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En el este, mucho smartphone pero poco código QR, aunque crecen

A pesar de que la oferta de productos con estos códigos especiales prolifera en diversos rubros, desde ropa a vinos y proyectos inmobiliarios, los usuarios de teléfonos inteligentes todavía no los conocen

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06 de febrero de 2012 a las 18:52

La tecnología y el verano se parecen en que son cíclicos; uno llega con la regularidad natural de las estaciones, mientras que la otra depende de las oleadas que mezclan necesidades y creatividad humana.

Esta temporada, Punta del Este mostró el último grito de la moda en materia geek: los códigos QR (abreviatura inglesa de la expresión quick response code o código de respuesta rápida).

Se trata de un código de barras de dos dimensiones, similar a los que poseen los productos en los supermercados o en las tiendas, pero con la diferencia de que estos códigos están diseñados para ser leídos por smartphones. Se coloca el teléfono en modo fotografía encima del código en cuestión y el aparato realiza una escaneo veloz de la imagen, que lo remite a la página web del tema en cuestión. El objetivo del código QR es lograr una transmisión de datos de forma precisa e instantánea, evitando el tecleo y la búsqueda de información.

En Punta del Este, la aplicación práctica de estos códigos se extendió desde una invitación a una fiesta hasta la etiqueta de una botella de vino, el menú de un restaurante o un cartel en un emprendimiento inmobiliario.

Del pozo a la fiesta
Una de las inmobiliarias que introdujo este sistema innovador de información fue Amarras Propiedades.

Para su proyecto Chronos, un edificio en la parada 7 de la Brava del que hoy solo existe el pozo, Amarras colocó un código QR en los carteles exteriores de la futura obra.

Al colocar el smartphone sobre el código el cliente virtual es redirigido hacia un minisitio donde se muestran las características generales del edificio y las particulares de cada apartamento.

La inmobiliaria manda regularmente bases de datos y newsletters a sus clientes en formato de teléfono móvil. “Hay que estar en la vanguardia”, dijo Daniel Saporini, de Amarras.

Pero no solo a nivel de inmuebles se utilizan estos signos gráficos. Por ejemplo, algunas de las fiestas más importantes de la temporada tuvieron códigos QR impresos, así como algunas tarjetas personales lo han incorporado a su data.

También algunas calcomanías utilizan los códigos sin nada más, para que la gente genere su propia curiosidad, en una campaña sorpresa.

La proliferación de códigos llega desde una revista de mountain bike a una casa de venta de artículos de sonido. Es el caso de Geneva, ubicada en la calle 31, que presenta en la puerta de su local una gigantografía de un código, que al colocar el teléfono redirecciona hacia la página web de la tienda, con la comodidad de escanear una imagen y no tener que navegar en buscadores, lo que se denomina una “búsqueda direccionada”.

Vestidos y vinos finos
En la tienda de ropa femenina Fifth Ave. se puede encontrar una colección de vestidos juveniles de la marca Valentino llamada Red. En las etiquetas
el código QR permite conocer los detalles del resto de la línea Red y los principales modelos de Valentino.
Del sector vestimenta pasamos al sector culinario. El restaurante View Point, ubicado en la terraza de Walmer y frente a donde estaba el viejo restaurante El Ciclista, ha introducido códigos QR en sus menúes, para consultarlos a través de una simple pasada de teléfono.

La recorrida gourmet se completa con una botella de la vinoteca puntaesteña Vinos del Mundo, que ya hace cuatro años estaba a la cabeza de la innovación. Se trata de una botella del vino portugués Quinta Nova, de la cepa grainha, de la región de Douro, de 2008.

Al escanear el código se despliegan datos sobre las características del vino y de la región donde se produjo.

Poco interés
A pesar de que la oferta tecnológica se ha abierto en los diversos campos nombrados arriba en Uruguay, el uso por parte de los usuarios parece ser todavía escaso. “La gente todavía no sabe de qué se trata y tampoco hay muchas aplicaciones”, dijo a El Observador Andrés Fernández, instructor de iPhone de Mundo Mac, la casa de Apple de la galería Sagasti, a metros de Gorlero.

“En todo enero una sola persona consultó qué era ese cuadrito blanco y negro”, agregó el instructor. “De 100 personas que llegan acá con smartphones, son una ínfima minoría los que usan los códigos QR”, concluyó Fernández.

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