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Especialistas en salud mental advierten que el duelo por muerte de covid-19 tiene características especiales

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El dolor en la pandemia: la complejidad del duelo por muertes de covid-19

Especialistas en salud mental cuentan la complejidad detrás de las terapias contra el dolor de las personas que pierden un ser querido por el coronavirus

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08 de mayo de 2021 a las 05:01

El duelo, esa experiencia dolorosa e inevitable en la trayectoria de cualquier ser humano que debe acostumbrarse a una pérdida importante, es al mismo tiempo dos cosas. Es un proceso que tiene sus etapas previstas y que se estima en un año y medio de duración; y es también un recorrido que varía en cada caso, que depende de las circunstancias, del vínculo afectivo con el que se va, y de la estructura psíquica del que pierde un ser querido. Pero en lo que hay acuerdo entre los especialistas es que las muertes causadas por la pandemia del coronavirus tienen una complejidad inusual. 

Para empezar, los familiares no pueden despedir a sus seres queridos, o lo hacen con muchas restricciones –máscaras, tapabocas, guantes, y por pocos minutos–, algo que el médico legista Guido Berro, integrante del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), tiene muy presente. “Nosotros recomendamos al Ministerio de Salud Pública que antes de embolsar el cuerpo los familiares puedan verlo”, dijo a El Observador. “Porque las dos cosas, el no verlo y el no poder tocarlo, perjudica la elaboración del duelo”, advirtió.

También hay casos en que los familiares deben cargar con la conciencia de que, con o sin responsabilidad real, fueron ellos los que introdujeron el virus al hogar, aunque los expertos también coinciden en que siempre, durante cualquier duelo, el que sufre se siente culpable en algún momento.

Y también está el golpe cuantitativo: los más de 3.000 fallecidos hasta el momento por esta infección ya generó –y seguirá haciéndolo– una ola de pacientes que recurren a la psicoterapia tradicional y otros tratamientos para sobrellevar el momento como no se recuerda otra época en la historia. 

El MSP dispuso el año pasado un protocolo para todos los prestadores de salud que procura la formación de grupos de terapia para sobrellevar el dolor, pero la restricción de la movilidad y la obligada virtualidad hizo difícil la aplicación de esa modalidad terapéutica, como lo advirtió Manuel Alcalde, director del Departamento de Salud Mental del Casmu, en donde los psicólogos recurren a la vía tradicional de llamar por teléfono a los pacientes (ver entrevista).

Tanto con terapia tradicional o innovadora, los duelos tienen etapas inevitables. La psiquiatra Lourdes Bertassi lo resume así. “Primero está la pena y la angustia, luego se abre la etapa paranoica, en donde siempre se busca a algún culpable, y recién luego viene la resolución”, dijo.

Luis Gonçalvez, coordinador del programa de Psicoterapias de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, también dio testimonio del aumento de la demanda de atención psicológica y habló, de forma particular, de la efectividad de una técnica creada en 1987 por el psicólogo norteamericano Francine Shapiro, llamada Desensibilización y Reprocesamiento a través de Movimientos Oculares –EMDR, por sus siglas en inglés.

El psicólogo especializado en el abordaje del estrés post traumático explicó a El Observador que los procesos de trabajo con el EMDR “no precisan de meses ni años, sino días y horas” y que está dando buenos resultados en pacientes que sufren hoy la pérdida de un familiar por la infección.

“Es una técnica que tiene una incidencia neurovegetativa, energética, y emocional, que integra las sensaciones con las emociones y el pensamiento”, dijo el psicólogo,  autor de un libro publicado en 2019 que aborda la aplicación de esta técnica en casos clínicos de varias partes del mundo entre 2011 y 2017, y que actualmente atiende a pacientes en forma remota de varios países de Europa y la región.

“Se trata de focalizarte en los aspectos más perturbadores del escenario o evento traumático que el paciente haya sufrido”, dijo. Se focaliza en esa escena y, mediante ejercicios con los ojos – “estimulación ocular bilateral”– y preguntas guía y sugerencias que va haciendo el terapeuta, se “desensibiliza el material traumático”. 

Así, por ejemplo, una de sus pacientes acudió al tratamiento al no poder quitarse de la cabeza la imagen de su madre, tiesa, intubada, en la cama de un residencial.

“Esto te saca del trauma, de esa narrativa pesimista, perturbadora, sin salida. Es como sacar el vidrio de una herida, y permitir así salir de la situación traumática”, mencionó como ejemplo. “Se desbloquea una zona, y el paciente logra una lógica narrativa con sentido, y al mismo tiempo disminuye la hiperactivación de la zona en donde reside la valencia emocional”, explicó.

Las etapas

El tiempo necesario para superar la muerte varía según el paciente, pero nunca es menos de un año y medio. Para Gonçalvez, la unidad de referencia son los 12 meses, cuando la persona pasó “por todas las fechas y eventos, como cumpleaños, Navidad y vacaciones”, por lo que el duelo logra “procesarse en su completud”.

Sin embargo, los duelos de esta pandemia también tiene, además, otra  particularidad. 

Por un lado, la dimensión conceptual de la muerte de este año, a diferencia del anterior, “tiene un significante que funciona como una escena temida”. Y a esto se suma, a su entender, el rol que juegan los medios de comunicación. 

“Repiten, como un estribillo, o un ritornelo, las cifras de todos los días, lo que a su vez va generando, en  un plano inconsciente, una traumatización directa”, dijo el profesional. 

Y agregó que, como una de las principales consecuencias, esto genera una situación “paradójica” porque se produce un proceso de superación en un contexto social en el que no se vislumbra una salida colectiva en el corto  plazo. 

“Todavía estamos en una suerte de presente perpetuo, que dificulta la tarea de recuperar una idea de mañana, y se corre el peligro de que el paciente se estanque en el colapso de la parálisis melancólica , congelado de alguna manera en el tiempo”, lamentó.

Los jóvenes, un "chivo expiatorio"

Para el psiquiatra Ricardo Bernardi, integrante del GACH, la sociedad uruguaya encontró un “chivo expiatorio” en la población joven para atribuir la responsabilidad de la situación epidemiológica actual, con alrededor de 3.000 contagios diarios y por arriba de 500 pacientes en cuidados intensivos.

“Hay una fantasía popular de que los contagios vienen por aglomeraciones, sobre todo de jóvenes irresponsables que tienen una conducta que luego deriva en muertes”, dijo Bernardi.  En ese sentido, para el psiquiatra no solo no es justo que se culpabilice a los adolescentes, sino que asegura que los jóvenes “son víctimas y no victimarios” de la pandemia, “y eso hay que ponerlo en mayúsculas”, porque hay que tener “cuidado con los mitos culpabilizantes

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