Mi impresión acerca de la actitud proactiva de los integrantes de la cadena ovina no es nueva y se parece mucho a la resiliencia, es decir, la posibilidad de transformar un fracaso en una oportunidad. En este caso, el partido del rubro ovino se está jugando en toda la cancha: en la investigación, donde la genética logra avances en el afinamiento de la lana y en la producción de carne; en el campo, donde los productores disponen de paquetes tecnológicos de manejo moderno; en la industria, con un cordero pesado que es premium en los mercados más exigentes; y en los escritorios, con el apoyo del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), y de otras instituciones, como el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).
Dos platos de sopa
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario