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Dito Da Silva tiene un pasado con historia en Peñarol

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El campeón de la Libertadores que esquilaba ovejas, y tras dejar Peñarol fue albañil: la vida de Eduardo Da Silva

Fue campeón con Peñarol de la Copa 1987 y en vez de a festejar el gol con Aguirre, se lo gritó en el piso a Falcioni; esquiló ovejas, fue campeón de América con Uruguay, y luego fue albañil; hoy es captador aurinegro; la vida de Eduardo Da Silva

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22 de enero de 2022 a las 05:01

En noviembre de 2013, la Cámara de Diputados elevó al senado para que se votara que el centro poblado de Estación Cuaró fuera “elevado a la categoría de Pueblo”. Hasta allí, era un centro poblado y en ese lugar, a 60 km de la ciudad de Artigas, hace 55 años, nació Eduardo Da Silva.

El único transporte que había para llegar era el tren y mientras Primitiva, su mamá, trabajaba lavando ropa para las estancias del lugar, su padre Lidio era tropero, domaba caballos y trasladaba ganado. Eduardo era el menor de 12 hermanos y el consentido de todos.

Viajar en tren era toda una aventura para aquel niño y recuerda cuando viajaron a las Termas del Arapey, en Salto, y que su hermana María lo ayudó en una circunstancia especial.

En sus comienzos con Peñarol; Dito Da Silva fue creciendo con el paso de los partidos

“Mis hermanos estuvieron haciendo comida para llevar y pasar el día y yo tenía la expectativa de que el tren pasaba a las 3 de la mañana. No disfruté mucho porque llegué con paperas y me bañé sin saber que tenía, y es peligroso bañarse con paperas. Mi hermana María me vio temblando acurrucado y me colocó hojas de una planta que untó con aceite y le agregó papel de estraza y con eso bajó la inflamación”, dijo Dito Da Silva, como se lo conoce, a Referí.

Iba a la escuela de tiempo completo de 9 a 15 a caballo con uno de sus hermanos, y a la vuelta entraba las vacas de ordeñar. “Nuestros juegos eran correr a caballo con una vara de un árbol, correr carreras dentro de una rueda de tractor (yo me metía y otro me empujaba) y hacer equilibrio arriba de un tanque de 200 litros dado vuelta”.

Obdulio Trasante, Antonio Alzamendi y Alfonso Domínguez en primer plano con la Copa América ganada, mientras en el fondo se puede apreciar a Eduardo Da Silva

Cuenta que había pelota, “pero en campaña era difícil tener de cuero, el que la tenía era rico”. Entonces hacían “pelotas de pasto dentro de una bolsa de nailon que se abollaba, a veces usábamos la vejiga de la vaca y la inflábamos, o sino, la típica de plástico”.

En campaña “juntaba pasto seco para cambiar las camas de las vacas o los chanchos, juntaba las vacas, aunque no llegué a ordeñar, pero sí tomar la leche recién ordeñada en una lata de duraznos en almíbar, y le echaba un poquito de azúcar. ¡Riquísima!”.

A los ocho años se fueron todos a vivir a la capital del departamento, Artigas. A esa edad, el maestro de su nueva escuela lo vio jugando al fútbol en el recreo y se lo llevó a su club, Independencia, de baby fútbol. Duró poco allí y pasó a Peñarol de Artigas.

Con 12 años, de agosto a diciembre estaba la esquila y Dito ya hacía el curto de mecánico tornero en UTU. “Trabajé tres zafras, primero de barredor, luego de tirador de vellón y a los 14 pasé a la mesa como ayudante de atador, Cuatro de mis hermanos fueron campeones nacionales de esquila en el Prado”, comenta orgulloso.

Jugando en ese club artiguense, le llegó la primera citación de Pepe Etchegoyen para la selección uruguaya juvenil en 1983 y la misma, tuvo ribetes increíbles.

“Mientras yo estaba en la esquila en una estancia en Paso del León, a 65 km de Artigas, un dirigente de Peñarol de Artigas fue a casa para decirle a mi madre que me habían citado de la selección y que tenía que viajar a Montevideo. Mi vieja le dijo que yo estaba lejos, en campaña. Entonces mi familia mandó un telegrama a la emisora La Voz de Artigas para que fuera leído. Mientras esquilábamos, nosotros escuchábamos esa emisora y allí dijeron mi nombre. Así me enteré, por la radio. Me fui enseguida haciendo dedo hasta mi casa y desde Artigas, me fui para Montevideo y me presenté en CAFO”.

Aquel gurí de campaña llegó y se encontró con el Pato Aguilera, Zalazar, Ruben Sosa y Coquito Rodríguez, entre otros.

Da Silva tuvo a varios técnicos importantes en su carrera como Pepe Etchegoyen, Gutiérrez Ponce, Máspoli, Tabárez, Menotti y el Pato Pastoriza, entre otros

El Sudamericano fue en Bolivia y estuvo el en grupo hasta el final, porque no se sabía si Aguilera viajaba o no. “Me habían dado la ropa de viaje, el traje y todo. Pero al final, viajó el Pato y yo me volví a Artigas con un bolso lleno de ropa de Uruguay. Fue una experiencia espectacular: de estar esquilando a conocer a esos monstruos. Estaba maravillado y no fue una decepción”.

Aníbal Gutiérrez Ponce lo llamó para el Sudamericano juvenil de 1985 y en diciembre de 1984, tras entrenar, no tenía dónde ni con quién pasar las fiestas, por lo que el técnico se lo llevó a su casa para que las pasara allí. Claro, estaba tan lejos de Artigas que no tenía tiempo de volver con su familia.

En pleno torneo en enero de 1985, Coquito Rodríguez le dijo que Peñarol estaba interesado por él y que lo iban a ir a buscar. Pero en febrero el que lo fue a buscar fue Nacional. Los dirigentes de Peñarol de Artigas le dijeron que estaba todo arreglado. “Yo no voy”, les contestó Dito ya con personalidad. Se acordaba de lo que le había dicho Coquito, y él quería jugar en los aurinegros. Recién en marzo apareció la oferta y se vino al club en el que triunfaría.

En junio, Peñarol presentó a quiénes iban a acompañar a Néstor Goncálvez en la captación: además de Néstor, en la foto aparecen Ricardo Viera, Mauricio Steiner, presidente de la Comisión de Captación de Peñarol, Juan Susena, presidente de las formativas del club, Eduardo Da Silva, y el dirigente de inferiores, Federico Terryn

Dice que hace poco y de casualidad, se enteró cómo fue su primer contrato. “Venía a préstamo a Peñarol por un año con una opción de US$ 20 mil. El club terminó haciendo uso de la opción. La copia del contrato me llegó por una sobrina que trabajó con una escribana y lo encontró”.

En Artigas se consumía mucho más el fútbol de Brasil, como también sucede hoy, entonces tenía como ídolos de la adolescencia a Sócrates, Toninho Cerezo y Falcao. Aunque había un jugador que le encantó en el Mundial de España 82: el francés Jean Tigana.

Llegó a la pensión que tenía Peñarol en la calle Ejido y estuvo dos días y una noche, porque lo fue a buscar Coquito Rodríguez y lo llevó a vivir con su familia. “Fue una suerte, porque ahí viví en una familia como la mía. La madre y el padre, fueron mis segundos padres. No extrañé a mi familia de esa manera. Recuerdo que la primera vez que fui a la rambla, vi las luces de los barcos a lo lejos y pregunté qué barrio era aquel y todos se reían. No podía creer”.

La captación de Peñarol trabaja con Da Silva y el Zurdo Ricardo Viera como nuevos valores desde mitad del año pasado, con la supervisión de Nëstor Goncálvez

Llegó a Peñarol, estuvo muy poco en inferiores y fue ascendido a Primera por Roque Máspoli. En el medio jugaban Miguel Bossio, Mario Saralegui y José Luis Zalazar. “¡Por favor, mirá qué nenes!”, dice.

Debutó contra Bella Vista en el Estadio Centenario. “Jugar con Peñarol allí fue una cosa de locos. El peor castigo que teníamos en esa época era salir y ver el estadio medio vacío porque el club había estado un tiempo que anduvo mal”.

Recuerda que el primer gol clásico fue contra (Gualberto) Velichco y ganaron 3-2 en 1985.

“Yo disfrutaba más de una asistencia que de un gol hecho por mí. Era frío para jugar, no sentía mucho la garra, era como (Marcelo) Zalayeta”, explica.

Eduardo Da Silva, Nelson Gutiérrez y Alfonso Domínguez luego de terminado el partido en el que Uruguay venció 1-0 a Argentina en el Monumental de Núñez por la Copa América 1987

Al poco tiempo de firmar, se fue de gira a Europa y a Saralegui lo vendieron a Elche. “Vendieron a Mario y Roque me puso a mí. Conocer Europa fue toda una aventura. En Marbella había una playa nudista, yo no tenía ni novia en Artigas, fue algo espectacular lo que se vivió. Jugamos contra Inter que tenía a Briegel, Rummenigge, Altobelli, Tardelli, Bergomi, Zenga. Yo ya estaba feliz por encontrar a Saralegui y a Bossio, a Alzamendi y todos me ayudaron”.

Para toda su vida le quedó una anécdota por su forma de jugar: “Mi característica era jugar bonito, tirar caños. En una práctica me salió un caño a Bossio, ni siquiera lo tiré. Luego me estaba bañando y golpearon la puerta. ‘¿Puedo pasar Brasilero?’, dijo una voz. Era Bossio y me dijo: ‘Mirá, te quiero decir una cosa. Hiciste una jugada muy linda, pero si no te veo tirar caños en un partido oficial, no me los tires más en una práctica’. Yo le contesté: ‘Bueno, disculpe’. ‘No pasa nada, solo te digo eso’, me respondió. Teníamos esa gente para encaminarnos y no dejar que nos desviáramos”.

Máspoli era “un padre. Pasábamos muy lindo. Jugábamos a las bochas, le gustaba el tute, el juego de convivencia. En esa época fuimos muy felices con él. Hablaba poco, pero sabía muchísimo de fútbol. No buscaba palabras rebuscadas, pero te llegaba, lo poco que decía era lo justo”.

El poster de la revista argentina Solo Fútbol, con Peñarol campeón de América 1987; en primer plano de los sentados abajo aparecen de izquierda a derecha, Gustavo Matosas, Eduardo Da Silva, Jorge Villar y Diego Aguirre

El arquero Eduardo Pereira era suplente de Fernando Álvez. En esa gira por Europa, estaban entrenando en Milán y se prendieron los regadores. “A mí nunca me gustó entrenar y empecé a decir: ‘Vámonos que nos estamos mojando todos’, pero no encontraba eco en nadie y seguí entrenando. Entonces Eduardo me dijo: ‘Mirá Brasilero, estás en Peñarol, aprovechá cada minuto’. No me olvidé más. Hoy falta ese espejo, esa persona que te encamine y que te pueda marcar en un momento especial de tu carrera, porque estás en Peñarol. Hoy están el Indio (Olivera), Pablo Javier (Bengoechea), el Gaby Cedrés, el club tiene un muy buen equipo de trabajo. Peñarol no tiene tiempo para crear ídolos como antes, el último fue Tony (Pacheco)”.

El equipo titular que ganó la final del Campeonato Uruguayo de 1986 ante Nacional; fue la noche del 6 de enero de 1987 y Dito Da Silva entraría en el segundo tiempo para patear y anotar un penal en la definición

Fue campeón uruguayo 1985 y 1986 con Peñarol. Este último torneo lo disfrutó más porque se definió en la noche de Reyes de 1987 y por remates desde el punto penal luego de empatar 0-0. Él pateó uno y lo convirtió: “Se dio un torneo increíble, porque nosotros fuimos segundos, pero los dirigentes de los grandes habían acordado que, si Peñarol quedaba un punto debajo de Nacional, se definía con una final, ya que, al comienzo, nosotros no jugamos un encuentro. El estadio estaba repleto. Fue uno de los partidos más importantes de mi carrera. Yo le pegaba bien a la pelota, había hecho goles de tiro libre. La caminata desde la mitad de la cancha, no terminaba más. Llegué decidido y la tiré a la izquierda de Velichco, arriba. Yo tenía una facilidad que, sin mostrar mucho el remate, podía sacar uno fuerte o abrir el pie y colocarla. Tomé carrera como para pegarle fuerte y la coloqué a la izquierda del arquero. Disfruté cuando Gustavo (Matosas) nos dio la gloria con el último”.

Ese año traería alegrías con Peñarol y con la selección uruguaya.

Este cuadro se encuentra en la concentración de Los Aromos: los ocho futbolistas que le ganaron el clásico de los ocho contra 11 a Nacional en 1987; Dito Da Silva está en él

Jugó todo el clásico recordado de los ocho contra 11 en el que si perdían, los dirigentes iban a cesar al Maestro Óscar Tabárez. “Es increíble, pero lo iban a echar. Cómo se dio ese clásico fue notable. Cuando nos quedamos con tres menos, hablamos en la cancha: ‘Hay que hacerse más fuertes que nunca, dejar todo y un poco más’, y así logramos meter el segundo gol y ganar. Porque no hay otra, no hay forma de pensar que con ocho le vas a ganar a 11. Teníamos 95% a 5% de posibilidades de que lo podías perder”, cuenta Da Silva.

Peñarol jugó una gran Copa Libertadores y llegó a las semifinales con Independiente y River argentino.

Da Silva quedó grabado en la memoria por hacerle un gol a Independiente en la revancha en Avellaneda en el triunfo por 4-2. Era la primera vez que el rojo perdía en esa cancha por Copa contra un extranjero.

Pero Dito explica que “acá, en la ida, Peñarol le dio un baile, maniató a Independiente en todos lados. Fue el mejor partido que vi de Peñarol, ese 3-0. Yo jugué 10 minutos porque se lesionó Matosas. Allá, jugamos de contragolpe, hicimos un gran partido, se hizo de hacha y tiza, pero teníamos el juego ideal para poder dañarlos con el Petiso (Jorge Cabrera) y el Pollo (Daniel Vidal), y Diego (Aguirre) toda pelota que tocaba, era oro. Fui la tapa de El Gráfico”.

Eduardo Da Silva y su golazo a Independiente en Avellaneda fueron la tapa de la prestigiosa revista argentina El Gráfico

De las finales contra América de Cali, recuerda que los días previos fueron marcados por cositas chiquitas de los rivales hacia nosotros “como (Juan) Battaglia en el ascensor del hotel de Santiago con la camiseta de Nacional, y las dos finales, en Colombia y acá, Falcioni haciendo tiempo. Por eso, en el gol de Diego en Chile, en vez de salir corriendo a festejar, le empecé a gritar a Falcioni en el piso porque lo tenía atragantado. Me acuerdo de (Jairo) Ampudia llorando en el área”.

En este video de un coleccionable de El Observador, se puede ver no solo el gol de Diego Aguirre a América de Cali, sino la reacción de Da Silva gritándole el gol a Falcioni.

En ese grupo se sentaban y hacían la autocrítica mirándose a las caras, se decían lo bueno y lo malo que pensaban que habían hecho y les sirvió muchísimo.

Así lo explica: “Teníamos una manera de repasar cada partido: nos sentábamos en una habitación y hablábamos de defectos y virtudes de cada uno, nadie lo tomaba a mal, nos sirvió muchísimo como autocrítica”.

Cuenta que Tabárez era “muy meticuloso, muy estudioso, muy respetuoso y no se le escapaban detalles, planificaba y trabajaba muy bien en el campo. Era un técnico joven, rodeado con el profe (José) Herrera que era espectacular. Un genio”.

Eduardo Da Silva hace lo que puede en medio de la nieve de Tokio en el partido contra Porto por la final de la Copa Intercontinental de 1987

Luego llegó la final de la Copa Intercontinental en la nieve en Tokio. “Jugar en la nieve fue otra cosa increíble. Los días anteriores hacía frío, pero con sol. El Petiso Cabrera se levantó y me dijo: “¡No sabés, Negro, está todo blanco, no se ve nada!’. Y yo le contesté: ‘Dale, tranquilo’. Cuando me asomé y vi todo aquello pensé que se suspendía el partido. No sé si fue por la televisión, pero se jugó. Ellos tampoco lo querían jugar”.

Ese año, también le tocó debutar con la selección uruguaya. Fue nada menos que contra Argentina de Diego Maradona. Entró por Ruben Sosa en el recordado 1-0 en el Monumental de Núñez por la Copa América 1987 de la que se consagraría campeón.

Dito Da Silva pasó de esquilar ovejas a la concentración de CAFO y a conocer al Pato Aguilera, el Cabeza Zalazar y otros futbolistas de gran nivel que tenía entonces la selección juvenil uruguaya

“Fue increíble por cómo se dio. Fui a esa selección porque La China (Enrique) Báez se lesionó. Roberto Fleitas dio la lista de 22 jugadores y luego la de 18. A La China se le abrió la frente en una práctica y no le daba para llegar a la Copa y entonces fui yo. Y, además, increíblemente me tocó entrar contra Argentina y al otro partido, fui campeón de América”, explica.

Y añade: “Jugábamos contra una potencia, campeón del mundo, con Maradona en su mejor momento y tuvimos la mano de Dios con la atajada de Eduardo (Pereira) en el cabezazo de (Juan) Funes. Si era gol, nos llenaban de goles. Pero teníamos la varita del mágico Enzo (Francescoli), además del Hormiga (Alzamendi) y de Ruben (Sosa). Tenía buen equipo Uruguay. Tengo la medalla guardada. Llegué y me fui para Artigas, nada de festejos, como era tradicional en mí”.

El debut de Dito Da Silva con la camiseta de la selección uruguaya, quien entró al trote; fue ante Argentina en el Monumental de Núñez en el triunfo por 1-0 en la Copa América de 1987 e ingresó por Ruben Sosa

Con el tiempo llegó César Luis Menotti a dirigir a Peñarol. Da Silva ya estaba lesionado del ligamento roto “y sufriendo el deporte. Un día estábamos haciendo fútbol y se arrimó el flaco con el short y sin camisa broncéandose y me dijo: ‘Decime una cosa: ¿Sos Dito o sos el hermano?’, como diciendo, ¿dónde está aquel jugador?. Es que no podía entrenar bien por mi lesión. Sufría mucho. Si te sentabas a hablar con él, era como escuchar a Fernando Morena. Me levantaba temprano en invierno con el fuego prendido para escuchar a Fernando con millones de anécdotas. Te hablaba de todo un poco. Y el Flaco era igual, para marcarte una jugada, iba a Argentina 1978. Lo que pasó es que quiso jugar a un sistema como el achique que no teníamos jugadores para aplicarlo. Era un libro abierto”.

En una acción del partido entre Uruguay y Argentina por la Copa América de 1987, aparecen el árbitro Jácome de Ecuador, Pablo Bengoechea y Eduardo Da Silva

Washington Cataldi era el presidente y hubo un problema en una reunión por premios y nunca supo si fue por eso, pero a él y a otros, los separaron del plantel principal justo cuando llegó el yugoslavo Ljubo Petrovic a dirigir.

“Tiene que haber sido una decisión de directiva, porque Petrovic recién había venido y yo ni había entrenado con él, no me conocía. Fuimos con otros compañeros a entrenar a la Tercera y el técnico era el Indio Olivera y cuando llegamos nos preguntó por qué nos habían bajado y le comentamos que ninguno tenía idea. Nos dijo, ‘entrenen como locos, pero no los voy a poner y si me vienen a preguntar los dirigentes, yo sabré lo que decir’”.

En un partido de Peñarol y River en el Saroldi, Dito fue a verlo y estaba Amadís Errico con el Pato Pastoriza. Me dijo: ‘¿Qué hacés?’. Le conté que estaba en Tercera y me dijo que me llevaba para Talleres de Córdoba. Yo tenía lesión de cruzados que acá no se operaba, entonces casi que ni jugaba. Le comenté: ‘Pato, mirá que yo no paso ningún examen médico’. Y me contestó: ‘Vos te venís conmigo. No hay examen médico. Quiero sacarme el gusto antes de morirme de que juegues en mi equipo’. Tuve la suerte de tener muy buenos entrenadores”.

Da Silva trabaja en la actualidad en la captación de Peñarol y es técnico de la generación 2011

Cuando quedó libre en Peñarol tras Talleres, fue a Brasil y estuvo 15 días entrenando en Internacional de Porto Alegre con Falcao como técnico, justo uno de sus ídolos de la niñez.

Pero cuando dio el sí para que se quedara, no pasó el examen médico porque, como era obvio, salió que tenía el cruzado de una rodilla roto.

Dejó el fútbol muy joven, antes de los 30 años, debido a las lesiones en la rodilla. Entonces comenzó a trabajar con uno de sus hermanos en la construcción como medio oficial y hacía trabajos de albañilería como peón.

El equipo de Peñarol campeón en Chile de la Copa Libertadores 1987; Dito Da Silva es el segundo de los agachados desde la izquierda, entre el Pollo Vidal y Diego Aguirre

“Estuve dos años separado del fútbol trabajando en la construcción. Mi hermano Roberto era capataz y el ingeniero era Gustavo Amor (sobrino del exdirigente Juan Carlos Amor e hijo de Roberto Amor, quienes hicieron de todo para que Alberto Spencer no se volviera a Ecuador luego de que llegara a Montevideo para defender a Peñarol). Gustavo le preguntó: ‘¿Qué sabe hacer?’. Y mi hermano le dijo: ‘No sabe hacer nada’. ‘Bueno, dale tráelo igual' le contestó el ingeniero y me fui a trabajar en una obra en Fray Bentos”.

Un día se encontró con el Turco Jorge Aude que era técnico de Basáñez en la A. Jugaban entre otros José Batlle Perdomo, el Tío Carlos Sánchez, Enrique De los Santos, Alexis Noble, los hermanos Hugo y el Cuchillo Quevedo. Y fue a jugar para despuntar el vicio, porque seguía muy dolorido y lesionado de su rodilla. Se quedó seis meses y no jugó más.

Eduardo Da Silva busca eludir a Juan Gilberto Funes de Argentina, pero este le cometerá falta

Aún en la construcción, “un día estaba trabajando en el saneamiento de Avenida de las Américas con pozos de bombeo para OSE y Álvaro Regueira me ofreció trabajar con niños en el Elbio Fernández y me fui con él”. Luego también trabajó en el Náutico llevado por Carlos Novelli, a quien conoció en la preselección que fue al Mundial de Italia 90.

Con una pareja, también tuvo una empresa de camiones y un día Enrique Hananía fue a buscar a Lito Silva para que fuera su comentarista en la audición partidaria de Peñarol, pero el exjugador no podía. Entonces, contrató a Dito, quien estuvo varios años hasta que se fue a México por otro trabajo que consiguió.

Las tres medallas que guarda Eduardo Da Silva como un tesoro; la del medio fue entregada por la Conmebol por ganar la Copa América 1987, en tanto que las otras dos, se las entregó la AUF

Hoy trabaja en la captación de Peñarol y es técnico de la categoría 2011. “Además de dirigir, miro baby fútbol sábado y domingo haciendo la captación, y los domingos de mañana dirijo la +45 de la Scuola Italiana”.

Además, trabaja en una empresa de congelados preparando los pedidos y a veces entregándolos.

Tiene dos hijos, Florencia, -quien vive en Barcelona y tuvo a su nieto Matías de siete años-, y Luis Eduardo.

Eduardo “Dito” Da Silva la llevaba atada al pie. Era de esos futbolistas que no abundan y que tuvo mucha mala suerte con lesiones que antes, no se podían curar en Uruguay. En poco tiempo le alcanzó para pasear su clase por las canchas, ganar la Copa Libertadores con Peñarol y la Copa América con Uruguay. Un símbolo del fútbol.

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