Jorge Villar fue fundamental en la Copa Libertadores de 1987 que ganó Peñarol

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El campeón de la Libertadores que fue panadero y de niño soñó que hacía un gol en una final: la vida del Bomba Villar

El exdelantero fue autor del tiro libre más famoso de la historia de los carboneros
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04 de noviembre de 2023 a las 05:01

El Barrio La Curva de Minas, ahí donde se encuentra el monumento a José Artigas, el cual hasta 2008 era la estatua ecuestre más grande del mundo, lo vio crecer. Y de niño soñó lo que cualquier jugador de fútbol quisiera en su carrera: que iba a hacer un gol en una final en el Estadio Centenario. Y como en un cuento, ese sueño se cumpliría años más tarde.

En aquel entonces, era abanderado de la bandera uruguaya en la Escuela 102 de su ciudad. “Tuve una niñez súper feliz. Era muy aplicado como alumno, tanto que me dieron la bandera uruguaya como abanderado. Mis padres y mis seis hermanos, me apoyaban mucho, ya que yo era el menor. Llegaba de la escuela, hacía los deberes e iba a jugar al fútbol a la falda del monumento a Artigas, el cual vi cómo lo construían. Nos llevaban de paseo en la escuela”, cuenta Jorge “Bomba” Villar a Referí.

Dice que eran “20 contra 20 y de todas las edades y jugábamos al fútbol ahí, a los pies de Artigas. Nosotros mismos habíamos hecho los arcos. Cortábamos leña en los montes cercanos y hacíamos los palos”.

Jorge Villar cuando aún era un niño en Minas

Pero más allá de que le iba muy bien en la escuela, tenía una zurda mágica para driblear y para pegarle a la pelota.

Su papá Gregorio era panadero y hacía trabajos de electricidad. Cuando terminó la escuela, empezó a estudiar en la UTU. “Me picó el bichito del tema de la electricidad y ayudaba a mi viejo. Me estaba yendo espectacular, pero me salió lo de Peñarol a los 14 años y vine a Montevideo”.

Su madre, María Josefa, se encargaba de sus siete hijos. Los horarios de su papá, como todo panadero, eran complicados. “Entraba a las 2 de la mañana hasta las 10 y luego desde las 14 a las 17”.

Peñarol es la segunda casa del Bomba Villar

El baby fútbol lo hizo en el club Centro de Barrio N° 1 y la cancha le quedaba a media cuadra. “En baby jugaba de 5, porque me gustaba andar con la pelota y no se la daba a nadie. Años después, en mayores, pasé a Sportivo Minas”.

Tenía 13 años y “laburé de panadero, hasta que me vine a Montevideo. Empecé de ayudante y al poquito tiempo se fue el maestro panadero y quedé yo. Cuando ya me contrató Peñarol con 14 años, en Montevideo, mientras entrenaba y jugaba, trabajé de repartidor en una farmacia. Lo hacía en bicicleta y menos mal que nadie necesitaba nada urgente, porque no conocía las calles. Trabajaba en la farmacia hasta las 12, almorzaba, y me iba hasta la calle Comercio a tomarme el 195 para ir a Las Acacias”.

Jorge Villar previo a un partido de Peñarol sobre finales de la década de 1980

Los Villar no tenían televisor. Escuchaban la radio. Y los partidos de Peñarol siempre. “Por lo poco que se escuchaba, en aquella época, Fernando Morena comenzó a ser mi ídolo. Después, en 1986 tuve la suerte de jugar con él. Me pasaron dos cosas: cuando vine para Los Aromos a concentrar sin estar aún en Primera, había compartido con él algunos días, y me pellizcaba mirándolo. Viste cuando te preguntás, ‘¿será cierto lo que me está pasando?’. Y después, cuando me subieron a Primera, volvía Morena al fútbol. A veces, cuando conocés a los ídolos, se te caen. Con Fernando fue al revés. Demostró tener una humanidad que no es común en las personas. Pasamos momentos difíciles y tuvo una empatía con nosotros como para sacarse el sombrero. Estuvimos como seis meses sin cobrar, nos prestó dinero a todo el plantel. Un día vino con la lista de los nombres de cada uno que tenía el profe en la que anotaba el kilaje, y dijo: ‘El que precise dinero, ponga la cantidad. No se hagan problema, después lo descuento cuando puedan’”.

Villar trabaja como intendente de Los Aromos desde 2011

¿Y cómo llegó a Peñarol? En 1982 se hizo el campeonato Uruguay 86 de todo el país y llegaban a Montevideo los cuatro mejores equipos, más dos de la capital. “Clasificamos con Minas para venir y en Montevideo el partido inaugural fue en el Estadio (Centenario) y los padrinos nuestros casualmente eran Roque Máspoli y Segundo González, a quien después tuve en Peñarol. Clasificaron Minas, Pando, Paso de los Toros, Colonia, Cerro y Buceo. Me vieron jugar ahí y fueron a hablar con mi club. Fueron Peñarol, Nacional y Danubio y mis viejos arreglaron con Peñarol. Fue la mejor propuesta y también por el sentimiento de la familia con los colores. Juan Carlos Ferme, fue quien fue a buscarme. Trabajaba en el Frigorífico Modelo y llevaba cosas a Minas para vender y a la vez, trabajaba en las inferiores de Peñarol”.

Tenía solo 14 años cuando llegó a Peñarol. Obviamente que todo era nuevo en una ciudad que era mucho más grande de lo que estaba acostumbrado. El primer año lo vivió en la casa de unas primas y se tomaba “el 156 para ir a Las Acacias”.

Jorge Villar junto a su esposa Silvia y su hijo Federico

“Hugo Fernández fue mi primer técnico en Sexta”, explica. Y recita de memoria aquel equipo: “Ferro; Tito (Goncalves), Libonatti, Salgado, Miguel Santos; José María Freire, el Canario Hernández, Fernando Leguizamón; el Pollo (Vidal), Gerardo Pilas y yo. Al año siguiente en Quinta, rompimos todos los récords: ganamos 5-1 y 4-0 los clásicos y fuimos campeones tres fechas antes. Hice 32 goles ese año”.

A ese gran equipo, al año siguiente se le sumó en ofensiva el zurdo Álvaro Izquierdo, mientras que de zaguero, no de volante, comenzó Gustavo Matosas.

“De esa Quinta citaron a nueve jugadores a la selección juvenil que dirigió (José Luis) Ayala en 1986, en un Mundial por invitación. Perdimos la final por penales con Marruecos y a mí me dieron el trofeo al mejor gol de tiro libre, que le hice a Italia. Jugábamos Ferro; Miguel Santos, Tito (Goncalves), Matosas, Nelson Cabrera; Freire, el Canario Walter Hernández, Gustavo Machado; Vidal, Poyet y yo”, cuenta.

El plantel de Peñarol de 1987 en Los Aromos, escuchando a un cantante; aparecen, entre otros, Gustavo Matosas, Obdulio Trasante, Jorge Villar, Óscar Ferro, Marcelo Rotti, Miguel Santos, Jorge Cabrera y Eduardo Da Silva

Roque Máspoli lo ascendió a Primera división en Peñarol. “Era un fenómeno como persona y también como técnico”, aunque cuenta una anécdota en la que el arquero campeón del mundo con Uruguay en Maracaná 1950, lo hizo enojar.

Se venía el clásico decisivo del Campeonato Uruguayo 1986, aquel torneo tan particular en el que los grandes llegaron a un acuerdo previo al inicio, y terminaron jugando una final, la que se disputó el 6 de enero de 1987.

Jorge Villar es un pedazo de Peñarol

“Roque era muy cabalero. Llegó la final y en Los Aromos habíamos entrenado penales. El golero suplente era (Robert) Siboldi. Yo le avisaba a la punta que se lo tiraba y le convertí dos de tres. El otro que pateaba era Walkir Silva e hizo los tres, pero no le decía nada a Siboldi de dónde mandaba la pelota. Al otro día en el clásico, veo que Roque en pleno segundo tiempo, manda a Walkir para adentro y ya me calenté. ‘¡Justo en la final me deja afuera!’, pensé. Se definió por penales y cuando le tocó a Walkir, lo erró, y Roque se dio vuelta y me dijo: ‘Este ayer hizo los tres y vos erraste uno y hoy lo erró’. Y yo le contesté: ‘Roque, ¿no escuchó que yo le decía a Siboldi para dónde iba la pelota?’. Lo bueno es que ganamos, dimos la vuelta olímpica y fuimos campeones en el clásico. De ahí me fui para 8 de Octubre y Garibaldi a tomarme un Núñez para Minas. Imaginate hoy a un jugador de Peñarol después de un clásico en esa esquina. Es imposible. Me subí al ómnibus y en la mitad del camino, se rompió en Solís de Mataojo, lejos de llegar. Nos bajamos y un bolso me miró y me dijo: ‘Esto es por culpa de ustedes’ y empezó a tirar los cohetes que le habían quedado de clavo”.

Debutó oficialmente y como titular por el Torneo Competencia de 1987 contra Bella Vista en el Nasazzi y Peñarol goleó 9-1.

Un viaje de Peñarol a Estados Unidos; en la foto aparecen Adolfo "Fito" Barán, Jorge Goncalves, Jorge Villar, Jorge Cabrera, Miguel Santos, y arriba, Óscar Ferro y Robert Siboldi

Así lo recuerda: “Anduve bien, pero en inferiores era goleador. Quería hacer goles. El golero de Bella Vista era Lugo. En la hora hubo un tiro libre en la media luna y se me paró Dito Da Silva, y le dije: ‘Ya hiciste un gol, dejame hacer uno’. Y me contestó: ‘Tranquilo, yo paso por arriba de la pelota’. Cuando me lo dijo, yo sabía que era mentira, y la colgó en el ángulo. Se me reía en la cara en el festejo (se ríe)”.

Para contextualizar, en aquel momento, el Bomba Villar tenía 20 años y solo dos meses después de debutar en Primera, ingresaba por la Copa Libertadores de 1987 a enfrentar a rivales de la talla de Independiente y River Plate argentino. Algo que no se ve prácticamente nunca en el fútbol.

El Bomba Villar anotó uno de los tiros libres más importantes en la historia de Peñarol

Cuenta que de aquella copa en la que fueron campeones, tiene “los mejores recuerdos. Arrancamos siendo uno más, incluso en la final, seguíamos siendo del montón para varios, y eso que le habíamos ganado a River e Independiente. Por eso es más lindo, no éramos campeones para nadie”.

En la final de ida en Cali, a los jugadores de Peñarol les hicieron de todo, tirándole gases en el vestuario antes del partido, por lo que tuvieron que salir de apuro. Perdieron 2-0 y se quedaron con la sangre en el ojo para el encuentro de vuelta en Montevideo.

Los ánimos estaban caldeados para esa revancha y más, luego de que Roberto Cabañas pusiera el 1-0 para América, enmudeciendo a un Centenario repleto.

Villar ingresó a los 64 minutos por el Pollo Vidal para intentar dar una buena mano arriba, y tan solo 4 minutos después, llegó el empate de Diego Aguirre.

Como había prometido antes del partido, Jorge "Bomba" Villar fue a festejar su golazo de tiro libre al portón en el que lo hacía Fernando Morena, y lo hizo junto a sus dos amigos de Minas

“Al poco tiempo que entré, le pegué mal a un rival, sin querer, llegué tarde y lo pisé. Me salió el gurí y le dije ‘disculpá’. Pasó Diego (Aguirre) por al lado mío y me recontraputeó, como diciendo, eso no se hace y menos en este partido”, recuerda.

Cuando faltaban 3 minutos para terminar esa final y el título se iba para Cali, llegó la jugada que lo hizo famoso. Quizás el tiro libre más importante en la historia de Peñarol, que lo clasificó a una tercera finalísima en Santiago de Chile.

Aquí se puede ver el golazo del Bomba Villar en la final de Montevideo, para el triunfo por 2-1 de Peñarol ante América, que forzó la tercera final en Santiago:

“Hay cosas que son inexplicables”, dice Villar a Referí. Y añade: “Son esas cosas que soñás de niño. Yo soñé de chico que iba a hacer un gol en una final en el Estadio. Cuando se dio el tiro libre, me di vuelta y se lo pedí al Maestro (Óscar Tabárez, el técnico aurinegro), y me dijo que le pegara. Delante de mí, tenía a grandes pateadores de tiros libres como el Pepe (Herrera), el Zurdo (Viera), el Chueco (Perdomo), Dito Da Silva… Todos le pegaban como los dioses y habían hecho varios goles de esa forma. Además, yo era un gurí. Pero me dieron la confianza. En Los Aromos, colgaba una bolsa del arco y entrenaba varios tiros libres a pegarle. En la final, cuando acomodé la pelota, levanté la vista y estaba la pelota, el último de la barrera y el palo. Viste cuando decís, ‘el rival no tiene chance’. Me tenía una fe bárbara. Vino un compañero y me dijo: ‘Bo, tenés que hacerlo’. Lo miré y le contesté: ‘La única manera que no sea gol, es que le erre al arco’. Fue el gol más importante de mi vida, la gente me reconoce por eso hasta hoy”.

Antes de la final, se había encontrado en la Platea América con dos amigos de Minas, el Salado Ramos y Bidi Suárez. Y les hizo una promesa: ‘Si hago un gol, vengo hasta el portón de la América con la Ámsterdam y me cuelgo, como lo hacía Morena’. Bidi me contestó: ‘Y yo te abrazo’. Y obvio que fui a festejar allí y después Bidi salió en todas las fotos conmigo”.

Todo el plantel de Peñarol antes de la finalísima de la Copa Libertadores de América de 1987 en Santiago

Esa fue la noche del 28 de octubre de 1987. Por eso, todos los 28 de ese mes y todos los años, Diego Aguirre lo llama

“Diego siempre me llama a las 8 de la mañana y me dice ‘gracias por tu gol, sin vos yo no existía’. Pero yo le digo: ‘Si vos no hacías el otro en Santiago, el mío no hubiera servido de nada”.

Y llegaron a Santiago a jugar el partido decisivo. El día antes, reconocieron la cancha del Estadio Nacional y fueron al arco en el que Fernando Morena anotó el 1-0 en la hora contra Cobreloa en 1982, que le dio la cuarta Libertadores a los carboneros.

“Solo reconocimos la cancha y fuimos al arco del gol de Fernando y conversando entre todos, alguien dijo: ‘¡Pah, mirá si hacemos un gol en este arco!’. Yo dije que hacía una promesa y que si se hacía un gol allí, me iba de rodillas desde la línea del arco hasta la mitad de la cancha. Y la cumplí. Soy muy creyente y cuando volvimos a Uruguay, le llevé los zapatos de la final a la virgen del Verdún”.

Con solo 20 años, Jorge "Bomba" Villar muestra orgulloso la Copa Libertadores de América ganada con Peñarol en 1987

Aquella final fue muy cerrada y con muchísimos golpes de parte de ambos equipos. A Villar le habían cometido un penal faltando 1 minuto, pero el árbitro chileno, Hernán Silva, no lo pitó. Así llegaron al épico alargue que recuerdan todos los manyas.

El Bomba había ingresado nuevamente por el Pollo Vidal, a los 72 minutos. Cuando se jugaba el alargue –en el que Peñarol fue más–, se dio una jugada increíble antes del recordado gol de Diego Aguirre.

“Cabrera me la dio y cuando le pegué, se fue apenas afuera. Quedé arrodillado mirando el reloj. Iban 13 minutos 45 segundos del segundo tiempo del alargue. Pensé que se terminaba todo”, recuerda.

El poster de la revista argentina Solo Fútbol, con Peñarol campeón de América 1987; en primer plano de los sentados abajo aparecen de izquierda a derecha, Gustavo Matosas, Eduardo Da Silva, Jorge Villar y Diego Aguirre

Una vez, Juan Vicente Morales, campeón con Peñarol en ese mismo estadio en 1982, contó a Referí que de la bronca y de la impotencia en esa jugada y porque se terminaba el partido, le pegó una piña a la pared. Resultado: se fracturó la mano y el brazo.

Pero había una jugada más. Cuando nadie lo esperaba y el reloj llegaba a los 15 minutos, la pelota derivó al Bomba, quien “asistió” a Aguirre para el gol.

Así lo cuenta: “Bajé la pelota, iba a enganchar para el medio y pegarle de derecha y que fuera lo que Dios quisiera. Pero apareció Diego expreso y saqué el pie, la tocó por un lado, corrió por otro y metió un golazo para que consiguiéramos el título”.

Aquí se puede ver el gol que casi hace Villar en Santiago, el tanto de Aguirre, la jugada que le paró el árbitro sobre el final al Bomba, y cómo cumplió su promesa de irse de rodillas:

Dice que en el festejo del gol salió “corriendo a treparme a donde estaba la gente de Minas. Con toda la adrenalina, no me di cuenta que me trepé como 4 metros. Cuando quise bajarme, empecé a hacerlo como si en el tejido hubiera escalones, porque me podía matar. Volví a la cancha, me abracé con el Maestro. Le dije que se fuera para el banco para terminarlo lo antes posible y me dijo: ‘Vamos a hacer el tiempo que hicieron ellos’. El partido siguió y duró como 2 o 3 minutos más. Ellos tuvieron un ataque en el que subió el arquero Falcioni a cabecear. Cabrera consiguió el rebote y me la tiró larga, pero lo bajaron de un patadón. Me iba solo al gol, ¡pero el juez pitó la falta! Me paró la carga y como te podés imaginar, iba a entrar con pelota y todo dentro del arco (se ríe). Sacamos y terminó la final”.

Admite que Tabárez “era un crack, un adelantado para esa época. Sabía todo de los rivales, más lo que él trabajaba en cancha, y contábamos con otro crack, como el profe Herrera, quien estaba despegadísimo”.

Un día quiso salir a cazar perdices o liebres, algo a lo que estaba acostumbrado. Entonces, fue con dos compañeros del plantel. Los arqueros Óscar Ferro, uno de los amigos que le dio la vida, Alejandro “Ñato” Díaz.

Un partido a beneficio de la Mutual que juntó a los campeones de la Libertadores con Peñarol 1987: Eduardo Pereira, Obdulio Trasante, Marcelo Rotti, José Batlle Perdomo, Miguel Santos, Jorge Goncalves, José Herrera, Héctor Tuja y Fernando Morena (invitado); abajo, Jorge Cabrera, Diego Aguirre, Carlos "Tío" Sánchez, Ricardo Viera y Jorge Villar

Recuerda esa anécdota que casi termina muy mal. “Solo yo salgo a cazar con dos goleros. Toda mi vida había ido a cazar. Fuimos con tres escopetas. Y le hablé al Gallego (Ferro): ‘Mirá que a tu izquierda, vengo yo, tené cuidado lo que hacés con la escopeta’. Íbamos los tres abiertos, hasta que escuché que venía una perdiz directo a mí. Me tiré al suelo como en la guerra, porque vi venir lo que iba a suceder: el Gallego, que nunca había cazado, tiró, y me pegó dos perdigonazos en la pierna derecha. Vino enseguida y me dijo: ‘Tus ojos están delante de tu cara’, de la impotencia y la calentura que yo tenía. ‘No podés ser tan pelotudo’, le decía yo (se ríe)”.

En 1992 se fue junto a Fito Barán y Eduardo Acevedo a jugar en Toshiba de Japón. “Fue un año muy bueno, positivo, una experiencia positiva para los tres. Fui con mi señora y mi hijo. La única barrera era el idioma. Nos habían dado un auto, pero allá se maneja con la dirección a la derecha, entonces no los usábamos. Salíamos a caminar y veíamos que a veces, los japoneses que iban en bicicleta, las dejaban tiradas y no las usaban más. Le preguntamos a la traductora y nos explicó que cuando ellos pinchaban una goma, no querían arreglarla y entonces se compraban una nueva. El Fito (Barán) las reparaba, les ponía un parche y salíamos a pasear todos en bicicleta”.

Villar recordó algunas anécdotas de su pasaje por el club aurinegro

Luego volvió a Uruguay para defender a River Plate, con Sergio Markarian de técnico y Jorge Fossati de ayudante. El primero se fue casi enseguida a Perú, contratado por Universitario y quedó Fossati de entrenador.

“Teníamos muy buen equipo. Recuerdo que jugaban Petete Correa, Diego López y Osvaldo Canobbio, entre otros. Por un punto quedamos fuera de la Liguilla”.

Cuando dejó el fútbol tras jugar en El Salvador, volvió a trabajar fuera de la cancha. “Tuve un auto contratado en OSE hasta 2005 y yo lo manejaba. Ahí me quedé sin trabajo y mi hermano era gerente de una fábrica de motos, por lo que me fui a vender repuestos de motos, y luego lo hice en la Intendencia de Lavalleja en la oficina de Deportes, y el hermano de (Martín) Lasarte, Ignacio Lasarte era mi jefe”, explica. Desde 2011 empezó a trabajar como intendente de Los Aromos, y allí sigue, con los colores que tanto ama.

El gran orgullo de Jorge Villar: su familia; aquí junto a su esposa Silvia y su hijo Federico

Vive en Minas y va y viene todos los días. Su esposa Silvia es maestra de toda la vida. “El 15 de diciembre cumplimos 34 años y en pareja 36”. Su hijo Federico, tiene 32 años y a fin de año se recibe de licenciado de Educación Física.

El Bomba ya es un pedazo de Los Aromos y su tiro libre está enmarcado en el mejor recuerdo de los hinchas de Peñarol. Es que aquella Copa Libertadores quedó marcada a fuego en las páginas amarillas y negras.

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