El 1 de marzo cumple un año la administración del presidente Luis Lacalle Pou. Y el día 2 comparecerá ante la Asamblea General para brindar un resumen de su gestión y del estado del país y eventualmente de su plan de gobierno para el segundo año de gestión. Además, como está establecido en la Constitución se remitirá por escrito a la propia Asamblea una Memoria del primer año de gobierno.
La presencia del presidente en el Parlamento no es habitual y recorriendo los años pasados solo lo hizo el Dr. Luis Lacalle Herrera a comienzos de los 90. Quizá quiso inaugurar una tradición que se cumple en muchos países. Donde más se destaca es en Estados Unidos, donde la presencia del presidente ante el Congreso es un evento anual que inició George Washington, el primer presidente. El discurso sobre “El Estado de la Unión”, surge de lo establecido en la Constitución americana en el Articulo II de la Sección 3 donde señala que “El presidente, de tiempo a tiempo, dará al Congreso información del estado de la Unión y recomendará para su consideración medidas que juzgue necesarias y convenientes”. Dicho discurso fue modelado a semejanza del “discurso del trono” que realiza el rey o la reina de Gran Bretaña en la apertura del parlamento. Aunque en el Reino Unido, el discurso que lee la Reina Isabel II lo escribe el Primer Ministro y detalla su plan de gobierno para esa legislatura.
Con ese background el presidente Lacalle Pou se presentará el martes en el Palacio Legislativo. No se sabe si será costumbre presidencial durante todo su gobierno o si solo se dará este año en atención a las especiales circunstancias en que se encuentra el país debido a los efectos sanitarios, económicos y sociales que ha dejado la pandemia del covid-19. En todo caso, será una muy buena oportunidad para que el presidente, que se ha mostrado como gran comunicador, nos de su visión del “estado de la República” y sobre el porvenir.
Obviamente su primer año de gestión estuvo marcado a fuego por la llegada del virus al Uruguay, donde fue detectado el 13 de marzo pasado y trastocó toda la acción del gobierno. Este tuvo que dedicarse plenamente a contener la pandemia –“aplanar la curva de crecimiento” se decía entonces- y a lidiar con las consecuencias sociales y económicas que trajo consigo. Todo ello en medio de una notable incertidumbre a nivel mundial sobre los efectos y los tratamientos para terminar con la mayor pandemia en un siglo y que nos agarró a todos por sorpresa.
Lo más relevante que realizó el gobierno entonces, y algo por lo cual deberíamos estar muy agradecidos, fue apelar a la “libertad responsable” de la ciudadanía y rechazar las voces médicas y políticas que pedían una cuarentena forzosa. No fue una decisión fácil pero fue la decisión adecuada para un país y un gobierno de honda tradición republicana y además fue eficaz, al menos en los primeros ocho meses. Fue algo motivo de orgullo tanto para el gobierno como para el país todo, que era ensalzado a nivel mundial por el bajo nivel de contagios y de fallecimientos. Apelar a la libertad responsable fue un enorme acierto y aún cuando luego los casos crecieron y pasamos a la “zona roja” sigue siendo fundamental. La responsabilidad pasó a estar en manos de los ciudadanos y no del gobierno, más allá de ciertas medidas de orden y organización. El manejo de la pandemia fue uno de los puntos altos del primer año de gestión.
También lo fue la política de seguridad pública liderada impecablemente por el Dr. Jorge Larrañaga desde el Ministerio del Interior. Con LUC y antes de la LUC, la presencia policial fue visible, la población se sintió más protegida y más allá de la “sensación térmica”, lo cierto es que los delitos disminuyeron.
El gobierno además fue capaz de retomar su agenda reformista y la plasmó en la Ley de Urgente Consideración (LUC), sujeta ahora a un inexplicable mecanismo de revocación si se consiguen firmas y luego votos en un referéndum. No es que la LUC mueva las “raíces de los árboles”, pero al menos incorpora normas positivas en materia de seguridad pública, de cambios en la educación, de poner racionalidad y equilibrio en normas laborales.
El campo más difícil que tuvo que afrontar el gobierno ha sido la economía. Por los efectos de la pandemia pero además por la herencia recibida: alto déficit fiscal, creciente endeudamiento, economía prácticamente estancada en los últimos 4 años, inflación alta. Allí hubo un enorme foco en el déficit fiscal, pero relativo foco en el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, que generan el grueso del empleo. Si el gobierno no rectifica su camino, este año veremos desaparecer muchas de ellas. Y será muy difícil recuperar ese empleo y ese capital humano perdido. Es algo en lo que todavía se puede enderezar el rumbo y sería bueno escuchar el plan del presidente al respecto. Los socios de la coalición han hecho propuestas sensatas. Atenderlas sería muy positivo para el país y afectará para bien futuros “estados de la República”.