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Cantidad de uruguayos que piensan en emigrar es mayor que en 2002

Un 29% de los uruguayos pensó en irse a vivir a otro país en 2018, según la última encuesta de Latinobarómetro

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18 de noviembre de 2018 a las 05:03

Armar las valijas y subirse a un avión para buscar un futuro mejor es una idea que cada vez más aparece en la cabeza de los uruguayos. Según datos de la última encuesta de Latinobarómetro, la cantidad de uruguayos que tienen intenciones de irse del país es mayor a la que había en 2002. 

En este período –en que la economía creció un año sí y otro también, la pobreza medida por el método de ingreso bajó de 39,9% a 7,9% y la indigencia alcanzó el 0,1%–, un 29% de los uruguayos está dispuesto a emigrar, una cifra 2% superior que la que había en plena crisis económica, según el informe realizado por la Consultora Equipos.  
Jóvenes, de clase media–alta y con un buen nivel educativo, han sido históricamente los principales integrantes de esta corriente migratoria, de acuerdo a las investigaciones en materia de población. 

Uno de los que en el último tiempo ha tomado el coraje de reunir sus pertenencias, comprar el pasaje y dejar la comodidad del hogar es Juan Manuel Suárez, un licenciado en Educación Física, que decidió abandonar Uruguay en mayo de este año para irse a vivir a Mallorca, con el objetivo de tener un “futuro mejor”. 

Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior, a los que accedió El Observador, en los primeros diez meses de 2018, es decir entre enero y octubre, otras 2.566 personas tomaron la misma decisión y se subieron a un avión para no volver.  

Desde el año 2014, el saldo migratorio, esto es la resta entre los uruguayos que vuelven al país y los que deciden irse, es negativo.  De acuerdo a las cifras oficiales, en los últimos cinco años, 40.000 personas salieron por el Aeropuerto de Carrasco y no han retornado. 

El demógrafo Juan José Calvo, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Uruguay, dijo a El Observador que el crecimiento de la economía provocó que desde el año 2005 se produjera un “boom de retorno” el cual se agotó “hace mucho tiempo”, lo que explica ese saldo migratorio. 

Desde España, Juan Manuel explicó que su decisión de emigrar se produjo luego que terminó su carrera y empezó a trabajar como profesor de educación física y entrenador de fútbol en Montevideo. En ese momento visualizó que para poder “crecer” lo mejor era irse durante unos años, con el objetivo de acumular experiencia y tener un mejor salario que el que podría tener en Uruguay. El joven puso sobre la mesa cuánto podía crecer en el exterior, teniendo en cuenta su edad y consideró que lo mejor era abandonar el país. “Mi intención es retornar, pero no sé cuándo podré hacerlo. En este momento mi objetivo es trabajar de mi profesión acá, ya que logré revalidar mi título y ya pude empezar a entrenar a niños”, dijo. En los pocos meses que lleva en España, el joven se ha encontrado con muchos otros jóvenes uruguayos, que han decidido viajar ya sea por trabajo o para estudiar.

“Una diferencia está  en el costo de vida. Acá es más barato, la comida, el alquiler, los traslados. Esa es una diferencia grande, que hace que el sueldo, que capaz que no es muy grande, te rinda más”. 

La migración de los jóvenes calificados es una situación que preocupa a las autoridades educativas. En octubre de este año, el por entonces decano de la Facultad de Ciencias, Juan Cristina, dijo al semanario Búsqueda que el fenómeno de la emigración científica se había “acelerado” y que en este momento entre un 20 y un 25% de los egresados de esa casa de estudios ejercía en el exterior. “El problema más grande en este momento es que hemos formado a toda una generación de jóvenes científicos de calidad internacional que el Estado —es decir, el pueblo uruguayo— pagó, y muy caro, y que si no la aprovechamos nosotros, otros países lo harán, sin invertir un peso. Ya tenemos la cuarta parte que se nos van. Y no solo exportamos licenciados, también posgraduados” sobre todo hacia Estados Unidos y Europa, afirmó.

En el año 2016, la empresa Radar realizó una encuesta sobre el perfil de los estudiantes universitarios, en la cual consultó si consideraban la posibilidad de emigrar luego de terminar la carrera y el 60% contestó que era una “posibilidad”. Esta cifra era aún mayor (68%) entre quienes asistían a una universidad privada. 

Pero no solo los universitarios planean irse. Según datos del INJU, casi uno de cada cuatro jóvenes planteaba pensaban en esa posibilidad, siendo los de mayor nivel socioeconómico los que presentan “mayor propensión a migrar al exterior”, de acuerdo al trabajo realizado por la socióloga Mariana Cabrera. En la segunda Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, presentada en el año 2015, la investigadora señaló que en comparación con la generación de los ’90, los adolescentes y los jóvenes “tienen una mayor predisposición a migrar”. 

“El grupo más propenso a irse del país es el de los varones montevideanos (uno de cada tres de ellos manifiesta esa intención), mientras la menor predisposición a la emigración internacional se encuentra entre las adolescentes y jóvenes que residen en el interior”, agregó.

Calvo considera que si bien puede haber cambios, el fenómeno de la migración ha estado “siempre” en nuestro país. 

“Los uruguayos consideran con naturalidad la posibilidad de migrar, no importa cuál sea la situación económica del país. El piso es altísimo, es la historia de nuestras mesas familiares, siempre está el cuento del abuelo inmigrante. Uruguay es un país con una propensión migratoria alta. Hay una colega que dice los uruguayos siempre se van a ir”, comentó. 

El especialista considera que los uruguayos “van a seguir emigrando” y no hay nada “que indique que en el comportamiento demográfico del Uruguay, la migración deje de ser considerada como una opción viable”.  

Además de quienes deciden emigrar para seguirse desarrollando en su profesión, un número importante de uruguayos lo hacen por el empleo. Si bien el mismo se ubicó en 8,7% en el mes de setiembre, la situación para los jóvenes es bastante diferente. Una investigación de los economistas Horacio Bafico y Gustavo Michelin, publicada en El País, señaló que en los últimos años se había producido un incremento en la tasa específica de desempleo entre los jóvenes, pasando del 19% en 2013 al 25% en el 2017. “Esta evolución es muy relevante, pues hay que tener en cuenta que es un porcentaje del total de jóvenes en actividad. Por lo tanto, el denominador también bajó en los últimos años, porque la reducción de la tasa de actividad impactó más entre aquellos que tenían entre 14 y 24 años de edad”.

La situación en la región 

El aumento de la intención de los uruguayos de emigrar no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un avance de las corrientes migratorias en la región. 
El informe del Latinobarómetro señala que desde el año 2015 ha aumentado la cantidad de personas que junto a su familia están pensando en la posibilidad concreta de irse a vivir a otro país. 
La cifra aumentó del 22% en 2015 a 27% en 2018. “En República Dominicana el 53% de los ciudadanos dicen que se irían a otro país, lo mismo en Venezuela. El 37% de los salvadoreños y hondureños, el 30% de los bolivianos, y el 29% de los brasileros”. 

En un documento anexo, la fundadora de Latinobarómetro y directora de MORI en Chile, Marta Lagos, señaló que las migraciones son un indicador de la “debacle societal producida por la violencia y las crisis económicas”. 

“La migración llegó para quedarse, no habrá muros ni ejércitos capaces de pararla, son millones los latinoamericanos que quieren emigrar. Los gobiernos se enfrentan a expectativas económicas inelásticas y una creciente mala evaluación del presente, donde ha disminuido la clase media, pilar de la democracia”, agregó. 

Para Latinobarómetro, la situación económica y social de crisis en Venezuela, la caravana que camina cruzando fronteras desde Honduras a hacia Estados Unidos son indicios contundentes de que la migración masiva en América Latina llegó para quedarse. 

“Los pueblos de América Latina, la mitad de los cuales se ubican en la clase baja, sin seguridad social, con alto desempleo, y trabajos precarios, viviendo en zonas de violencia tienen poco que perder al migrar. La experiencia europea nos debería enseñar que las olas migratorias son imparables, y terminan inundando los países. El impacto que tiene la globalización no se reduce al comercio y a la información, sino también a la transmisión de fenómenos sociales”, sentencia el texto.

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