Por Juan Samuelle, enviado a Carmelo
Hugo, el conejero de Carmelo
Cómo hace uno de los cunicultores más exitosos de Uruguay para que en su casa no quepan más trofeos
Cómo hace uno de los cunicultores más exitosos de Uruguay para que en su casa no quepan más trofeos
Por Juan Samuelle, enviado a Carmelo
Hugo Piva tiene 161 conejos. Y cientos de trofeos, tantos que da trabajo contarlos. Los hay en distintos rincones de su casa, en Carmelo, donde vive con su familia y lleva adelante uno de los criaderos de conejos más exitosos del país. Se llama Los Viejos, en homenaje a dos veteranos de quienes mucho aprendió: “No hubo duda cuando me tocó buscar el nombre, es por mi papá y por mi suegro que es mi segundo papá”, dijo emocionado.
En el fondo de la casa de Hugo hay decenas de jaulas con ejemplares de cuatro razas, de alta calidad genética. Hay Holandés de Fantasía (los cría su señora, Sandra Donatti, para que sean animales de compañía), Chinchilla Americano, Neocelandés y Californiano, estas últimas tres razas productoras de carne. Pero, aclaró, él no vende carne, se dedica a vender reproductores para que otros cunicultores inicien su crianza, todo eso orientado a la promoción de genética líder.
En los casos en los que Hugo faena, cuando los conejos llegan a 2,5 kg en pie y dan 1,5 kg de carne tras 75 días de cría, es para producir alimentos para consumo familiar o para obsequiarle a sus amigos. Y para hacer degustaciones gratuitas en exposiciones.
Juan Samuelle
Mientras asaba un ejemplar, Hugo contó a El Observador que la historia de Los Viejos, con antecedentes de cría artesanal, comenzó el 17 de agosto de 2014. “Aprendí como mucha gente en los pueblos del interior, donde en el fondo del terreno es normal tener gallinas, una quinta y conejos para el consumo”, dijo.
En ese marco, empezó a investigar en Internet para criar mejor, con más calidad y así se relacionó con Anderson Aldan, de la Sociedad Uruguaya de Cunicultores (Sudec), la gremial de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) que nuclea a cabañeros de esta especie. Hoy, luego de hacer el curso de capacitación y asociarse, es uno de los criadores de mayor relevancia.
Juan Samuelle
Hugo con un conejo Holandés de Fantasía.
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Hugo con un conejo Chinchilla Americano.
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Hugo con un conejo Neocelandes.
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Hugo con un conejo Californiano.
A Hugo, confesó, no le gusta contar cuántos conejos tiene. “Es por cábala”, admitió. Pese a eso, recordó que hace poco no tuvo otra porque Sudec hizo un censo. En octubre de 2019 tenía esos 161.
Lo que empezó de a poco, con timidez y pasos lentos, pero firmes, se transformó en una presencia constante de los conejos de Hugo en las principales exposiciones cunículas. A la primera a la que fue, en otoño de 2015, llevó cuatro conejos y logró un cuarto premio. Fue poco, pero lo entusiasmó. A la Expo Prado de 2019 llevó 38 y volvió a Carmelo con 29 ejemplares con algún premio.
Presenta conejos, en ese caso como locatario, en la exposición anual que se hace en su ciudad (en junio se hará por tercera vez). El año pasado participó en una muestra en Ombúes de Lavalle y en la exposición ganadera de Tarariras, que desde 2020 pasará a ser un evento ya competitivo, con jura y premios. La participación más reciente fue en el Encuentro del Ovino y de la Granja, en El Colorado, Canelones.
Más allá del valor de esas experiencias, los momentos de mayor impacto son las exposiciones que Sudec organiza en otoño, en la Semana Criolla en la Rural del Prado, y próximo a la primavera, en la Expo Prado, en ese mismo lugar, porque en ambos casos se presentan cientos de ejemplares de decenas de criadores de todo el país y el nivel competitivo es muy elevado. No obstante, en esas instancias Hugo supo exponer al mejor macho, a la mejor hembra y al mejor ejemplar de toda la exposición y a la vez: pasó en 2018, recuerda con orgullo.
“Me gusta mucho trabajar con mis bichos, lo disfruto y soy muy prolijo, incluso antes de salir para una exposición hago una especie de jura para elegir y llevar lo mejor, pero hay colegas que hacen bien las cosas, tienen años en esto y también merecen ganar. A veces se puede, a veces no”, reflexionó.
“Año tras año la cosa se pone más difícil”, reconoció. “Cada vez el jurado tiene más trabajo y a veces se gana o se pierde por un detallecito”, agregó. En 2019, al año siguiente de cuando él triunfó, “las dos exposiciones del Prado las ganó Brígido Liesegang, con animales excepcionales, no dudé en aplaudirlos, fue merecido”.
Hugo contó que los cabañeros uruguayos utilizan sangres nacionales, evolucionadas durante décadas, adaptadas al estándar de cada raza. Sería ideal poder importar genética estadounidense, “pero es muy caro por el valor de las sangres y la logística, no es viable, porque esto es un hobby, una pasión, a nadie le sobra dinero”.
El análisis genético en el manejo es clave, incluso este criador, como todos los que proceden del modo adecuado, posee un árbol genealógico de cada reproductor.
Un riesgo, admitió, es que desde países vecinos ingresen conejos sin un control que evite la posible llegada de enfermedades de las cuales Uruguay está libre. A esos efectos, pidió “tener el máximo cuidado para proteger el estatus sanitario del país”.
Hugo cría por placer, también para alimentarse con una carne “muy generosa”, sabrosa y nutritiva (incluso a su pequeña nietita, María Eugenia) y todos los costos los cubre con la venta de reproductores. Como dijo, carne no vende, no posee las habilitaciones y está lejos del único frigorífico habilitado para faenar conejos (en San José). Llevar conejos hasta allí para faenar es inviable, nunca llegaría a cubrir los costos extra por transporte y peajes. Por eso cría “por pasión”, remarcó.
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Hugo Piva expresó que el conejo es un animal rústico que, bien manejado, demanda poca inversión en sanidad, apenas para algún antiparasitario antes de ir a las exposiciones y, cuando se lo desteta que es un momento crítico, algún preventivo.
La alimentación es ración peleteada (un adulto puede consumir 100 a 120 gramos diarios, máximo) y alfalfa seca.
Hay en promedio seis pariciones al año, tras un período de gestación de unos 30 días, con alrededor de seis gazapos por vez.
Un problema a resolver es el acceso de los consumidores a la carne de conejo. Hay criadores, establecidos o nuevos que pueden instalarse que perfectamente podrían explorar la producción comercial para abastecer a alguna industria que faene y lleve esa carne al mercado.
Por eso, mencionó, sería una buena cosa disponer de un frigorífico móvil que pueda ir instalándose en distintas zonas del país para que los criadores que produzcan para vender con destino de carne tengan esa salida, lo que podría ser un generador de ingresos para muchas familias.
También, precisó, sería importante que el precio que se pague por kilo en pie cubra los costos y que se pueda cobrar a corto plazo.
Juan Samuelle