3 de diciembre 2020 - 16:54hs

Era una meta lejana de alcanzar y ahora parece que nunca llegaremos a ser 4 millones; incluso se proyecta que dejaremos de ser 3 millones y pico. Con un mercado interno chico, achicado, es claro que las posibilidades de crecer son hacia fuera, pero las chances de lograr acuerdos comerciales parecen también lejanas. De eso quiero hablar en esta entrega de Rincón & Misiones.

Empantanados

Entusiasmo en la Torre Ejecutiva, frialdad en el Palacio Santos, nerviosismo entre empresarios, comentarios en corrillos diplomáticos, expectativa de prensa, y el tiempo pasa. ¿Habrá acuerdos comerciales que se concreten en este período de gobierno? El presidente los quiere, los considera necesarios, planteó la necesidad de apretar el acelerador en acuerdos comerciales y eso es parte de su programa de gobierno, pero una cosa es la voluntad política y otra, el marco de posibilidades.

En el campo de la diplomacia uruguaya se asume que las chances son nulas, y habrá que apelar a lo más puntual, a lo más concreto. No hay chance de un acuerdo tipo TLC o de formato parecido con otros países, aseguran en la sede de la diplomacia. Seguirán los discursos y las declaraciones sobre la importancia de un acuerdo comercial entre Mercosur y Europa para bajar impuestos a las exportaciones y derribar otras barreras a la venta de bienes, pero están convencidos de que eso termina en la nada.
¿Y con China?
“Tampoco; no se puede”

La respuesta es tan fría como contundente, y con la aclaración de que no se trata de ser optimista o pesimista, sino de ser realista.

¿Por qué no se puede?

En un caso, como el de la Unión Europea, porque no hay condiciones ni en Europa ni en el Mercosur para llegar a un acuerdo, según razonan en el gobierno.

En otros casos, como China, porque el Uruguay es rehén de las reglas que tiene con sus socios del bloque Mercosur y no alcanza con tener voluntad, arrojo, decisión, para negociar por su cuenta, ni es tan sencillo que haya algún tipo de permiso para “cortarse” solo.

Y tampoco se trata de alguna especie de “vista gorda”, como gesto de los socios de permitir que el país chiquito haga alguna jugada por su cuenta; eso no corre porque hay tratados y obligaciones comunes en el Mercosur.
“Cuando se pone como ejemplo el acuerdo con México, se olvidan que Uruguay pudo hacerlo porque había un tratado marco con todo el Mercosur y luego cada país hacía su negociación”, dicen en Cancillería para advertir que eso no se puede tomar de referencia para hacer algo similar con China.

Diego Battiste

El corset del Mercosur

Esta semana se cumplieron 35 años del puntapié inicial de este partido, que primero generó esperanzas de desarrollo en Uruguay y ahora se siente como un corsé molesto.

El 30 de noviembre de 1985 en Foz de Iguazú se firmó un acta bilateral entre Argentina y Brasil para crear una comisión mixta que allanara el camino de “integración”.

Los presidentes de Argentina Raúl Alfonsín y de Brasil José Sarney, suscribieron dicha acta que se recuerda como la “Declaración de Foz de Iguazú” y a partir de entonces pusieron a trabajar a diplomáticos y economistas en la exploración de acuerdos comerciales bilaterales.

El segundo paso se daría el 29 de julio de 1986 con la firma del “Acta para la Integración Argentino-Brasileña”, que estableció el “Programa de Integración y Cooperación Económica”, lo que por entonces no se veía más como impulsos de retórica integracionista, ya que se estaba acostumbrado a discursos que no concluían en algo concreto.

Pero dos años después, los dos países suscribieron el “Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo”, en el que sí se hablaba de la “remoción de todos los obstáculos tarifarios y no tarifarios al comercio de bienes y servicios en los territorios de los dos Estados Partes”, con el compromiso de hacerlo “en un plazo máximo de diez años” (artículo 3º del TICD).

Y en julio de 1990, Argentina y Brasil firmaron el “Acuerdo de Complementación Económica Nº 14” que fue suscrito ante ALADI.

Ahí sí, se comprobó que iba en serio.

Uruguay se sumó al proceso, porque quedar afuera sería suicida para las exportaciones; y Paraguay también lo hizo, lo que derivó en marzo de 1991 en el “Tratado de Asunción” como partida de nacimiento del Mercado Común del Sur, el Mercosur.

Surgió como una zona de libre comercio (sin aranceles a exportaciones entre los socios) y cuatro años después, en la cumbre de Ouro Preto, mutaría a una “unión aduanera”, que implica política comercial común de los socios para otros países o bloques. Ahí quedó puesto el corsé que incomoda hoy. 

Cada vez menos

Ahora, las proyecciones demográficas que hacen especialistas del BPS y de la Universidad de la República muestran que Uruguay dejará de crecer en población y comenzará a achicarse a partir de 2050, algo inédito.

Al terminar la Guerra Grande, cuando el Estado trataba de asentarse, había poco más de 130 mil personas en todo el país. Al comenzar el siglo XX se llegó a la cifra del millón, lo que quedó registrado en el censo de 1908, con un total de 1.042.686 habitantes.

Maite Gallego

Al comienzo de los años 60 ya se había llegado a dos millones y medio de personas, y poco después del retorno de la democracia se pasó la cifra de “tres millones”. El crecimiento poblacional ha sido lento.

El censo de 1996 contabilizó 3.163.763 habitantes, el de 2004 dio 3.241.003 personas y el de 2011 mostró una población de 3.286.314.

Las proyecciones para 2050 daban un total de 3,5 millones, pero la actualización que hacen los expertos muestra un quiebre de tendencia.

La “Nota Técnica No. 1” de la Comisión de Expertos en Seguridad Social (CESS) concluye que “hasta el año 2040 la población de Uruguay continuaría creciendo a un ritmo muy lento hasta alcanzar 3.54 millones” y que “a partir de allí la población comenzaría a descender hasta ubicarse en 2,757 millones en 2100” (Nadya Camerosano, de la Asesoría Económica y Actuarial del BPS, junto a demógrafos).

Sin tener ese documento a la vista, el presidente Lacalle Pou ya había establecido la importancia de atraer no solo inversores extranjeros, sino familias residentes, argentinos u otros que decidan mudarse al Uruguay. Esa cifra es una proyección, puede ser cambiada con hechos.

Aparte del desafío que esa tendencia genera para el régimen jubilatorio, los números muestran que el mercado interno uruguayo no solo es chico, sino que tiende a achicarse más, bastante más chico, lo que implica que se hace más importante generar acuerdos comerciales para que las empresas instaladas en Uruguay tengan a quien venderle, en condiciones de competencia al menos similares que otros países.

Pero … “no se puede”. Parece que realmente no se puede. Entonces, el desafío estará en cómo lograr que sí se pueda, porque de lo contrario, con un mercadito chico y sin inserción comercial en serio, atraer inversiones será una quimera.

Poco feliz cumpleaños para el “Acta de Foz de Iguazú”.

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