11 de marzo de 2021 5:04 hs

El tema de la inserción internacional del país ocupa y preocupa a la Academia Nacional de Economía prácticamente desde su fundación.

En efecto, un país de 3,5 millones de habitantes, solo puede encontrar una senda de crecimiento y desarrollo si se abre al mundo.

Un poco de historia

El 2 de agosto de 1817, en Purificación, José Artigas firmaba el primer tratado de libre comercio del país: entre la Banda Oriental e Inglaterra. Poco después firmó otro acuerdo similar con Estados Unidos.

Que ambos tratados hayan fracasado por la influencia del gobierno de Buenos Aires, es algo más que anecdótico.

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Este es un antecedente no menor y así Uruguay, desde los albores de su historia, con esa cabeza de libre comercio y de apertura, forjó una de las naciones más prósperas del mundo. No se puede olvidar que en 1870 Uruguay se encontraba entre los primeros países del mundo en producto bruto interno por habitante.

Luego viene la crisis del 30 y las autoridades de la época deciden cerrar la economía a contrapelo de todo lo que se venía haciendo desde hacía un siglo.

En las décadas siguientes, al influjo de los términos de intercambio de la segunda guerra mundial y de la guerra de Corea, se da un crecimiento sostenido de la economía. Pero rápidamente se advierte que ese modelo de sustitución de importaciones fracasó y sería recién con las medidas liberalizadoras de Végh Villegas en 1974, que el país empezó a crecer nuevamente. En efecto, pese a la crisis del petróleo, Uruguay comenzó una senda de crecimiento de sus exportaciones y su Producto.

Luego se firmaron algunos acuerdos comerciales con Argentina y Brasil, hasta que finalmente se ingresó al Mercosur en 1991. En el Parlamento hubo casi unanimidad para aprobar el Tratado de Asunción.

Pero a treinta años del mismo, todo el país se ha dado cuenta que el Mercosur no ha sido funcional a los pequeños socios.

En efecto, el coeficiente de apertura ((Exportaciones+Importaciones)/PBI), tanto de bienes como de bienes y servicios, ha caído sistemáticamente año tras año.

¿Cambiará el rumbo?

Esta convicción se empezó a generalizar en la sociedad y así en 2006, el entonces Presidente Tabaré Vázquez avanzó en la firma de un acuerdo comercial con los Estados Unidos, ya que el anterior intento durante el gobierno de Jorge Batlle se había frustrado por la oposición de Argentina y Brasil y por la crisis argentina que terminó arrastrando a Uruguay. Lamentablemente esta segunda iniciativa también fracasó, por oposición tanto regional como interna en la propia coalición de gobierno. La misma oposición interna que llevó a que en el año 2015, Uruguay se retirara de la mesa de negociaciones del Trade in Services Agreement (TISA). Esta decisión del gobierno motivó en su momento un comunicado de la Academia Nacional de Economía.

Esta inacción y permanencia en un bloque cuyos socios más grandes no tienen vocación de apertura comercial, ha restringido las posibilidades de Uruguay de buscar acuerdos fuera del Mercosur, al tiempo que ha desdibujado aquella estrategia comercial que tan exitosamente se aplicó en décadas anteriores y que llevan adelante países como Singapur, Hong Kong, Suiza, Luxemburgo, Nueva Zelandia y Finlandia, entre otros.

Por eso, la Academia ve con optimismo los recientes pasos dados por el gobierno en materia de inserción internacional y en este sentido, entiende que han sido clave las reuniones que mantuvo el Presidente de la República con los Presidentes de Brasil y de Paraguay, en búsqueda de lograr una flexibilización del Mercosur.

Pero también se sabe que no bastan los acuerdos e intenciones de los Presidentes si éstos no se acompañan de una sólida estrategia del país, que cierre sus filas detrás de esta acción inicial y continúe las negociaciones con convicción, idoneidad y energía, no confundiendo la necesaria promoción de exportaciones con la estrategia de inserción internacional que le antecede y le trasciende.

Este imperativo es tanto importante como urgente: tiene que estar en la lista de prioridades no del gobierno, sino del país. Hay que aprovechar este “guiño” del gobierno de Brasil.

El impulso presidencial hacia la flexibilización del Mercosur, debe estar acompañado por un apoyo explícito de academias, sindicatos, empresarios, partidos políticos. Este no es un tema del gobierno, es un tema de estado: como se ha visto, las consecuencias de las diferentes medidas de política comercial, trascienden con creces los períodos de gobierno.

Pero además, los acuerdos comerciales no son solamente acuerdos para poder vender más bienes y más servicios, son también atractivos clave en la inversión extranjera directa y en la creación de empleo de calidad y por tanto, tienen una incidencia fundamental en el bienestar de la población.

Urgencia e importancia

La Academia Nacional de Economía enfatiza la importancia y urgencia de este tema en buena parte de sus ciclos de conferencias: no en vano los primeros seminarios de 2020 y 2021 estuvieron dedicados al tema de la estrategia de inserción internacional.

El país atraviesa un particular momento de su historia y sus relaciones con los socios de la región, es menester saber aprovecharlo.

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