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Economista Arturo Porzecanski

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Arturo Porzecanski: “El conservadurismo en el Uruguay ha sido una bola encadenada a nuestros pies”

El economista uruguayo radicado en Estados Unidos habló del rol del Estado en un mundo tecnológico, de la ola inflacionaria y de su inquietud por el resurgimiento de populismos 

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19 de julio de 2022 a las 11:48

La imagen del mundo navegando en medio de la bruma cobra un realismo cada vez mayor, si se toma en cuenta la incertidumbre generada por los diferentes focos de tensión y conflicto. Y como quedó sobradamente demostrado, nada de este mundo nos es ajeno. Entonces queda ir observando cómo se acomodan esas piezas, para entender la nueva realidad emergente, y dentro de las capacidades de cada país, actuar en consecuencia.

El economista Arturo C. Porzecanski (PHD) es experto en finanzas internacionales, mercados emergentes y economía latinoamericana. Recuerda su larga experiencia de 28 años como economista internacional en Wall Street. “Me pagaban bien para predecir el futuro usando la bola de cristal, y luego 16 años en la American University de Washington,  donde no me pagaban tan bien para predecir el futuro con la bola de cristal”, dice entre risas. Sus investigaciones han sido destacadas en todo el mundo, y buscando esa mirada calificada se dio este diálogo con Luces Largas, desde Estados Unidos, donde está radicado desde hace décadas.

Porzecanski habla del rol del Estado en un mundo cada vez más tecnológico y globalizado, de la ola inflacionaria que cubre a casi todo el mundo con niveles crecientes, y su inquietud por lo que entiende como el resurgimiento de populismos y nacionalismos en varios países.

Vistos estos acontecimientos tan estremecedores a nivel mundial, con una “guerra como las de antes” incluida ¿estamos ante un cambio de época ?
Yo diría que el dicho chino “ojalá que uno viva momentos interesantes” se está más que realizando en este tiempo. Inclusive alguien que hubiera aterrizado desde Marte hace cinco años y nos viera ahora, hubiera visto cosas impensables, entre ellas una pandemia que paralizó a las economías y a la población en el mundo por meses como no sucedía hace una centena de años, y también una guerra muy a la antigua, al estilo Segunda Guerra Mundial, en plena Europa, para todos los que pensábamos que eso ya era cosa del pasado y que de lo que había que preocuparse era de las guerras civiles que lamentablemente todavía existen en algunas partes del mundo. Aquí vimos una pelea a la antigua por territorio, que es algo que los países que fundaron las Naciones Unidas habían decidido que nunca mas iba a suceder.

Y hay riesgo de que el conflicto escale, porque nada está dicho aún. ¿Qué puede esperarse de acuerdo a su análisis?
Bueno, hay varios aspectos; primero el geopolítico ya que se han roto las reglas de juego muy claramente. Hay países como China por ejemplo, que han venido socavando las reglas de juego, ya sea las del comercio, de la inversión, del rol del Estado. Pero en el caso de la invasión rusa tenemos el quebrantamiento de la regla principal que es el respeto a las fronteras. Si los países de Europa occidental, Estados Unidos, Japón  y Australia, por ejemplo, no se hubieran unido para tratar de “pararle el carro” a Vladimir Putin, probablemente ya hubiéramos tenido otro incidente que involucrara a la China comunista con Taiwán, porque es más o menos la misma historia, donde el “país madre” piensa que es suyo y lo quiere rescatar, etcétera…

Lo cual no está totalmente descartado que suceda
Es un peligro latente, sí. Pero como digo, menos mal que la cúpula china debe estar mirando lo que está pasando en Europa con lupa y se está dando cuenta que en una de esas, intentarán “pararle el carro” a ellos también.  Y segundo es que si una nación está decidida a defenderse es diferente a otro tipo de conflictos donde a la gente no le importa y se rinde fácilmente.

Y en este marco se agrega más presión sobre economías de por sí tensionadas, ya que esta guerra llega en un momento de escalada inflacionaria. ¿Cómo se enfrenta esta combinación tan explosiva?
Como usted sabrá, por décadas gran parte de la literatura económica y el debate era sobre el peligro ¡de la deflación! Y teníamos inclusive en América Latina países como Chile, Perú, Colombia, México –para mencionar medianos y grandes–, que tenían una inflación muy cercana al cero por muchos años. Prácticamente habían aniquilado no sólo a la hiperinflación sino a la inflación de un dígito. Así que hemos pasado de tratar de prevenir deflaciones a tratar de prevenir que una inflación de un dígito a nivel anual se convierta en dos dígitos y quien sabe si en mas, que es lo que hemos visto en el pasado en muchos países.

Y parece haber poco margen para el manejo doméstico
Primero hay que identificar bien las causas. No hay que echarle las culpas a los rusos y a lo que está pasando en Ucrania por el fenómeno inflacionario que está ocurriendo en la mayoría de los países, porque esto se está observando desde hace más de un año. Y como se observa país a país, los que tenían 5 ahora tienen de 10 a 15, los que tenían 0 ahora van de 5 a 10. Es un fenómeno que tiene raíces mundiales y yo las achaco –no soy el único– , al hecho que los gobiernos de los países más grandes y con la mejor calificación crediticia que si querían endeudarse “hasta la coronilla” lo podrían hacer, pusieron ambos pies en el acelerador por así decirlo. Pusieron el pie fiscal y el pie monetario porque se asustaron tremendamente de esa primera parte de la uve (V) que hemos observado en todos los países, donde hubo un freno de la actividad económica tremendo, entonces hicieron todo lo posible para impulsar una rápida y completa recuperación económica, y no hay nada malo con eso. Pero el problema es que se olvidaron de sacar los pies del acelerador. Hubo cierto ajuste fiscal en el 2021 que continúa en el 2022; pero en particular los bancos centrales ya sea de Japón, de Canadá, de Estados Unidos, de Gran Bretaña, de la Unión Europea, etcétera. Los bancos centrales más importantes, aquellos capaces de provocar una ola deflacionaria o inflacionaria en todo el mundo, continuaron hasta hace muy poco con tasas cero o inclusive negativas y eso con todo el arrastre del efecto del impacto de políticas fiscales expansivas que siempre tienen rezagos, es decir, lo que se hizo en el 2020 comenzó a sentirse en el 2021, y así hasta este 2022. Ellos son los que provocaron el impacto inflacionario que se reflejó tanto en bolsas, en bonos, en precios de materias primas y en precios de bienes raíces casi por todo el mundo.

En una reciente presentación aquí en Uruguay, usted habla de un mundo pospandemia donde la pobreza y las desigualdades aumentaron, y que probablemente esas tendencias no se van a revertir por arte de magia en pocos años. Y opina que esto puede llevar a una mayor polarización social, a más extremismos políticos. Dice que están resurgiendo populismos, nacionalismos…¿qué más observa?
Cuando uno mira que hay mas populismos y nacionalismos que nunca, no solo en América Latina, en Asia en África, en el Medio Oriente y en Europa, uno tiene que preguntarse dónde están las raíces comunes. En ese sentido yo creo que la pandemia hizo un daño tremendo en la fibra social de muchos países, polarizando a la gente en muchas cosas: usar tapabocas o no, vacunarse o no, cerrar la economía o no, en fin. La gente empezó a discutir eso y muchas cosas más y esto sacudió hasta los cimientos. Ya antes de la pandemia había impulsos populistas y nacionalistas, y creo que esas brechas, esas “broncas”se han acentuado. La pandemia nos cambió. Y además si uno mira, hay nuevas variantes, las vacunas van corriendo detrás de las variantes, podríamos tener  un nerviosismo social y sacudones políticos por varios años mas.

“La pandemia hizo un daño tremendo en la fibra social de muchos países, polarizando a la gente en muchas cosas: usar tapabocas o no, vacunarse o no, cerrar la economía o no... Esto sacudió hasta los cimientos”

Poniendo foco en América Latina, y mirando por ejemplo los vínculos que fomenta Nicaragua con Rusia en términos militares, los conflictos en Ecuador, Colombia, Perú, la situación irresuelta en Venezuela, la incertidumbre en Argentina, un gobierno chileno que no termina de consolidarse, las tensiones también en Brasil. ¿Qué ve hacia adelante, sobre todo tomando en cuenta el desafío para Uruguay?
Obviamente, cuando hay grandes olas, es mejor estar en un barco bien construido, que cale profundo, para aguantar esas oleadas. Y en ese sentido creo que el Uruguay tuvo suerte, porque entró en la pandemia con una buena calificación por parte de las agencias del exterior, con buen acceso a los mercados de capitales, con muy buen pasaje por los organismos internacionales como el FMI, BID, BM que han ayudado mucho. Y con un gobierno que se presentó como austero, reformista y amigo de los inversores. Entonces yo diría que no solo manejaron relativamente mejor que los demás la pandemia en si, sino que hubo otros méritos. Mientras que en los países donde no tenían esos activos que tuvo Uruguay, quedaron descolocados. Y no importa cuan bien manejaron la pandemia en si, porque salieron de todos modos más golpeados, más socialmente divididos y fraccionados.

Y volviendo sobre el futuro posible, tomando como referencia el rol del Estado que es, en definitiva, el que marca el rumbo de las políticas ¿cómo debe navegarse en este mundo cada vez más teconológico e interconectado?
La ironía es que estas convulsiones sociales y políticas que estamos viendo, con esta emergencia sanitaria y ahora con la emergencia inflacionaria, hace que haya mucho más presión sobre los políticos para que resuelvan los problemas, gastando más, dando exenciones tributarias, bajando el IVA, no restringiendo la política monetaria, comprando no solo vacunas sino otras cosas para mejorar el sistema médico, en fin; hay mucha presión para mas gasto público y menos aportes tributarios. Justo cuando tendríamos que estar ajustando el cinturón que largamos en en el 2020 y 2021, para paliar las circunstancias. Y además creo que entre la guerra en Ucrania y otras cosas que están sucediendo, también hay más controles que se les pide a los gobiernos: controlar la internet, que los petroleros sean más éticos, que los agricultores no ganen tanta plata, en fin, hay toda una gran presión sobre la clase política para que resuelva los problemas…

...Que por otra parte queda encarcelado por promesas de campaña. Por ejemplo, muchos analistas y observadores de la política entienden que los candidatos no pueden quedar presos de sus compromisos como el de no subir impuestos, y hasta bajarlos, sin imaginar las circunstancias futuras como quedó demostrado
Sí. Pero lamentablemente eso no parece que vaya a cambiar. Nadie gana prometiendo que va a aumentar los impuestos
Ahí es donde se ponen un “corset”. Cuando mucho puede esperarse que prometan contener el gasto, eso ayudaría algo. Por eso es tan importante tener reglas fiscales como la que tiene el Uruguay ahora, y otros elementos institucionales “semi automáticos” que eliminen el ciclo fiscal que en general agrava los ciclos económicos básicos.

Usted hace tiempo se lamentó de las pocas chances que tuvo de volcar sus conocimientos en Uruguay, por los laberintos burocráticos y vetustos procedimientos de administración. Y en esa presentación reciente, hablando de estos temas, usted afirmó que no hay peor monopolio que un monopolio en manos del Estado. ¿Sigue considerando que es uno de los temas a desmontar?
La verdad es que es algo que aprendí en carne propia. Yo estaba pronto para volver al Uruguay habiendo sido el primer uruguayo que se doctoró en Economía; y la Udelar con el monopolio sobre la Educación Superior me dijo que no me podía llamar licenciado, ni tenedor de una maestría ni hablar de un doctorado que la propia Universidad no otorgaba. Entonces creo que se puede ver allí los otros monopolios que todavía hay en el Uruguay y los que hay en otros países y que son muy dañinos porque, si bien han habido muchos monopolios en el sector privado ya que poseían alguna tecnología o acceso a recursos naturales o patentes o lo que fuera, eran monopolios por algunos años. O sea que la aceleración de las revoluciones tecnológicas han sido tales, que los monopolios  privados no duran muchos años. Si no, pensemos en cuantas grandes empresas han desaparecido o han debido transformarse para poder competir con otras empresas de otras regiones o de otros países. Sin embargo, los monopolios estatales siempre se pueden defender, porque pueden cerrar la importación, pueden prevenir la competencia. Y entonces ya sea en el caso extremo de los países comunistas, pero también en muchos países que se tildan de capitalistas, hay monopolios estatales en sectores como el de la salud, educación o sectores bancarios e industriales, y el resultado en general es muy dañino.

“Pese a la modernización del país y lo que hemos visto en el sector de las tecnologías y de la información, todavía creo que los 
uruguayos tendemos a ser bastante cerrados y eso es un problema”

Recientemente se integró a la Academia Nacional de Economía. ¿Qué debates debería favorecer este tipo de organizaciones?
Debería dar paso a visiones contrarias, a visiones novedosas. Porque realmente en Uruguay, pese a las décadas que han pasado desde que me fui, encuentro que todavía tenemos una mentalidad bastante cerrada. Pese a toda la modernización del país y lo que hemos visto en el sector de las tecnologías y de la información, todavía creo que los uruguayos tendemos a ser bastante cerrados y ese es un problema. Porque hoy claramente la empresa que gana, el individuo que gana, el país que gana la carrera del desarrollo económico son aquellos que, justamente, tiran las viejas cosas por la borda y se embanderan con las nuevas tecnologías, las nuevas maneras de pensar, las nuevas maneras de hacer, y el conservadurismo nacional en el Uruguay creo que ha sido una bola encadenada a nuestros pies y nos ha detenido de hacer cosas mucho más audaces a todo nivel. l

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