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En la actualidad, Wilmar vive en su pueblo de Los Cerrillos en Canelones

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El campeón del mundo que hacía cajones de fruta para jugar en Nacional y fue detenido por defender a Uruguay: la vida de Wilmar Cabrera

Tres años después de irse de Cerrillos, ya había ganado la Libertadores y la Intercontinental, logró la Copa América con Uruguay y dirigió a Luis Suárez

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12 de marzo de 2022 a las 05:00

Mil personas vivían en Los Cerrillos, Canelones, cuando nació uno de sus hijos pródigos: Wilmar Cabrera.

Ahí había “escuela y fútbol” y justo en su niñez, empezó el baby fútbol en sus pagos. Jugó en San Miguel y en La Placita. Luego, estuvo un año en juveniles en Canelones y después de jugar en la B de Cerrillos en 1976, se fue a Aguas Corrientes en la A.

Una foto de la infancia de Wilmar Cabrera, a la izquierda de la foto, junto a su hermano Willian y su hermana Liliana

Ni bien terminó el liceo en 1975, ya empezó a trabajar. “Vendía diarios, laburaba en las zafras de manzanas, tanjarinas, uvas, papas o de lo que fuera en las quintas. Los menores podíamos trabajar. También lo hice en una panadería repartiendo pan y todos los días lo llevaba a casa. También trabajaba en un aserradero. La base de sacrificio fue en el aserradero y hacía cajones de verduras. Tenía 12 años cuando empecé. Hacía siete cajones y me pagaba el pasaje para Montevideo para ir a entrenar con Nacional”, explicó Wilmar a Referí.

A los 10 años, conoció por primera vez la playa. Fue en familia hasta Playa Pascual. “Para nosotros era una vida de mucha alegría, jugábamos en el campo y en la calle. No fue tirar manteca al techo, pero sí una infancia tranquila y feliz”.

Wilmar Cabrera junto a sus hermanos, Robert y Willian, este último, ya fallecido jugaron juntos en Cerrillos; con ellos, en la foto montada, aparece su papá Rubens con la camiseta que lució ese club por primera vez

Wilmar no tenía solo un ídolo en su niñez, “tenía ídolos del fútbol porque me leía todo. Era goleador y miraba a los goleadores. Crecí con los campeones de Peñarol 1966 y luego con los de Nacional 1971. Hubo un momento de Peñarol y otro de Nacional. Rubens, mi padre era de Peñarol y quería que todos los hijos fuéramos manyas. Pero con el tiempo me hice hincha de Nacional”.

Dice que del barrio, “mi viejo salió de caravana cuando Peñarol fue campeón del mundo en 1966, pero en aquella época, todo el pueblo festejaba, también los hinchas de Nacional. Lo mismo pasó en 1971 cuando ganó Nacional con los hinchas rivales. Ser uruguayo significaba más que ser de Nacional o de Peñarol. Hoy se refriegan por la cara los títulos”.

Wilmar Cabrera en uno de sus primeros partidos en la Tercera división de Nacional en el Estadio Centenario

Entre tanta lectura, un día vio en un diario que Nacional buscaba aspirantes en sus divisiones menores e invitó al hijo del dueño del aserradero en que trabajaba. Se lo comentó a su papá de Peñarol “y puso cara de desgano, no le gustó, pero me dejó ir porque tenía la ilusión. Un día nos llevó a Las Acacias y mi hermano mayor Willian –que era el que jugaba bien–. A mi hermano lo probaron, jugó muy bien, y nos fuimos. Me gustaban Morena, Artime, leí un montón de cosas de Spencer. Un día fui a ver a (Hebert) Revetria en la Tercera al Tróccoli. Me encantaba. Pero además, estaban en el plantel Palito Mamelli, Espárrago, Cubilla. Los ídolos los podías cambiar”.

El grito de gol del Toro Wilmar Cabrera tras convertir para Nacional en un clásico ante Peñarol

A Nacional llegó en enero de 1977. Llegó como delantero y Pedro Cubilla lo puso de zaguero. Después de ¡tres meses de prueba! quedó y el técnico y el Peta Ubiña le dijeron que se fuera a vivir al Parque Central. Allí se quedó los siguientes seis años.

Con el gran ídolo tricolor, Atilio García, tuvo varios acercamientos, aunque nunca pudo hablar con él. “Vino a jugar a Cerrillos con los veteranos de Nacional. Y lo vi a la vuelta del Parque porque vivía en una casa al lado de la sede. Para nosotros, era Dios”.

En 1983, Wilmar junto a Antonio Alzamendi y Rodolfo Abalde

Además dice que estaba “en la Tercera y Juan (Carrasco) traía la pelota de Argentina –cuando jugaba en River–, nos tiraba tiros libres y yo le hacía de golero, o a veces le alcanzaba las pelotas. A los ídolos los tratábamos con mucho respeto. El Pato Eugenio Galvalisi se paraba en el vestuario y era tremendo. El Chongo Escalada me enderezó un montón de cosas, y cualquier cosa, te invitaba a pelear”.

Cuenta que el mejor jugador con el que jugó en su vida fue Miguel Caillava. “Me divertí viendo cosas de Miguel. Fue el mejor jugador del fútbol uruguayo por lejos. Muchos lo tapaban hablando de Carrasco. Marcaba, corría, te daba pases de gol, era un fenómeno. Pero llegaba al vestuario y se fumaba un cigarrito, y en el entretiempo también. Lo idolatrábamos y mirá que había grandes jugadores, ¿eh? Él pensaba como que el fútbol no le iba a dar una vida”.

Fue campeón con la Quinta división tricolor con Alberto Clavijo como entrenador. En aquel equipo jugaban, entre otros,  el Indio Molina de lateral izquierdo y Rogelio “Coco” Ramírez de ‘9’.

“Me operé de várices en enero y me ascendieron a Tercera. Alcancé a jugar un partido en Primera contra Danubio por un torneo y el técnico era (Pedro) Dellacha. Hice un gol y el arquero rival era Jorge Seré. Después entrené con el profe (José Ricardo) De León también. Cuando se fue Dellacha, llegó Mugica con Gesto y a partir de ahí empecé a entrenar en Primera directo y siempre de defensa”, recuerda.

El capitán de Nacional, Víctor Espárrago, junto a Wilmar Cabrera el día antes de la final de Tokio ante Nottingham Forest, inspeccionando cómo estaba el estado del césped en el estadio

Wilmar era el comodín y Mugica decidía dónde podía jugar. “Tenía buen juego aéreo y en la marca no era rústico”.

Ganó la Copa Libertadores de 1980 con Nacional. Entró por Eduardo De la Peña a defender contra Oriente Petrolero de visita y estuvo en el banco en otros tres partidos.

Wilmar Cabrera junto al Indio Héctor Molina y la celebración de la Copa Intercontinental ganada con Nacional en 1980

“Jugábamos contra The Strongest acá por la clasificación, y en la práctica, trabé una pelota con Alberto Bica y nos lesionamos los dos. Me perdí tres meses y pico. Me pasé llorando toda la noche porque pensé que se me había terminado todo. Quedé rengo y (el médico Carlos) Suero me decía que me tendría que romper todo el menisco entero para que la rodilla me quedara bien luego de una operación. Jugué un clásico rengo en Tercera y lo hice para ver si se rompía el menisco, pero siguió intacto. Me operé recién siete años después en Niza. Me sacaron ocho pedazos de menisco y los tipos no podían creer que yo jugaba así”.

A la llegada a Montevideo tras ganarle a Nottingham Forest en Tokio la Copa Intercontinental, Nacional festejó con sus jugadores que eran campeones del mundo y allí estuvo Wilmar Cabrera

Lesionado, vio la final de aquella Libertadores ante Internacional de Porto Alegre sentado en la Platea América detrás del técnico Mugica. “Me abrazaba a todo el mundo. No lo podía creer. Yo todavía vivía en el Parque y el Peta Ubiña me decía: ‘¿Cuándo te vas a ir Wilmar?’. Los jugadores nos reunimos en el Parque a las 8 de la mañana y nos fuimos caminando a la virgen de Lourdes y de ahí a Los Céspedes a comer. Ese fue el festejo que hicimos después del partido”.

Recuerda aquellas épocas en Los Céspedes. “Nos sentábamos a hablar con el Peta debajo del sauce. Rodolfo (Rodríguez) y Hugo (De León) también fueron grandes que me tiraron consejos. Dormía en la habitación con Espárrago y sabía que si llegaba después de las 9 de la noche, me cerraba la puerta. A las 9, yo sabía que tenía que estar acostado porque él apagaba la luz. Era un fenómeno”.

Wilmar disfruta de la vida en sus pagos y tiene cinco hijos y dos nietos

Para ganar la Copa Intercontinental a Nottingham Forest, se hizo un trabajo muy serio. “Todo arrancó en la preparación. Hicimos 48 dobles horarios, 214 km por Avenida Italia. ¿Te imaginás lo que sería correr hoy por Avenida Italia? Teníamos una seguridad inquebrantable que era que nos hacían pocos goles y Juan (Mugica) planificó muy bien el partido. El título fue una felicidad enorme, era de no creer. Hacía tres años que había salido de mi pueblo y en ese lapso, gané esas dos copas, algo increíble para mí”.

Tenía que firmar su primer contrato serio con el club y el Flaco Rodolfo Rodríguez fue con él para hablar con Dante Iocco, el presidente. “‘Vos sos el que tiene que ganar más ahora acá en el club’, me dijo el Flaco y fue a la reunión como si fuera mi representante”.

Wilmar Cabrera con la camiseta de Millonarios de Bogotá en Colombia, otro club en el que anotó muchos goles

En Hong Kong vivió un lío tremendo. Nacional ya era campeón del mundo y en una escala en esa ciudad, jugó un amistoso. Los titulares ganaron 4-2 y se fueron para el hotel. Los siete suplentes se quedaron para jugar contra los suplentes del rival, y pidieron a cuatro chinos para que pudieran ser 11. Además de Wilmar, estaban el Vasco Aguirregaray, Molina, Dardo Pérez, Coco Ramírez, el Oso Pereira y José Cabrera.

El equipo de Uruguay que empató 1-1 en Bahía ante Brasil y que ganó la Copa América 1983 con Wilmar Cabrera jugando los 90 minutos

Recuerda Wilmar: “Dardo (Pérez) le pegó al arquero en un rebote y se armó un lío tremendo. No teníamos para dónde correr porque la cancha atravesaba una fábrica y salieron los que ahí laburaban con unos machetes para corrernos. Nosotros éramos siete y los cuatro chinos que jugaban con nosotros, se sumaron a los 11 rivales y además, los obreros de la fábrica. Mugica también estaba en el lío. Los chinos estaban insoportables, pensaron que jugaban contra el campeón del mundo y metieron como locos, pero además, el lío fue gigante. Dardo agarró un banderín que medía como dos metros. Nos llevamos patadas y golpes por todos lados porque eran muchísimos más. Hasta al Vasco lo corrieron dos vueltas alrededor de la cancha. ¡Al Vasco! Tratando de salir, buscábamos un taxi, pero los taxis se lo había llevado la Primera. Fue una noche de terror”.

Nacional fue un par de meses después a jugar un amistoso con la selección de México y se lesionó Waldemar Victorino. Entonces Mugica lo puso a Wilmar de delantero. Entró e hizo un gol.

Detenido por querer jugar con la selección

Con la selección uruguaya, Wilmar ganó la Copa América de 1983 y disputó el Mundial de México 86.

“Es otra parte de mi carrera. Me agarró en buena forma y fui creciendo a nivel futbolístico. El año 1983 fue redondo, hacía goles en Nacional, me vendieron a Millonarios y también convertía en la selección. El hecho de salir campeón fue la frutilla de la torta”, explica.

Wilmar Cabrera junto a Darío Pereyra con la camiseta de la selección uruguaya, antes de enfrentar a Argentina en el Mundial de México 86

Eran otros tiempos en los que no había obligación de FIFA para que los clubes cedieran a sus futbolistas. Recuerda una anécdota imperdible.

“Habíamos jugado con Perú la semifinal y me quedé a jugar la primera final contra Brasil. Los de Millonarios me llamaban todos los días para que volviera y Eugenio Figueredo en nombre de la AUF hablaba con ellos, pero los tipos querían que volviera. Después de Perú, que hice el gol, me tenía que haber ido, pero me quedé a jugar esa final de ida. El domingo estaba comiendo en la casa de Cacho Blanco, me llamaron por teléfono y me fui para el aeropuerto para ir a Lima y de ahí a Bogotá. Llegué el lunes y Millonarios no me dejaba viajar desde Colombia porque no querían que jugara la segunda final contra Brasil. Figueredo negoció para que pudiera ir. Fuimos vía Miami porque no había más vuelos. Estuvimos detenidos como cinco horas porque no tenía visa, y cuando el avión salía para Río, me sacaron y me llevaron al avión. Llegué a las 10.30 de la mañana a Bahía y de noche fui titular y jugué todo el partido”.

El Toro es todo un símbolo de Nacional y del fútbol uruguayo

En aquella Copa, uno de los partidos más recordados fue el de Uruguay-Venezuela, por la fractura de Fernando Morena.

Wilmar Cabrera acompañando a Fernando Morena en la camilla la tarde en que lo fracturaron defendiendo a la selección ante Venezuela

Wilmar cuenta: “Fue grosero lo que hicieron. La idolatría de los grandes no se termina. Aún hoy lo veo y nuestros hijos se conocen. Vi clarita la jugada: el rival fue derecho a pegarle de mala leche, en un partido que no se jugaban nada. Fue un dolor tremendo para mí. En los clásicos de acá, yo me pegaba con el Indio (Olivera) y sabía que si me pegaba un codazo, yo también, pero esto fue artero. Cuando a Fernando lo llevaban en la camilla, lo agarré porque él temblaba, me agarró el brazo y por eso lo acompañé. Yo lo veía que estaba mal. ‘No lo voy a soltar’, le decía yo al médico. Me asusté porque estaba muy pálido y como que cerraba los ojos. Más que el dolor, fue el impacto. Me había pasado con un accidente de mi hermano cuando llegué al Clínicas y pensé, ‘se me va’”.

El día del debut de Wilmar Cabrera con la camiseta de Valencia de España, le ganaron 5-0 a Hamburgo y él convirtió tres goles, para llevarse el Trofeo Naranja

Respecto al Mundial de México 86 piensa que “Uruguay podía haber hecho algo mejor, nos mató el individualismo en algún momento, el tema de que todo era diferente para nosotros porque no teníamos ningún Mundial arriba. Ahí somos todos responsables, no puedo echarle la culpa solo al entrenador. Hoy a Uruguay eso no le pasa porque fue a tres Mundiales seguidos. Nos faltó una mejor preparación. Jugábamos partidos para pagar los hoteles, nosotros no sacábamos ningún rédito de eso”.

El uruguayo Wilmar Cabrera con la camiseta de Niza ante Paris Sasint-Germain en la temporada 1986-87

En Colombia, cuando defendió a Millonarios el presidente era Hermes Tamayo, quien había estado ligado al narcotráfico. “Conmigo era una fiera porque yo me porté bien y le hacía goles, y a mí me defendía. Todo el mundo sabía que tenía un nexo con (Gonzalo) Rodríguez Gacha que era mexicano y del otro lado estaba el cartel del Patrón Pablo Escobar, y sabíamos que podía fallar el entorno porque Colombia estaba complicada. El club lo había comprado un narcotraficante. Pero nunca sufrí nada”.

En Europa defendió a Valencia, en el que hizo 40 goles, Sporting de Gijón y Niza.

Tremendo salto de Wilmar Cabrera, típico de su estilo de juego aéreo en el partido entre Sporting Gijón de España y Milan por la Copa UEFA 1987; atrás aparece el holandés Ruud Gullit

“Me gustó el proceso que cumplí. En Valencia estaba (Alfredo) Di Stéfano, pero estaba viejo para dirigir y quería atacar y atacar, y así nos fuimos a la B. Me marcaron Stielike en Real Madrid, y Goicoetxea –el mismo que fracturó a Diego Maradona– en Athletic de Bilbao, que te pegaba siempre, entre otros”.

A mediados de la década de 1990, luego de dejar de jugar al fútbol profesional en el que fue su último club, Juventud de Las Piedras, Wilmar se unió a una pléyade de futbolistas muy conocidos que comenzaron a jugar al fútbol playa y que viajaban mucho a enfrentar a distintos países, sobre todo, a Brasil. Júnior y Zico, nada menos, fueron algunos de aquellos rivales.

Wilmar Cabrera junto a Júnior y Zico, dos estrellas brasileñas, previo a un partido de fútbol playa entre Uruguay y Brasil

En aquel grupo celeste estaban, entre otros, Rodolfo Rodríguez, Venancio Ramos, Ruben Paz, Mario Saralegui, Alexis Noble, Diego Aguirre, Tito Goncálvez (h) y el Loco Acosta, entre otros. Se fracturó tres veces jugando al fútbol playa: la nariz, y dos veces los dedos de los pies. Llegó a jugar un partido por el tercer puesto del Mundial con el dedo fracturado. También inauguró la cancha actual de Pocitos de fútbol playa con aquel equipo lleno de figuras.

Mandiyú de Corrientes con seis uruguayos titulares: arriba aparecen Pedro Barrios, Ricardo Perdomo, Wilmar Cabrera, César Vega luego del arquero, y Daniel Martínez; abajo, el segundo desde la izquierda es el mundialista argentino José Basualdo y el último a la derecha es Daniel Oddine; ese día no jugó otro uruguayo que era Servando Marrero

De 2001 a 2004 trabajó como técnico en las divisiones  menores de Nacional. Allí dirigió, entre otros a Luis Suárez, Lugano, Mauricio Victorino, Cauteruccio, Fornaroli, Lodeiro, Sebastián Viera, Juan Albín, el Chory Castro, Burián y Carlos Valdez.

“Fuimos armando un cuadrazo y nos coronamos campeones en Tercera y en Cuarta”.

Luis "Loco" Acosta junto a Wilmar Cabrera cuando jugaron en Huracán Buceo; ya habían sido compañeros de la selección campeona de América en 1983

Suárez iba con otros compañeros, a comer a su casa. “Venía con Lodeiro y Cauteruccio. Albín era pensante, le pegaba bien, pero Luis era veloz y desbordaba, Cauteruccio y Fornaroli hacían goles y pensaban, Lodeiro era otro que jugaba muy bien”, explica.

Dos viejos conocidos de Nacional, Wilmar Cabrera y Juan Ramón Carrasco, con las camisetas de Rampla Juniors y River Plate, respectivamente

Con 13 años llevó a Luis Suárez a jugar en la Tercera de Nacional. “Lo llevé para que fuera evolucionando y en 2004 vino Martín (Lasarte) y Suárez fue para la Primera. Fue un trabajo muy bien hilvanado entre todos, nos llevábamos muy bien”.

Wilmar Cabrera defendiendo a River Plate, junto al Vasco Santiago Ostolaza quien jugaba entonces en Defensor Sporting en 1995

Recuerda que el día que ganaron el Campeonato Nacional sub 18 en Flores, vencieron a Peñarol en la final con goles de Albín, pero Suárez terminó con una bronca bárbara.

“Era un bebé insoportable, pero con 15 años. Se calentó porque no hizo goles. Jugaron Sebastián Sosa y el Cebolla Rodríguez en Peñarol. Teníamos una banda bárbara en la final. Maureen Franco era mi carrilero por izquierda. Empezaron a decir que yo podía dirigir la Primera, pero al final no se dio”, dice.

Wilmar Cabrera junto a Waldemar Victorino ya retirados, saludan a la hinchada de Nacional

Luego de vivir años en Montevideo, Wilmar volvió a sus pagos y hoy disfruta de Los Cerrillos. Tiene cinco hijos y dos nietos, y dejó una huella imborrable en el fútbol uruguayo.

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