José Mujica, aún siendo presidente de la República, lo abrazó y de ahí en más fue todo subida para Raúl Sendic. El expresidente destacaba su juventud y compromiso y bajo el paraguas de la renovación lo puso a combatir en primera línea con todos los pretendientes que querían acompañar a Tabaré Vázquez.
La batalla no presentaba demasiada dificultad. El Movimiento de Participación Popular (MPP) era la principal fuerza dentro del Frente Amplio y
Sendic se transformó rápido en la mejor alternativa que se le ofrecía al actual presidente.
Sendic tuvo su primera campaña presidencial. Pero en junio de 2014 pocos podían suponer que posiblemente esa fuera la última. De hecho, la lógica que imperaba era la contraria: la joven promesa que había liderado
ANCAP se catapultaría a la presidencia de la República desde el Senado y, quizás, solucionaría la renovación frenteamplista de cara al 2019.
Y los seis meses que corrieron desde el 1º de marzo de 2015 iban en esa línea. El vicepresidente era todo lo que el Ejecutivo podía desear: un nexo con la bancada de senadores del Frente Amplio y también de la oposición; el hombre que defendía la agenda y la posición del Ejecutivo en el Parlamento. Hay senadores que recuerdan esos primeros meses de Sendic con entusiasmo. El vicepresidente estaba activo y con iniciativa.
Hasta que se votó la comisión investigadora parlamentaria por ANCAP y ahí comenzó a ir todo en bajada. "Yo mismo propuse que la investigación se constituyera porque pienso –a pesar de que algunos me dicen que fui un ingenuo– que era bueno que se creara una comisión investigadora para analizar esa gestión", dijo Sendic en Subrayado pocos días después de comparecer ante el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio.
Desde agosto de 2015 en adelante un día sí, y otro también, comparecían personas ante ese cuerpo legislativo para ofrecer un testimonio que comprometía al jerarca. Una de las primeras voces que embretó al líder de la 711 fue la del ministro de Economía, Danilo Astori.
Los dos años que hubo entre ese hecho y la renuncia de Sendic a la vicepresidencia fue un tropezón tras otro. Con cada caída, la otrora promesa electoral del Frente Amplio quedaba un poco más solo en el gobierno y en el partido.
Con el tiempo, Sendic pasó a tener un rol casi testimonial. Dejó de asistir a las reuniones de coordinación con los otros partidos –un ámbito que él mismo había impulsado– y aunque en la foto de los consejos de ministros abiertos siguió apareciendo al lado de Vázquez, el vicepresidente ya no operaba como ese nexo que se había mostrado tan útil. El cambio dañó el vínculo entre el Ejecutivo y la bancada de senadores del Frente Amplio.
Sin agenda propia y sin involucrarse demasiado en las tareas de gobierno, las únicas noticias que salían a la luz sobre el vicepresidente se transformaban en escándalos en los que estaba en juego la ética y la regularidad en la
gestión. Sendic también fue novedad a partir de los numerosos viajes que hizo al exterior.
En sus dos primeros años de gestión, el vicepresidente realizó 14 viajes del país en los que estuvo 82 días en el exterior, según un relevamiento que hizo El Observador en abril de este año cruzando datos de registros oficiales del Parlamento y Presidencia de la República. La cifra supera ampliamente a la de todos sus antecesores desde la vuelta a la democracia.
Entre esas misiones estuvo el polémico viaje a Zambia, en el que Sendic gastó US$ 11.041 entre pasajes y viáticos. El vicepresidente viajó también a Argentina, Colombia, Ecuador, Cuba, Bélgica, Congo, Rusia, Dubái, Arabia Saudita, Italia y República Dominicana.
Asistió a cumbres de Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), a la Unión Interparlamentaria y distintas reuniones de jefes de Estado. También fue enviado como representante del gobierno a celebraciones, diferentes aniversarios e incluso al sepelio del líder cubano Fidel Castro. A Cuba, de hecho, había ido antes para encabezar la delegación uruguaya que participó de la feria del libro.
Sendic visitó además a las tropas uruguayas que sirven para ONU en misiones de paz en el Congo, y participó en Roma de la lectura de sentencia a militares uruguayos acusados de participar en la represión de la dictadura (1973-1985).
Pero seguramente nada de eso quedará en el recuerdo cuando se cuente la historia del vicepresidente de la República.