3 de enero de 2015 20:56 hs

El sexto año en la Casa Blanca del primer presidente negro, Barack Obama, fue el del resurgir de la tensión racial en Estados Unidos (EE.UU.), con violentos enfrentamientos entre la Policía y minorías que evocaron los históricos disturbios de la década de 1960.

Cuando el 9 de agosto de 2014 del joven negro Michael Brown murió a manos de un agente blanco, la protesta racial se extendió desde la pequeña localidad de Ferguson (Misuri) a más de 170 ciudades de todo el país. Las zonas en las que se vivió la tensión con especial intensidad fueron Nueva York, Washington DC y Los Ángeles.

La más trágica expresión de ese malestar fue el asesinato a tiros de dos policías neoyorquinos, Wenjian Liu y Rafael Ramos. El hecho ocurrió el 20 de diciembre y fue ejecutado por un afroamericano que quería vengar a los ciudadanos negros fallecidos a manos de agentes.

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El diagnóstico es unánime y coincide con el de hace medio siglo: tras décadas de lucha por la igualdad en los derechos civiles en la nación, aún persiste una desconfianza crónica entre la Policía y las minorías.

Brown fue asesinado con varios disparos por un agente blanco en circunstancias por esclarecer, cuando iba desarmado. No obstante, un gran jurado decidió que no había pruebas suficientes para imputar al policía.

Tampoco hubo cargos contra el policía involucrado en la muerte del también afroamericano Eric Garner, que falleció en julio en Nueva York tras ser inmovilizado con una llave ilegal.

Estos dos casos desencadenaron las mayores movilizaciones y forzaron al gobierno a situar la discriminación racial por parte de la policía entre las prioridades de la agenda.

En los primeros meses de las protestas fue Eric Holder, el primer secretario de Justicia negro de EE.UU., el que lideró la respuesta del Ejecutivo ante la indignación y violencia en Ferguson. Desde entonces, ha impulsado en su departamento investigaciones independientes.

La extensión de las protestas a toda la nación en noviembre tras la no imputación de los agentes que mataron a Brown y a Garner elevó el asunto a primerísima línea política.

El presidente Obama se puso a la cabeza de la respuesta de su gobierno con un discurso a la nación en el que pidió paz y prometió soluciones.

Frenar la tensión
El Ejecutivo de Obama trabaja ahora en un paquete de directrices para acabar con la discriminación racial por parte de la Policía. Al mismo tiempo, las autoridades locales, estatales y federales buscan calmar la tensión que, con intensidad variable, se mantiene desde agosto.

“En demasiados lugares de este país existe una profunda desconfianza entre las fuerzas de seguridad y las comunidades de color. Parte de esto es el resultado de una historia de discriminación racial, algo que resulta especialmente trágico porque nadie necesita más la protección policial que las comunidades pobres con altos índices de criminalidad”, diagnosticó Obama desde la Casa Blanca tras conocer el fallo judicial del caso Brown el 25 de noviembre.

Un pasado que vuelve
Los sucesos de este 2014 trajeron a la memoria colectiva otros similares, como el de Trayvon Martin. El adolescente afroamericano murió en Florida hace dos años a manos del vigilante voluntario George Zimmerman, a quien un jurado declaró no culpable.

La ola de disturbios que desataron las muertes de Brown y Garner evocaron asimismo las violentas protestas raciales de la década de 1960 y evidenciaron que el debate racial en Estados Unidos está lejos de haber sido superado.

En 1968, la comisión establecida por el entonces presidente estadounidense Lyndon B. Johnson para analizar el origen de los disturbios llegó a las mismas conclusiones que ha dejado Ferguson medio siglo después.

“La Policía debe ser más diversa, evitar las actuaciones desproporcionadas, y vivir e integrarse en las comunidades donde reside”, era una de las recomendaciones de la Kerner Commission. La misma es idéntica a la extraída tras la muertes de Brown y Garner en pleno 2014.

“La confianza es muy importante, pero también es frágil. Requiere que la fuerza sea usada de manera adecuada. Las fuerzas del orden deben reflejar la diversidad de las comunidades a las que sirven”, señaló el fiscal general, Eric Holder.

Construir esa confianza entre Policía y minorías es uno de los grandes retos de Estados Unidos para 2015.

Este año que inicia será primordial que se sanen las heridas reabiertas en los últimos meses, en un país con una dura y demasiado reciente historia de discriminación racial. (EFE) l

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