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4 de febrero 2022 - 11:52hs

Uruguay es el país con la nafta más cara de América, de acuerdo al ranking del sitio web especializado GlobalPetrolPrices. Entre los 168 países que figuran en el listado, la gasolina vendida en el territorio nacional se ubica en el puesto 36. La mayoría de los que superan a Uruguay en precios son Estados de ingresos per cápita altos.

Entre los países de la región, la gasolina Súper 95 de Uruguay —a $ 73,41 por litro— saca una distancia de $ 15 al segundo, Chile, donde el litro vale el equivalente a $ 58,44.

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La lista sigue con Brasil ($ 55,33), Perú ($ 52), Paraguay ($ 48,64) y Argentina ($ 40,49). Entre los restantes ninguno más supera un valor similar a $ 30.

Venezuela, el país con mayores reservas de petróleo del planeta, paga apenas $ 1,1 por litro. En línea con sus recursos naturales, tiene la etiqueta más barata, no sólo del continente, sino del mundo.

¿Por qué es tan costosa la nafta en Uruguay?

Independientemente de que el país no cuenta con yacimientos naturales de petróleo, la pequeña pantalla del surtidor tiene números elevados para los estándares del continente por la incidencia de la carga impositiva e ineficiencias y sobrecostos de toda la cadena. 

Ancap brinda en su página oficial los datos de composición del precio final del litro de combustible. En la nafta Súper 95, la más consumida en el país, lo que se queda la petrolera estatal tan sólo constituye el 45% del valor que ven los consumidores. El 41% de lo que pagan lo uruguayos cuando van a la estación de servicio responde a tasas e impuestos; el resto lo hace mayoritariamente a márgenes de distribuidora, fletes y ganancias de las estaciones.

El Precio de Paridad de Importación o PPI —al cual Ancap debería producir petróleo refinado para ser internacionalmente competitivo— es de $ 33,95 por litro. Para obtener los $ 33,09 que se queda la empresa por litro de nafta, a eso debe sumarse $ 2,97 de sobrecostos (una combinación de subsidio al supergás, ineficiencias bajo control de Ancap y sobrecostos por biocombustibles) y restarle $ 3,83 de "ajuste"; es decir, lo que el Poder Ejecutivo ha decidido no trasladar al precio final en función de la (circunstancialmente) holgada situación financiera del ente monopólico. Esto último quiere decir que sin los números verdes de Ancap, los lineamientos técnicos indican que el precio de la nafta sería casi $ 4 mayor.

Pero de tan solo $ 33,09 que recibe Ancap, la tarifa salta a $ 73,41 al público por el efecto de los $ 18,38 del Impuesto Específico Interno (Imesi), más $ 11,66 del nuevo impuesto ambiental por emisiones de CO2  y un remanente de los márgenes de comercialización ya mencionados. La creación del impuesto por CO2, sin embargo, no elevó la carga impositiva porque su valor estaba anteriormente comprendido dentro del Imesi.

En comparación, Perú muestra una cotización ($ 52) considerablemente más cercana a la media, $ 21,4 menor al litro de nafta Súper 95 En Uruguay. En ese país, el litro de gasolina convencional que comercia Petroperú (su empresa estatal) tiene un margen de impuestos de 27%, unos 16 puntos porcentuales menos que su par uruguayo. Ese contraste impositivo explica, de esa forma, $ 16 de los $ 21,4 de diferencia señalados.

Sin ir más lejos, en el territorio nacional puede observarse algo similar en relación al gasoil. Así como el PPI de la nafta es de $ 33,95, el del gasoil es apenas menor —de $ 32,47— y también suma sobrecostos menos ajustes para que Ancap se quede con $ 32,06, casi lo mismo. Pero para que el derivado cueste $ 20,5 menos ($52,94), la diferencia radica fundamentalmente en que se paga $ 11,33 por litro entre IVA y el fideicomiso para los boletos, en vez de $ 30,04 por el agregado de Imesi e impuesto ambiental.

Si el combustible Súper 95 tuviese la misma carga tributaria del gasoil, se vendería a $ 51,7: igual que en Perú, bastante más cerca del promedio regional.

 

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