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Boghossian, entre la buena onda de Caruso Lombardi y la mala de Niko Kovac

El hoy delantero de Sud América repasó sus vivencias con entrenadores de renombre entre los que figura Marcelo Gallardo

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28 de octubre de 2019 a las 05:03

Marcelo Gallardo cada día es más amado por los hinchas de River Plate. El martes 22 le volvió a ganar a Boca Juniors por Copa Libertadores y su nombre hace rato que quedó en la historia. Desde el 2014 dirige al club y ya ganó, entre otros títulos, dos Libertadores, una Sudamericana y tres Recopas. A Joaquín Boghossian ninguno de estos éxitos le sorprende.

El delantero de 1,97 metros llegó a Nacional en 2011 y Gallardo estaba debutando en su nuevo rol. El entrenador ya mostraba su fuerte personalidad y frontalidad que lo llevaron a tener una carrera que, aún en el comienzo, ya está llena de títulos. “Si el loco le tenía que meter un planchazo a todo el plantel, no se frenaba con nadie”, comenta Boghossian a Referí.

En una de sus primeras charlas con Gallardo le dijo que le faltaba ese roce de área que necesitan los delanteros. Enseguida el Muñeco le armó un ejercicio para que mejore la rapidez al definir. “En diez minutos me hizo un trabajo que me dejó para una siesta de tres días”, recuerda ocho años después. Pero ese cansancio tuvo resultado: en su segundo partido como titular en Nacional hizo dos goles con dos movimientos cortos dentro del área.

“Tenía capacidad para leer al jugador y darle lo que precisabas que te sorprendía”, define Boghossian. “Su forma de trabajar es muy intensa, pero en los entrenamientos también te divertís. Dos días antes del partido te dejaba un entrenamiento ‘a la carta’ en el que vos hacías lo que querías”, agrega.

El futbolista no sabe por qué Gallardo lo quiso como delantero, pero piensa que lo recordaba de un enfrentamiento en el fútbol argentino. El Muñeco jugando con River Plate y Boghossian con Newell’s Old Boys. Ese partido se jugó en Rosario y ganó el leproso 2-1 con dos goles del uruguayo.

Otras llamadas

Boghossian sacó a pasear a su perra y lo llamaron de un número desconocido: era Martín Palermo que lo quería en Godoy Cruz, equipo que dirigía. Sin embargo, el pase no se concretó porque el Grupo Casal, que lo representa, estaba negociando su llegada a Quilmes. “El tipo era uno de los mejores nueve del continente y yo no sabía cómo agradecerle. Me dejó sin palabras”, cuenta.

Pese a que no jugó en ese equipo de Mendoza, los dos delanteros se conocieron cuando el uruguayo llegó a Arsenal. El hijo de Palermo jugaba allí y se saludaron en algunas prácticas y partidos. “Que un tipo como él te reconozca es espectacular”.

En Quilmes lo dirigió un entrenador conocido por salvar a varios equipos del descenso y por sus efusivas participaciones en programas deportivos: Ricardo Caruso Lombardi. Boghossian lo recuerda como una persona carismática y positiva, que siempre da para adelante. “Es como con la prensa”.

El uruguayo se llevó bien con Caruso Lombardi y terminó jugando de titular en los últimos partidos, pese a que estaba “disminuido” en lo físico, y Quilmes se salvó del descenso.

“En el día a día era simpático, gracioso y bromeaba con el grupo. Era de sumarse a las charlas. Si bien se enojaba, se tomaba lo que pasaba con humor. Se unía al grupo para que lo hagas parte y lo defiendas un poco más”, comenta.

Boghossian reconoce que el técnico tenía actitudes que podían molestar por la presión que se vivía en Quilmes –un equipo popular de la zona Sur– de tener que salvarse del descenso. “A veces te terminabas calentando por la situación”.

El actual entrenador del Bayer Münich, Niko Kovač, también dirigió al delantero. Fue en el Salzburgo de Austria, pero los recuerdos no son los mejores e incluso llegaron a tener cruces en entrenamientos.

En ese momento Kovač era el ayudante técnico del equipo y “no le daba mucha cabida” a los sudamericanos. Incluso hacía comentarios en alemán “que caían mal” y que Boghossian entendía por saber el idioma. “En el aspecto humano no me gustó cómo nos trató, pero laburaba muy bien”, asegura. Dice que los cruces que tuvo con él siempre fueron con respeto y para defender a sus compañeros. “A mí nunca me dijo nada, no sé si por mi tamaño o qué”, confiesa.

La vuelta a Uruguay

Faltaban algunos minutos para que termine el partido y en la cancha Boghossian lloraba. Cerro estaba jugando contra River Plate y a punto de ser campeón de la Liguilla y, por tanto, clasificarse a la Copa Libertadores. “Cuando pitó el juez me tiré al piso, no atiné a festejar ni nada, me tiré como un desahogo”, recuerda sobre ese partido histórico para el villero.

El delantero creció en el club albiceleste y tuvo varias idas y vueltas a la institución desde 2005, año en que debutó en Primera. “Lloraba porque había pasado muchas cosas ahí”, explica y recuerda en especial el día que le tocó descender por puntos que le sacaron por incidentes que se generaron la trágica jornada en que también hinchas de Peñarol asesinaron al parcial de Cerro Héctor Da Cunha, en 2006.

“Si ganábamos salíamos campeones y metíamos a Cerro en la Libertadores”, dice como para dimensionar el buen momento del villero después de toda la “malaria” que los juveniles se habían “fumado”.

Antes de llegar a pelear el ascenso con Sud América Boghossian jugó en Plaza Colonia y esa fue su vuelta al fútbol uruguayo. El delantero iba a ser padre por segunda vez y decidió volver para que su hija nazca en Uruguay porque la salud en la provincia peruana en la que vivía "no era buena".

Entre viajes entre Montevideo y Colonia pasó la primera parte del año porque, si bien vivía en el oeste, sus dos hijas –una de cinco años y la otra en sus primeros meses– estaban en la capital. “Estaba yendo y viniendo y era realmente muy complicado”, comenta.

Dos días antes de empezar la temporada llamó a los directivos del club para avisar una decisión. “Voy a entrenar si querés, pero estaría robando la plata porque no voy a estar para jugar”, se sinceró. La familia de Boghossian atravesaba un momento difícil porque su suegra tenía cáncer. El delantero quería acompañar a su esposa y se vino definitivamente a Montevideo.

Con 32 años pensó en dejar el fútbol y tuvo algunas propuestas para ser entrenador. Mario Szlafmyc –quien lo dirigió en Plaza– lo invitó a integrar el cuerpo técnico y también le ofrecieron de Uruguay Montevideo, un equipo de la C del que es hincha desde chico.

Pero también tuvo propuestas para seguir jugando. Uno de los que le ofreció fue Juventud, pero Sud América fue más insistente y se fue al buzón. “Tengo muchas ganas de pelear el ascenso porque siento que tenemos con qué y lo hemos demostrado en varios partidos. La B es tan pareja que en un detalle ya se te escapa”, analiza.

Ese pensamiento de dejar que tuvo hace unos pocos meses ya se fue. Boghossian está comenzando a prepararse para ser entrenador, pero en el buzón ha vuelto a disfrutar del fútbol. Ahora se esfuerza para ascender y no cierra las puertas a volver a jugar en el exterior. “Como estoy disfrutando de jugar, mi idea es seguir jugando”, dice.

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