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El gran desafío de Andrés Silva: su quinto Juego Olímpico

Con 34 años, trabajo y emprendimientos con los que prepara el día después a dejar el deporte, el histórico atleta buscará a partir del 1º de diciembre la marca para Tokio y ser el primer uruguayo con cinco Juegos Olímpicos  

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08 de noviembre de 2020 a las 05:04

Cada mañana el espejo le hace la misma pregunta a Andrés Silva: “¿Podés?”. En el espejo están guardados todos los Andrés Silva que Andrés Silva fue. El niño que arrancó de casualidad con 12 años tras llegar de Tacuarembó a Maldonado, el campeón mundial juvenil en Sherbrooke 2003, el múltiple medallista sudamericano, el cuatro veces olímpico, el oro iberoamericano con la mejor marca de la historia del atletismo uruguayo... Pero desconfiado y frío, desafiante, el espejo vuelve a preguntar: “¿Para qué?”     

Con 34 años –22 de ellos corriendo por las pistas– Andrés Silva trabaja con su físico y con su mente desde fines de 2016 en un desafío histórico para Uruguay: convertirse en el primer deportista en disputar cinco Juegos Olímpicos. Para eso, desde el 1° de diciembre comenzará a  sumar puntos para el ranking clasificatorio para Tokio 2021. 

En atletismo. En una prueba de tiempo y marca. Y de velocidad, como son los 400 vallas. Contra los inviernos uruguayos. Contra las precariedades del medio. Contra la eterna falta de competencia interna. Contra el tiempo y la distancia de salir a buscar competencias. 
“En los últimos años entrené y competí, pero entré en una meseta de rendimiento sin lograr récords ni grandes resultados. Eso me hizo pensar en cosas personales, en empezar a planificar el día después, en moldear proyectos”, cuenta Silva a Referí desde Maldonado, su lugar en el mundo. 

El año pasado Silva empezó a trabajar. Porque después de Río 2016 –su mejor actuación olímpica– se quedó sin ningún patrocinador. Porque a fines del año pasado se le terminó el contrato con el programa Pelota al Medio a la Esperanza del Ministerio del Interior, el único ingreso fijo que le quedaba con calidad de “apoyo”. 

Desde hace unos años, Pies Alados –el apodo que le dejaron las pistas y que es hasta su foto de WhatsApp– ya trabajaba preparando a un grupo de corredores aficionados. 

“En ese grupo siempre me hacían preguntas sobre mi carrera y mis resultados y con eso me ayudaron a hacer un clic para llegar a mi quinto Juego Olímpico. Ser el único uruguayo de la historia es una motivación por sí sola. Pero hay más, cosas muy personales. Mi primera competencia internacional la tuve con 15 años y ahora tengo 34. Me pasé la mitad de mi vida entrenando y corriendo.  Fisiológicamente el cuerpo lo siente. Pero mi mente se pregunta si puedo. Y mi cuerpo quiere responder”, explica. 

En las cuestiones trascendentales de la vida de una persona, las preguntas son más importantes que las respuestas: “¿Puede un deportista, como viven los deportistas uruguayos, llegar a cinco Juegos Olímpicos? ¿Solo quiero demostrar que puedo? ¿Vos podés Andrés? ¿Podrás soportar un nuevo período? ¿Están tu mente y tu cuerpo en sintonía? Lo veremos cuando cierre el período de clasificación. Es una meta personal”. Se responde sin responderse. Porque las respuestas están en el camino. 

“Hoy disfruto el proceso viendo cómo me sigue nutriendo como persona y deportista y espero que la gente se enganche y me acompañe en este viaje. Quiero transmitirles el espíritu olímpico que es mucho más que competencia”, explica.

Silva quiere que sea una continuación de lo que vivió en Río 2016: “Lo recontra disfruté porque fui totalmente descontracturado y se notó. Me divertí, me lo tomé sin la mochila de antes pero sin quitarle la seriedad. Conocí atletas, me saqué fotos que nunca me sacaba, disfruté las ceremonias de apertura y clausura y el resultado fue muy positivo: pasar de ronda nunca me había pasado”. 

Su actual cruzada lo llevó a golpear puertas para volver a captar auspiciantes. Rexona y la marca de indumentaria 361 se sumaron. “El apoyo es muy importante porque cuando sale la posibilidad de viajar a competir, gestionar el dinero con la Confederación Atlética del Uruguay o la Secretaría Nacional del Deporte lleva su tiempo. Entonces se necesita tener antes el dinero”, explica. 

Las condiciones para entrenar las tiene a la mano. Desde 2017 lo hace en las instalaciones del International Sport Center de Punta del Este donde el director deportivo es su entrenador, Andrés Barrios. El complejo multideportivo tiene una pista de atletismo alrededor de una cancha de fútbol de césped sintético, razón por la cual ya no entrena más en la pista del Campus. 

Arrancar para las 8 horas

Desde el año pasado trabaja ahí en la parte social: “Trabajo con adultos en la actividad física, doy clases de running y de funcional a todo tipo de alumnos: gente que quiere bajar de peso, corredores experimentados en calle, atletas de trail y carreras de aventura. Es tan variado que siempre me permite armar clases entretenidas”. 

Sacar parte de sus horas de entrenamiento para dedicarlas al trabajo fue un cambio en su vida. Un nuevo comienzo que deportivamente coincidió con no poder alcanzar la marca para clasificar a los Juegos Panamericanos de Lima 2019. 

“Bajé el nivel de entrenamiento por lo que no clasificar era algo probable. En mi carrera he viajado a todas las competencias existentes. No quiero decir que no me cambiaba nada ir a un Juego Panamericano porque puede sonar egocéntrico, pero si no se daba la clasificación no era para ponerse triste. El objetivo es llegar a un Juego Olímpico, el resto es preparatorio”. 

Antes de ese segundo peldaño del ciclo olímpico, Silva compitió en los Juegos Odesur de Cochabamba 2018 donde terminó cuarto en una competencia en la que había sido oro cada vez que había participado: Buenos Aires 2006 en 400 m llanos y 400 vallas, y Santiago 2014 en 400 vallas.

Correr sano, la clave

“Hace tres años estaba lesionado del posterior. Tuve una molestia que me permitía correr, pero no correr rápido; me limitaba, aparecía y desaparecía, y no se podía sacar sin parar un buen tiempo de correr, pero nunca paré y nunca se terminó de curar”, cuenta. 

Actualmente lleva ya más de un año sin pisar la pista, en un hecho sin precedentes en su carrera. 

“Para terminar de curar esa lesión hice una recuperación progresiva hasta llegar en la mejor forma hacia el período de clasificación. Pero entonces vino la pandemia y se paró todo”. 

Estuvo un mes y medio parado hasta retomar los entrenamientos en su casa donde vive con su madre y algunos días con su hijo Santino, de 6 años. 

Santino, obviamente, cambió su vida. Su sentido de la felicidad y también sus responsabilidades. “Llegó el año en que corrí el 400 vallas en 48.65”, recuerda asociando todo con su carrera. 

Aquello fue el 4 de agosto de 2014 en el Iberoamericano disputado en San Pablo. Fue récord nacional, récord de campeonato, mejor marca técnica del certamen y la mejor marca de la historia del atletismo uruguayo en una prueba de tiempo y marca. Silva llegó al sexto puesto del ranking mundial. 

“Mientras no se podía competir empezamos a pulir algunos detalles de la preparación y en ese sentido el tiempo me jugó a favor”. Silva habla siempre en plural. Por sí mismo y por Barrios, su DT, su equipo. 

El camino a Tokio

El sistema clasificatorio para Tokio cambió con respecto a los pasados Juegos Olímpicos. La marca mínima es 48.90 y la verdad es que Silva solo corrió aquella tarde mágica de 2014 por debajo de ese registro (y de los 49 segundos). Es más, en Río 2016 (semifinalista) fue la última vez que corrió debajo de los 50’’.  

Pero ahora hay un sistema de ranking por puntos (similar al ATP de tenis) para repartir las plazas en atletismo.

El pasado 23 de agosto en Estocolmo, el noruego Karsten Warholm batió el récord europeo del 400 vallas y estampó la segunda mejor marca de todos los tiempos parando el cronómetro en 46.87. Solo tres competidores en la historia corrieron la prueba debajo de los 47: Kevin Young (EEUU) en Barcelona 1992 (46.78), Abderrahman Samba (Catar) en junio de 2018 y Rai Benjamin (EEUU) en julio de 2019, ambos con 46.98. “Es increíble que saliendo de una pandemia, en Europa logren estas marcas, es la gran muestra de la ventaja que nos llevan, estos tipos no pararon”, dice Silva. 

Hoy tiene 1.085 puntos y necesita llegar a 1.285 con la sumatoria de las cinco mejores competencias puntuables con las que se hace un promedio. “El torneo que más puntos otorga es el Nacional que se va a hacer en diciembre y dos días después se hará el Grand Prix Darwin Piñeyrúa. El calendario de 2021 aún no lo tengo armado porque está todo en el aire. Lo único que se sabe es que el Sudamericano va a hacerse en Buenos Aires. Me gustaría ir a Europa, pero si los regímenes de cuarentena son muy estrictos no me conviene. Hay que ver cómo evoluciona la pandemia”, explica. 

La academia Andrés Silva

En paralelo a la carrera hacia Tokio, Silva ya empezó a correr la carrera de su futuro. Además de sus actividades laborales hay un proyecto que lo desvela: la Academia Andrés Silva. 

“Siempre quise tener una escuelita para formación técnica de niños, para poder volcarles a las futuras generaciones todo lo que me enseñaron. Cuando digo formar no es para que salgan atletas sino para darles una base física en lo coordinativo, en el desarrollo físico motriz a edad temprana, y que después los niños elijan el deporte que les guste,  que vayan a atletismo o a otro deporte. Es algo que hace falta fomentar para tener más chicos formados en habilidades deportivas a edades tempranas. Es un proyecto que voy a presentarle formalmente a la Secretaría Nacional del Deporte y que ya se lo presenté al área del Campus. Espero arrancarlo en Maldonado y se puede coordinar si es del agrado de las autoridades que se implemente a nivel nacional”. La vida, a la carrera, sigue.  

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