Ya hacía días que había salido del estado de Paraná (Brasil) cuando sus pulmones pidieron auxilio. Con 67 años sobre sus espaldas sacó fuerzas de donde pudo y caminó –tambaleándose, intentando mantenerse en pie aunque su cuerpo se lo hacía difícil– hacia el compañero más cercano que encontró. “No puedo respirar”, lanzó en un portugués cerrado y se sentó como pudo sobre el camión del colega que, para su sorpresa, también era del país norteño. A la hora estaba internado en el CTI del Hospital de Salto, lejos de su familia y luchando contra el coronavirus.
Tres días antes había ingresado a Uruguay. El hombre cruzó la frontera por Yaguarón hacia Río Branco, en Cerro Largo, sin mayores problemas. Allí una funcionaria le tomó la fiebre y sus datos, pero el camionero brasileño estaba bien de temperatura y no presentaba síntomas. Por eso siguió camino rumbo a Salto por la ruta 26.
La noche cayó cuando –ya sobre la ruta 3– llegó a Chapicuy (Paysandú) y decidió dormir en una playa de estacionamiento para camiones de una estación de servicio que estaba cerrada. No tuvo contacto con nadie.
Temprano en la mañana siguió camino hacia su destino y pasó por el puente del río Daymán sin problemas: los controles por covid-19 que se hacen al entrar a Salto se dan solo desde las 8 de la mañana hasta las 20 horas. La directora departamental de Salud, Rosa Blanco, dijo a El Observador que cree que aunque se le hubiera hecho el chequeo en ese momento “seguramente hubiera sido negativo también porque el hombre no refiere síntomas de tantos días para atrás”.
Una vez en Salto, el camionero cumplió con su misión. Fue hasta la distribuidora que se le había señalado y descargó las frutas transportadas. No llegó ni a bajarse de su camión; los operarios hicieron lo suyo y bajaron la fruta. El contacto, de nuevo, fue casi nulo.
“Los camiones no contagian ni las frutas tampoco. Contagian las personas”, comentó Rosa Blanco para dar tranquilidad a una población que ya no registraba más casos y ahora acoge a un infectado extranjero.
El camionero brasileño, con su tarea culminada, se marchó hacia el estacionamiento de otra estación de servicio en las afueras de la ciudad. Y allí pasó dos días completos esperando para hacer el camino inverso: cargar frutas uruguayas y llevarlas a Brasil.
Entonces, fue el último día cuando empezó a sentir los síntomas y a la infección le bastaron 24 horas más de avance para dejar al hombre en un estado grave. Pasó una noche para el olvido y, al amanecer, pidió ayuda con serias dificultades para respirar.
Primero llegó la Policía y luego la ambulancia. Lo internaron en la unidad de terapia intensiva de la zona covid-19 y quedaron a la espera de una confirmación diagnóstica de lo que ya parecía obvio: tenía coronavirus.
“Las primeras horas estuvo con terapia respiratoria no invasiva y después hubo que ponerle el respirador. Está hasta ahora con el respirador y bueno, hay que esperar”, dijo la directora departamental de Salud.
Lejos de casa
Así como este camionero brasileño, hay más de 600 trabajadores de ese rubro que pasan por Uruguay por semana y vienen de otros países de la región donde la pandemia está descontrolada, contó Blanco. A raíz de la emergencia sanitaria el número ha descendido pero igual la circulación se mantiene. A varios de ellos se les han realizado tests de coronavirus pero, según la doctora, ningún otro ha dado positivo hasta el momento. El caso de este brasileño, por ahora, es una excepción.
La familia del hombre vive momentos de incertidumbre y angustia. Sus personas más cercanas no pueden entrar a Uruguay por el cierre de fronteras y, además, muchos de ellos están infectados y en cuarentena.
“Pudimos hablar con la familia y la verdad que estaban desesperados”, expresó la directora departamental de Salud. “A partir de ese día, que quedó en CTI, los familiares se comunican diariamente con el equipo médico para saber su estado”, agregó.
Para Blanco la atención a este hombre es el deber ser. Es una “ayuda humanitaria” a un extranjero que pidió socorro. Una ambulancia que llegó a tiempo y un hospital que hace todo lo que puede para mantenerlo con vida. “Este es nuestro pequeño crucero, nuestro pequeño Greg Mortimer”, remató.
Nueve hisopados
Para las autoridades locales el desafío fue hacer el rastreo de los movimientos de este hombre. Por su situación y su portugués cerrado, el personal de salud no logró obtener mucha información. De todas formas, gracias al GPS de la empresa de transporte se pudo hacer el seguimiento de contactos.
“En un sentido, tuvimos suerte. Fue una persona que circuló por el país pero tuvo mínimo contacto con las personas. No entró al minimarket. Tuvo muy escasa movilidad. Probablemente haya usado el baño y poca cosa más”, contó Blanco.
Desde el Ministerio de Salud Pública (MSP) consideran que ninguno de los vínculos que tuvo el camionero en Uruguay se puede considerar “contacto de caso positivo” pero, igualmente, por precaución, se aisló e hisopó a nueve personas que estuvieron conectadas de alguna forma con el infectado. Entre ellas está la funcionaria de migraciones de Río Branco, el personal de limpieza de la estación de servicio donde paró y los operarios que descargaron la fruta del camión.
Hasta este viernes, todos los tests analizados habían dado negativo.