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Ahora sí, Uruguay: apareció el equipo, justo cuando llegan las que duelen

Los cambios de Tabárez hicieron efecto y la celeste dominó la batalla táctica

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25 de junio de 2018 a las 12:40

Al tercer partido Uruguay encontró el juego y el funcionamiento. Fue, por lejos, el mejor partido en Rusia 2018, lo que le valió la victoria 3-0 ante el local, para asegurar el primer lugar del grupo y el duelo el sábado en Sochi ante el segundo del Grupo A.

La celeste necesitaba sentirse cómodo con el partido. Venía con una mueca, es de ganar pero saber que aún se está lejos de lo que puede dar. Y a mitad de camino en su transformación de juego, entre la respuesta y la propuesta.

Ante Rusia, por fin, Uruguay se sintió cómodo. Tabárez ganó la batalla táctica, y eso hizo que la celeste dominara a Rusia en toda la cancha. Y así y todo, los goles llegaron por la fórmula de todo el mundial, la pelota quieta: uno de Suárez y otro de Torreira –o de Cherysev en contra- para que la celeste ganara con mucha autoridad.

Toda la charla previa sobre el dibujo táctico de Uruguay derivó en un 4-4-2, con un rombo en mitad de cancha con Bentancur adelantado para juntarse con Cavani y Suárez, y Torreira como eje retrasado. Eso le dio más juego a los delanteros, aunque generó también un poco de endeblez en defensa, con los tres volantes teniendo muchos metros para cubrir.

Sin embargo, la estrategia pagó: a los 11 desborde de Suárez, pase al medio y falta al borde del área sobre Bentancur, que el 9 transformó en gol con un tiro cruzado al palo del arquero para el 1-0.

La subida de Bentancur fue lo que estaban necesitando los delanteros, porque tuvieron más juego y también se pudieron tirar a las bandas para ejercer esa función de abrir la cancha, alternándose con los volantes por afuera o los laterales. Así, la salida de Vecino y Torreira siempre tuvo opciones con cancha abierta, para asociarse y complicar a un rival que no hacía pie.

Curiosamente, el segundo llegó desde otra pelota quieta: córner, segunda pelota, tiro desde afuera de Laxalt y rebote en Cherysev para el 2-0, que era justo para un equipo que ganó la pulseada táctica.

La incomodidad rusa trajo la roja a Smolnikov a los 36', cuando Rusia ya ni siquiera hacía daño a la defensa uruguaya, porque la celeste ya era mucho más firme en mitad de cancha, no perdía pelotas, bloqueaba a los externos rusos y con eso dejaba sin acción al grandote Dzyuba. Así, los rusos esperaron atrás, sin saber mucho que hacer, contra un Uruguay que tampoco se desesperaba por atacar, con dos goles a su favor.

Lo único que le faltó a los celestes fue más efectividad en los pases de mediana distancia en la transición defensa-ataque, que impidió ampliar la cuenta.

En el segundo tiempo Uruguay puso el partido en el freezer. No fue tan profundo, pero tampoco lo necesitaba. Rusia, con 10 seguía esperando, porque no tenía energía ni ideas para pasar al ataque. Entonces la celeste manejó la pelota, sin mucho peligro, y sin efectividad cuando fue vertical. Como destaque, apenas una amarilla a Bentancur –que no repitió su gran primer tiempo-, lo que llevó a ser sustituido pensando en octavos.

Lo único que quedaba pendiente era el gol de Cavani, para borrar su sequía goleadora. El 21 la buscó por todos lados, y lo encontró en la hora, para sellar un 3-0 que devuelve la calma y da más confianza que nunca pensando en los octavos de final.

La victoria le da a Uruguay tranquilidad de espíritu. En Samara, la celeste fue un equipo mantuvo la firmeza de la defensa, pero le agregó volumen de juego. No es el ideal aún, pero va en buen camino, justo cuando empiezan las que duelen.

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