Liderados por la investigadora Graciela Quintans, veterinarios que trabajan en todo el territorio nacional revelaron el martes pasado uno de los datos más esperados de la ganadería: la tasa de preñez del ganado vacuno de carne. Esto hace las veces de un pronóstico de producción de terneros, que nacerán en la próxima primavera. El número fue 77,8%, sobre un rodeo de 407.985 vacas entoradas, lo que significa que 317.357 se diagnosticaron como preñadas.
La producción ganadera acaparó la atención en esta semana que termina a partir del taller de evaluación de los diagnósticos de gestación vacuna, como se denomina la actividad que se desarrolla desde hace 15 años en la sede del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en Treinta y Tres.
El dato coincidió con las expectativas previas, con la mano que dio el buen tiempo a la producción ganadera, un elemento clave en una actividad a cielo abierto como esta, aunque no el único. Dividido el país en ocho zonas, los datos oscilaron entre un máximo de 83,7% del ganado preñado en Rocha a 72,9% en Durazno y Flores.
Si se compara con lo ocurrido en la última década, la tasa de preñez fue la más alta de los últimos cuatro años y la tercera mejor de la serie de 15 talleres de INIA, solo superada por los porcentajes alcanzados en 2006 y en 2013, que fue la más alta al alcanzar 81,5%. En consonancia con ello, Uruguay tendrá una producción de alrededor de 2,7 millones de terneros, teniendo en cuenta que se estima un 10% de pérdida al destete. Esa cifra cubriría con creces la extracción si se mantiene la actual realidad.
Por supuesto que la actividad es mucho más jugosa que los simples datos de preñez porque el trabajo que desarrollan los veterinarios remangados en el campo, y los investigadores en sus diferentes proyectos sobre la cría vacuna, es lo que confirma lo ya validado y genera conocimientos nuevos.
Nadie conoce mejor cómo viene la mano que el propio productor en su establecimiento. Si bien es un dicho que existen tantas ganaderías como productores ganaderos, no conocemos a ninguno que teniendo una vaca, a priori no quiera tener un ternero. Si se piensa en ello, que cada vaca no dé un ternero por año, sino 77,8%, no estaría bien. Pero tener un ternero no es tan solo preñar una vaca. Hay que adoptar otras decisiones.
Desde el punto de vista productivo, hay datos que no contribuyen para alcanzar un ternero por año, como señalaron algunos técnicos. Por ejemplo, que se usan menos toros que los necesarios si se calcula el 3% para un rodeo de cuatro millones de vacas. Este año también se ha subrayado que muchos productores se confiaron en una primavera y verano con mucho pasto y dejaron de aplicar tecnologías que ayudan, como el destete precoz o temporario, y la suplementación estratégica.
Esas son algunas decisiones previas que condicionan la suerte futura de la vaca a entorar. Como bien señaló Quintans hace unos años: la vaquillona pasa factura cuando no se alimenta bien. Es evidente que adoptar la decisión de invertir –o tener esa posibilidad– para tener un ternero por vaca es lo primero. Y por ese lado hay que mirar también los números fríos de la preñez de las vacas.
Luego hay que ver si producir más terneros es negocio, lo que aparentemente está funcionando bien porque la exportación en pie está recuperando el nivel del año pasado. Después se verá qué consecuencias puede tener para la industria frigorífica, que deberá competir con más fuerza.
Volviendo al principio: un año de preñez alta que debe disparar la reflexión acerca de hacia dónde vamos.