26 de marzo de 2015 19:06 hs

El sector agrícola está viviendo un nuevo marco en que el precio promedio de la soja –el principal cultivo del país– dejó el horizonte de los US$ 500/tonelada para instalarse en el eje de US$ 350. Frente a este escenario, la agricultura va rumbo a un resultado que estará entre el empate y una segunda pérdida, tras un resultado negativo para muchos productores con el trigo del año pasado, castigado por lluvias excesivas.

Eso lleva a que la toma de decisiones para los agricultores en este otoño se vuelva mucho más compleja que en los años anteriores en los que la soja, con un cultivo de invierno –trigo o cebada–, era la opción casi indiscutida.

Habitualmente en la agricultura se siembran verdeos –cultivos de seis meses de duración– para proteger el suelo de la erosión, cuando no se siembra un cultivo granífero de invierno.

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La siembra de verdeos comenzó con buen ritmo, pero se fue enlenteciendo. Se hará fuerte hacia abril y mayo, una vez que llueva. La de este año es especialmente importante porque puede ser el primer paso de regreso a los sistemas mixtos agrícola-ganaderos o hacer más ganaderos los sistemas que ya eran mixtos.

Los verdeos se caracterizan por su ciclo anual que entrega rápidamente gran cantidad de forraje. Es una tecnología que permite disponer de pasto poco tiempo después de la cosecha de soja. Pero, según la mezcla forrajera empleada, puede apostarse a una duración mayor. Por ejemplo, en lugar de seis meses, 12 o 18 meses, que den un mayor protagonismo a la ganadería en sistemas que vienen de un fuerte énfasis agrícola.

Hay razones para eso. El precio internacional de la carne no ha caído en la proporción que lo han hecho los granos y la provisión de terneros y novillitos para engordar es abundante. Esto lleva a que el sector agrícola evalúe apostar al soporte en los buenos precios internacionales de la carne vacuna y ovina. La demanda de semilla y el avance en la siembra de los verdeos será el indicador que revele un enfoque más ganadero o la persistencia de la hegemonía de la agricultura continua.

En los sistemas agrícolas las coberturas son pasturas utilizadas en invierno para la prevención de la erosión y el enmalezamiento. Ahora puede venir una fase de uso más intensamente productivo con vacunos u ovinos. Como intención eso es percibido.

“Distintas variables indican una vuelta a los sistemas mixtos. Desde los precios hasta los planes de uso”, dijo Jorge Beceiro, gerente de Semillas de Copagran a El Observador Agropecuario.

En línea con lo anterior, Juan Díaz, gerente de desarrollo de semillas de PGG Wrightson, explicó que “el proceso de degradación de propiedades físicas y de fertilidad tras una década de soja y la coyuntura de precios hace que se consideren otras opciones, por lo menos para los próximos dos años”.

Según Díaz, los planes de uso de suelo dan una señal. Dentro del área agrícola presentada, se estaría incorporando 130 mil hectáreas de nuevas pasturas. Muchas de esas hectáreas no generan habitualmente producción de carne.

“Los productores están pensando en darle a las coberturas un uso ganadero”, dijo Marta Iriarte, asesora técnica de Fertiprado a Tiempo de Cambio de radio Rural. Iriarte explicó que la oferta actual de coberturas tiene un gran componente leguminoso que se implanta bien, con la ventaja de mejorar el balance de nitrógeno en el suelo. Estas alternativas se adaptan al pastoreo y se pueden enfardar.

La zafra forrajera en el litoral agrícola expresa una importante demanda de este tipo de producto. La menor expectativa de siembra de cultivos de invierno abrió la puerta a estas tecnologías que tienen una buena aceptación.

Según las estimaciones de venta de semilla del Instituto Nacional de Semillas (Inase), ya se viene observando un incremento en el uso de leguminosas en los verdeos, que acompaña un cambio de composición de los mejoramientos forrajeros de corta duración.

El uso de trébol subterráneo en 2014 aumentó en más de seis veces, respecto a 2013, según datos de Inase. Esta cobertura se caracteriza por una resiembra natural a partir del banco de semillas que se genera de un año para el otro y es de las transformaciones que están teniendo estas coberturas. Del mismo modo el raigrás perenne verificó un aumento de 40% en su uso en 2014, respecto a 2013, y más que duplicó el uso de 2012.

Consultado respecto del mercado de venta de semillas, Alberto Cruces, del Departamento de Insumos de Zambrano y Cía, dijo que “la dinámica comercial en forrajeras es distinta este año. La baja de precios del ganado y la salida del mercado de los exportadores en pie se nota. Pero hay mucha gente que está apostando a praderas y la gente ya está pensando qué hará después de la soja o el sorgo, que se cosecha en las próximas semanas. Casi todos están pensando en hacer un cultivo forrajero para pastorear, no solo para cubrir el suelo. Avenas que son un rastrojo fácil de manejar y sembrar algo”.

Por otro lado, “hay gente que está dejando áreas agrícolas donde necesariamente van pasturas. Pero la toma de decisiones no está fácil porque los precios se han movido mucho y la sequía complica en otras zonas”, agregó Cruces. La nueva realidad ha generado una mayor complejidad. Han vuelto especies como el Holcus o la cebadilla.

La reconversión de los sistemas agrícolas no es homogénea ya que la forma de tenencia de la tierra plantea realidades muy diferentes entre productores. “La tenencia de la tierra es una variable que va a pesar mucho en esta transición. El grueso del área de agricultura está hecha por arrendatarios y medianeros. Estos generalmente no tienen un foco puesto en la ganadería. Por lo tanto, puede ser que enfrenten mayores desafíos en una eventual transición”, dijo Beceiro. A su vez, explicó que los productores dueños del campo no tienen el costo efectivo de la renta. La tenencia de la tierra bajo arrendamiento fue unánimemente considerada como un factor que distorsiona la toma de decisiones.

No esa la única limitante: los establecimientos que han estado bajo un modelo de agricultura continua en la última década, tienen falta de estructuras para trabajar con ganado y alambrados para subdividir potreros. A esto se le suman las carencias de aguadas y de la sombra necesaria en cada potrero para la producción ganadera.

La fórmula que permite la sinergia entre la agricultura y la ganadería tiene varias incógnitas. Y la toma de decisiones debe definir aspectos como la selección de categorías para pastoreo que determinará la eventual compactación del suelo generada por el pisoteo de los animales. Desde un punto de vista técnico, los ovinos y los terneros serían el traje a medida para esta transición por su bajo peso.

“Hay productores que ya lo implementaron. El que no consiguió corderos utilizó terneros que es la categoría más liviana y que al mismo tiempo tiene buenas tasas de conversión de pasto a carne”, comentó Cruces. La flexibilidad entre agricultura y ganadería puede ser una herramienta clave para sobrellevar este período de bajo precio de los granos. Las lluvias y el mercado de ganado gordo determinarán si la herramienta tiene un uso generalizado o solo ocasional.

Mover la cría

El precio de los terneros vendidos en pantallas esta semana marcó mínimos en varios años y, aunque se mantiene cerca de los US$ 2 por kilo, la poco predecible presencia de los exportadores en pie y la presión a la baja sobre el precio del ganado gordo han presionado a la baja al mercado. Pero si los productores deciden dejar de lado hectáreas de trigo en este otoño y de soja en la primavera, lo que ahora parece un mercado saturado puede volverse muy dinámico. Si cada hectárea de nuevas praderas llevara solo dos terneros, la demanda agregada a lo largo del año puede ser muy importante. Y si además los puentes verdes son usados en invernadas, puede aparecer una demanda por unos 300 mil terneros que en años anteriores no estaban, fruto de la incorporación de 150 mil hectáreas de pasturas a una fase ganadera.

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