21 de junio 2015 - 5:00hs

La combinación de la desaceleración económica que atraviesa Uruguay, turbulencias en las economías de los países vecinos –principales socios dentro del Mercosur– y la caída en los precios internacionales de las materias primas llevaron a que de un tiempo a esta parte varias voces dentro del gobierno comenzaran a pregonar la necesidad de lograr más apertura comercial con el exterior.
La última manifetación en ese sentido fue del propio presidente de la República, Tabaré Vázquez.

"La diversificación de posibilidades de inserción internacional para un pequeño país como el nuestro no es un capricho, es algo tan necesario como el aire que respiramos habitualmente", dijo el jueves ante decenas de empresarios en el Consejo de las Américas. El mandatario agregó: "Somos Mercosur por identidad y convicción, pero no concebimos al Mercosur como una jaula sino como una plataforma de lanzamiento".

De esta manera, el presidente retomaba el lenguaje que ya había utilizado días atrás el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori. Durante una charla en la Cámara Oficial Española de Comercio, Industria y Navegación de Uruguay, Astori dijo que veía al Mercosur como una "plataforma de lanzamiento" más que una "estación terminal" de la inserción internacional del país.

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"Uruguay no tiene otro destino estratégico que no sea el de ser un país cada día más abierto al mundo", indicó en esa oportunidad el titular de Economía.

Los empresarios también se han manifestado en ese sentido. En la celebración del último Día del Exportador, el presidente de la gremial, Álvaro Queijo, señaló la necesidad de que Uruguay firmara más acuerdos y criticó la falta de avances en este terreno. "El quedarnos quietos implica seguir retroceciendo", había dicho el empresario en esa oportunidad.

Como telón de fondo de esta situación aparecen dos discusiones que se han venido manteniendo en los últimos meses. Por una parte, las negociaciones –que comenzaron en la década de 1990 y se retomaron recientemente– entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) para firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC). También, por otra parte, ha estado sobre la mesa la conveniencia o no de ingresar al Tratado de Comercio de Servicios (TISA, por su sigla en inglés).

No faltos de resistencias, los principales actores del Poder Ejecutivo y el grueso de los empresarios buscan que el país mejore su inserción internacional. Para cumplir con este objetivo es fundamental la concreción de más acuerdos. Entonces, ¿cómo está Uruguay en ese campo al día de hoy?

Según un informe del instituto Uruguay XXI –de julio de 2014– el país tiene 13 acuerdos comerciales vigentes que incluyen preferencia en bienes. Otros tres acuerdos –con el Mercosur, con Chile y con México– se han firmado para el sector servicios.

Competitividad
Los expertos coinciden en señalar que Uruguay no puede seguir dejando que sus competidores ganen terreno y que debe poner el pie en el acelerador para firmar más acuerdos con diferentes economías.

"Si se miran las tendencias internacionales en las firmas de los acuerdos comerciales se observa que la agenda externa del Mercosur está estancada", sostuvo el director asociado del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi.

"Y está estancada en momentos en que la región reacciona y el mundo también", añadió.
El bloque regional, señaló Bartesaghi, no ha alcanzado acuerdos con ninguna de las potencias desarrolladas: ni con la UE, ni con Estados Unidos ni con los países asiáticos ("la zona más dinámica en términos de crecimiento de los últimos 20 años", dijo.

Diferente es la historia en el caso de países de la región como Chile, Perú o Colombia, añadió el investigador, quienes sí han salido de manera más agresiva a lograr este tipo de acuerdos.
Esta "quietud" de los países del Mercosur tiene como resultado que sus índices de competitividad sean peores (salvo en el caso de Brasil) que los de sus pares latinoamericanos que apostaron por una apertura comercial más violenta. Como muestra el último Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, en este terreno Uruguay tiene un desempeño por debajo del de Chile, Perú y Colombia, entre otros países de la región.

Para Bartesaghi es momento de "asumir" que la unión aduanera a la que aspiraba el Mercosur en sus inicios no se va a conseguir en el corto plazo y que, frente a esto, se garantice la libertad a los países miembros para "negociar de forma bilateral" acuerdos con otros países.

"Si no somos una unión aduanera, no tenemos obligación de negociar de manera conjunta", afirmó el experto.
En tanto, para el profesor de Comercio Internacional del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Marcel Vaillant, "Uruguay tiene que romper esta gran mentira que el Mercosur, que nos restringe las negociaciones con terceros".
A juicio de Vaillant, desde el punto de vista jurídico "no tiene ningún sentido" que la meta trazada cuando se creó el bloque de conformar una unión aduanera "restrinja la soberanía principal que tiene un país que es la capacidad de negociar con terceros".

En bloque o no
Uruguay ya ha firmado en el pasado acuerdos sin que sus socios del Mercosur lo hubieran acompañado. En 2003, por ejemplo, los gobiernos uruguayo y mexicano lograron la concreción de un TLC.

Vaillant señaló como una "mentira" a destruir que negociar en bloque beneficia a Uruguay. "Las negociaciones en común del Mercosur representan los intereses de los países más poderosos, en particular de Brasil", manifestó.

El experto agregó que para algunos países o bloques, sentarse a la mesa con Uruguay –"un pequeño país que no le mueve la aguja a nadie"– puede ser menos "peligroso" que hacerlo con el Mercosur.
El docente de la UdelaR resaltó la necesidad de que Uruguay participe de las instancias donde se definen las agendas y las temáticas de comercio internacional, "porque ahí es donde va a encontrar y definir aquellos países particulares con los que necesita acuerdos bilaterales, que no son los grandes mercados del planeta", dijo. China, ejemplificó, no es "interlocutor" si Uruguay va por sí solo, pero hay otros muchos mercados tanto en Asia como en Europa con los que sí se podrían mantener este tipo de negociaciones.

"Uruguay tiene que seleccionar esa canasta de cuatro o cinco acuerdos bilaterales, que sean complementarios comercialmente", indicó.

Subir a la A
Bartesaghi, en tanto, manifestó que la concreción del dilatado TLC con la UE abriría la cancha para Uruguay. "Es la llave para jugar en otra liga", graficó. El académico sostuvo que si no se tienen acuerdos con ninguna economía desarrollada "estás jugando en la B". Cerrar el TLC con la UE jerarquizaría al bloque e incrementaría el atractivo del Mercosur de cara a otros posibles socios comerciales, explicó.

"Si se cierra un acuerdo con la UE es muy probable que Estados Unidos aumente su interés en negociar con el Mercosur", ejemplificó Bartesaghi.

El experto también destacó la necesidad de dejar de mirar a Asia solamente como un demandante de materias primas y productos básicos. La clase media emergente está en China, India y los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por su sigla en inglés) y son mercados cada vez más dispuestos a adquirir productos con más valor agregado.

Según Bartesaghi, "toda esa película no la estamos viendo, no hay nada serio en la agenda del Mercosur que tenga un acercamiento a estos países, lo que me parece grave".
En este contexto, agregó, sería aconsejable comenzar a prestar atención, por ejemplo, a los países del sudeste asiático (Indonesia, Malasia, Singapur, entre otros), donde hay oportunidades para tener "aperturas intermedias".

La relación exportaciones-empleo

Vaillant, de la Universidad de la República, alertó acerca de la cantidad de empleos que dependen de la demanda externa del país.
Dijo que mientras que a fines de la década de 1990 el empleo directo e indirecto que en Uruguay dependía de sus colocaciones en el exterior era de alrededor de un 15% de toda la fuerza laboral, hoy asciende a más de un tercio. La dependencia se vuelve todavía más aguda si se deja de tener en cuenta el empleo público: más de la mitad del empleo privado en Uruguay dependería de la demanda desde el exterior, dijo. "Si Uruguay tiene un problema de demanda externa, tiene un problema de demanda de trabajo inmediatamente", señaló el investigador.


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