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14 de abril de 2012 21:20 hs

El grito menos sonoro del camarín de Liverpool en el entretiempo se escuchaba a una cuadra del Estadio Olímpico. El Tola Antúnez estaba desaforado, una vieja costumbre que repitió hace algunas semanas ante Bella Vista.

Pero, ¿qué pasaba? Si en realidad su equipo le iba ganando a Rampla 1-0.

En realidad, Antúnez sabía íntimamente que el resultado era una mentira, que no merecían ir arriba en el marcador, que Rampla había hecho el gasto, que jugó muchísimo mejor, que Castillo salvó dos goles hechos –uno a Asprilla y otro a Broli– y que ese gol con el que ganaban, fue en contra a los 35 minutos y el líder del Clausura aún no había pateado al arco.

Era mucho para un entrenador que lee muy bien los partidos y que tiene autocrítica. ¿Vende humo para la tribuna como algunos creen? Puede ser. Si es así, qué le importa, si sigue en lo más alto del torneo.

Rampla, el modestísimo Rampla, el mismo que lucha por no descender una vez más, arrinconó al hasta ahora mejor equipo del torneo. Le quebró la mitad de la cancha, le maniató la salida por los laterales y le llegó con criterio. Claro que careció de contundencia y que enfrente estaba Castillo para salvar la plata de los premios y también lo que luego serían otros tres puntos de oro.

Los 40 grados de fiebre que soportó el capitán Carlos Macchi la noche anterior, se notaron en la cancha porque no fue el mismo de siempre. Quizá no desentonó, pero le faltó ese temple constante que siempre muestra. Hernán Figueredo no estaba claro y al Viruta Vera no le llegaba la pelota.

Estaba todo para Rampla. Todo menos el gol.

Pero los grandes equipos, inclusive los que fueron campeones sin ser tan grandes, a veces necesitan una cuota de suerte y Liverpool ayer también la tuvo. Entonces, cuando iban 35 minutos y no había pateado al arco, el líder del campeonato cruzó la mitad de la cancha con Vera quien se la dio a Figueredo en el ingreso del área. Éste le pegó al medio y Souza Motta intentó despejar con tanta mala suerte que el balón le pegó a su compañero Canosa quien se anotó en contra. ¡Liverpool ganaba 1-0 y no había pateado al arco!

Las palabras del entretiempo de Antúnez, el orden del equipo que ya fue distinto en la cancha y el gasto que había realizado Rampla, fueron demasiado para el conjunto del Cerro que sintió ese simbronazo y que no repitió lo de la primera parte, más allá de que hubo tiempo para que Castillo salvara otro gol ante Gaby Álvez.

El encuentro se tornó deslucido en el complemento, con muchas imperfecciones por parte de ambos, pero apareció un dueto que últimamente es letal: Figueredo en la gestación de juego y Vera en la concreción. Y entre los dos, solos en una jugada esporádica, le dieron el segundo a su equipo para que explotara toda su tribuna que nuevamente acompañó en gran número. Vera llegó a ocho goles en otros tantos encuentros. Impresionante.

Como también impresiona la regularidad de Liverpool que tras ocho partidos, ganó siete.

Por eso merece tener ilusiones, soñar, pensar en lo mejor. La cancha lo avala.

“No estamos para campeones”

El personaje que se banca toda la responsabilidad en Liverpool sigue siendo el técnico Julio César Antúnez. El Tola para todos. El mismo que tras el triunfo ante Rampla de ayer dijo que “no estamos para campeones. Estamos para alcanzar a Cerro Largo y a Defensor que están por encima nuestro”.

“Ser punteros del Clausura no se nos hace pesado para nada a nosotros. Ojalá podamos seguir así, ahí arriba”, indicó.

En tanto, Juan Castillo, la figura de la cancha, sostuvo que “en el primer tiempo tuvimos fortuna, cometimos errores y pudimos irnos en desventaja. Luego mejoramos”.

En tanto, el goleador del campeonato, Diego Vera expresó que “Liverpool es más que Vera y Castillo. Somos un equipo y lo estamos demostrando”.

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