 países, con fuerte presencia de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia y Perú. A ellos se han sumado cientos de productores uruguayos, académicos, proveedores de insumos y exportadores. Las actividades son diversas. A las académicas, como simposios donde se están presentando las investigaciones más destacadas y conferencias, se han sumado dos jornadas plenas de apiterapia y un taller sobre la enseñanza de la vida de las abejas a nivel escolar. En la exposición comercial hay empresas uruguayas y expositores de Argentina y China. Un diferencial de los congresos organizados por la FILAPI es el intenso trabajo gremial a través de asambleas, paneles y mesas redondas donde se tratan las diversas problemáticas de la apicultura en Latinoamérica. Por último, nos llena de satisfacción la concurrencia masiva de escolares y liceales, acompañados de maestras y profesores, a los circuitos didácticos que se han diseñado específicamente para ellos a fin de ilustrarlos sobre el valor de la vida de las abejas para el hombre y la naturaleza.

¿Y cuáles son, a grandes rasgos, los temas que más preocupan?
Argentina, Brasil, Chile y Uruguay a nivel sudamericano son los países con mayor productividad en apicultura, con una larga trayectoria exportadora de miel. Están sufriendo el impacto del uso masivo e incontrolado de insecticidas y de herbicidas que ha impuesto en los últimos 15 años el modelo agroproductivo actual. Las colonias de abejas mueren bajo la acción de insecticidas y por desnutrición ante la falta de biodiversidad en la oferta de néctar y polen que condicionan los herbicidas, en particular el glifosato. La situación se ha visto agravada debido a la presencia en altas concentraciones de glifosato en las mieles, impidiendo su exportación y/o minimizando el precio por ellas. Como si esto fuese poco, se ha sumado en los últimos años la saturación de los mercados internacionales compradores de miel, con seudomieles o mieles adulteradas con jarabes azucarados provenientes de China. Estas adulteraciones se comercializan a precios que están por debajo de los costos de producción de la miel en los países exportadores latinoamericanos. Lamentablemente, las denuncias a las autoridades oficiales de los países productores y de los países compradores no han tenido ninguna consecuencia favorable que permita avizorar una represión de este comercio ilícito, que tarde o temprano, de persistir, hundirá a la apicultura latinoamericana.

¿Qué caracteriza hoy al mercado internacional de las mieles?
A raíz de lo antedicho y estar ante la cosecha de miel en el hemisferio norte, prácticamente se encuentra paralizada la exportación de mieles uruguayas, estimándose en 6.000 toneladas la cantidad que hoy se encontraría en depósitos de productores y exportadores. Esto es gravísimo, refleja la penuria económica que atraviesa el sector y anuncia la inminente pérdida masiva de colmenas y apicultores. Mientras tanto, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) sigue manifestando que está trabajando para defender a la apicultura, pero no quiere reconocer que sus acciones en los hechos sólo han implicado medidas paliativas para productores familiares de carácter transitorio, que no resuelven el derrumbe económico del sector, ni siquiera a mediano plazo.

¿Es posible la convivencia entre los diversos rubros y la abeja?
Desde la mortandad masiva de colmenas en 2008 por acción del insecticida fipronil, la SAU intensificó su lucha por una producción agropecuaria que conviva con las abejas, ante el Poder Ejecutivo, el Legislativo, la Facultad de Agronomía, la Dirección Nacional de Medio Ambiente, productores rurales y todo ámbito oficial o no con injerencia en este tema. El único éxito trascendente ha sido la abolición del uso de fipronil en la agricultura. El 17 de julio el ministro –Enzo Benech– nos manifestó en la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola dos posicionamientos nada alentadores. Por un lado, que primero está la producción agropecuaria y forestal por ser el primer rubro de exportación del país, siendo esta su responsabilidad, y después están los ambientalistas. Por otro, que los apicultores no debieran enfrentar el problema divulgando la presencia de glifosato en la miel, ya que se está dañando la imagen país ante los compradores internacionales de la producción agropecuaria. Sabemos que los cambios que conduzcan a un modelo agroproductivo que permita la convivencia con las abejas, no degradante de la naturaleza y no contaminante de la inmensa mayoría de los alimentos que consume la población e, incluso, del agua de consumo doméstico, no surgirán a corto plazo, pero no hay señales evidentes en tal sentido. Todo lo contrario. Sin embargo, productores agrícolas y académicos de diferentes países nos siguen demostrando que estos cambios son viables.

¿Qué datos puede citar para que quede clara la relevancia que tiene la apicultura?
En 2017 el MGAP registró unas 550.000 colmenas y unos 2.800 apicultores. Aunque no hay cifras definitivas, se espera que para el censo de 2018 las cantidades sean sensiblemente menores. A pesar de tener un sistema de trazabilidad muy exigente es casi imposible tener información en tiempo real. El MGAP siempre tiene alguna dificultad. Faltan recursos humanos o hay problemas en los programas de informática. Se estima que en 2017/18 la producción promedio no superó los 15 kilos de miel por colmena. Quienes tuvieron la posibilidad de vender para la exportación lo hicieron a US$ 1,5 a US$ 2 por kilo, sin cubrir los costos. En la última zafra por exportación de miel ingresó menos de la cuarta parte de los montos alcanzados en las mejores zafras, a lo que se suma el aumento de los costos de producción.

¿Cree que no solo la sociedad en su conjunto, sino actores del sector productivo tienen claro el valor de la abeja?
Las autoridades gubernamentales, legisladores, académicos y productores rurales tienen muy claro los beneficios que las abejas generan en la producción agropecuaria, la naturaleza y la salud humana. Desde la escuela reciben educación y los apicultores sistemáticamente desde hace más de 100 años han ilustrado a la población en relación a los beneficios de la acción polinizadora. Ya no se puede aducir ignorancia del tema. Y es obligación de las autoridades conocer en profundidad los rubros sobre los que toman decisiones. De lo contrario, ¿cuál es la función de sus asesores? La desaparición de las abejas y de otros polinizadores se acompañará inexorablemente de una pérdida de la producción de alimentos (leche, carne, frutas, hortalizas, derivados de la soja, maíz, etcétera), pérdida de la biodiversidad botánica y animal con desaparición de especies y la pérdida de un biomonitor de calidad ambiental.
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