21 de febrero de 2013 16:38 hs

En el año 1993, cuando apareció el primer ejemplar del Agropecuario de El Observador, el sector venía de una situación bastante compleja, con problemas de sequía y de endeudamiento, pero con medidas que se tomaron y fueron luego de enorme trascendencia, recordó quien fuera ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) en esa época, Pedro Saravia.

Describió la erradicación de la fiebre aftosa y la declaración de libre sin vacunación que obtuvo Uruguay en esa década y luego la nueva era de precios de los commodities, que más allá de algunas coyunturas de crisis, hicieron que el sector tuviera más volumen de producción con precios adecuados a la realidad.

Esa coyuntura permitió en primer lugar salir del importante endeudamiento, por la valorización de la tierra que posibilitó que, en vez de liquidar, en la mayoría de los casos los productores vendieran una parte de su patrimonio, se sanearan económicamente y pudieran continuar, dijo Saravia, quien en la actualidad es productor, abogado y diputado nacionalista.

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También hubo una fuerte inversión extranjera en capital y en tecnología, por ejemplo con la llegada de argentinos interesados en plantar soja, que hizo cambiar sustancialmente el rol del sector agropecuario y sus posibilidades de producir, alcanzando rentabilidades de alto valor.

Si bien hoy los números han perdido impacto porque los costos han subido enormemente, puesto que actualmente se trabaja mucho con volúmenes, la tecnología que se está aplicando es producto de lo que se preparó durante muchos años para poder tener hoy un ingreso a los mercados mundiales que facilitó el actual desarrollo del sector agropecuario, reflexionó el ex ministro.

Además incursionaron producciones distintas como forestación y soja, que en aquel momento no estaba en el tapete. También incidieron los paquetes tecnológicos que hicieron que la eficiencia fuera mayor y que se pudiera producir mejor y más cantidad de carne, mejor calidad de arroz y mejor calidad de lácteos, por ejemplo, todo para la exportación.

La diferencia clave fue que la mejora de los precios internacionales de los commodities generó una actividad mucho más rentable, incentivó la capacidad productiva y tecnológica y facilitó que los productores se prepararan mejor para poder encarar ese diferencial importante de ingresos que alcanzó el negocio, concluyó Saravia.

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