5 de octubre 2012 - 19:11hs

Fernando Cabrera considera que Intro es una buena iniciación para quien no lo conoce. La afirmación es muy entendible si se trata del dvd, que muestra a un Cabrera relajado, tocando en un estudio mítico de Buenos Aires, acompañado de su guitarra y con un público respetuoso, aunque entusiasta. Esa parte de Intro muestra una suerte de antología de su extensa carrera.

Aunque el autor prefiere definirlo como “panorámica” y no antología, se trata de un conjunto representativo de la obra de Cabrera, grabada el 28 de agosto de 2009 en los estudios ION, donde grabó Totem, una de las bandas uruguayas legendarias.

Cabrera ha dicho que suelen reclamarle un disco solo con la guitarra y entonces aquí está: “Es un Cabrera unplugged, muy bien hecho”, dijo a El Observador en agosto de este año.

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Y muy bien hecho está; bien presentado en formato cuadrado, del tamaño de un cd, tan solo un poco más ancho, y con el DVD en un bolsillito al final, y decorado con una punta de lapicera pluma, como si quisiera advertir que se trata de un autor que, esta vez, escribe para ser leído.

Y ahí es donde Intro se complica. No es el debut de Cabrera como poeta. De hecho ya había realizado el intento hace dos décadas con 56 canciones y un diálogo, un libro con esa cantidad de composiciones más un reportaje que Alicia Migdal le hacía al autor. Fue editado por Trilce.

Además, Cabrera escribe poesía desde la adolescencia, aunque su actividad profesional siempre haya sido otra.

Salvo alguna excepción parcial, las piezas incluidas en Intro, no tienen rima, sino que el verso es libre. Una buena parte tampoco tiene un ritmo definido, sino que insinúa una cadencia que luego se disuelve o se esfuma o abruptamente desaparece.

Queda claro desde el principio que no son letras de canciones ni se le parecen. El sentido de las letras es, las más de las veces, hermético.

En algún caso hay una historia, como en Subasta: “Fueron vendidos como esclavos/unas cuantas vidas atrás/atraídos por memorias/capturados a traición por sus iguales./Un mar de privaciones/trasladó su sangre/repartida en la codicia/de aristocracias flasas./En los distintos lugares/donde fueron rematados/esparcieron su paciencia./Su corazón agrietado/late como un niño dormido”.

Intro es un lujo que un autor de la estatura de Fernando Cabrera se puede dar. Para los incondicionales será un objeto a guardar. Para las letras uruguayas, el aporte es escaso.
Cabrera, de cualquier forma, había advertido a los lectores de El Observador: “No soy un poeta ni pretendo ocupar ese lugar”.

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