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20 de noviembre de 2011 22:50 hs

Caso extraño este de Gallardo. Llegó al club bajo el lema del fútbol champagne. ¿Lo recuerda? Pero resulta que una lesión lo marginó de las canchas durante seis meses. Se le pasó por la cabeza el retiro. Pero las demostraciones de afecto de la gente, que lo adoptó como hijo propio, lo conmovieron.

Una larga recuperación y el regreso. Nacional ganó aquel campeonato en el que Gallardo jugó poco, pero se retiró como ídolo. Extraño pero real.

Después de idas y vueltas Alarcón y Carrasco decidieron poner fin al ciclo del entrenador en la institución.

¿Quién sería el sustituto del polémico Juan Ramón? Fue ahí cuando se inició el nuevo romance. Primero fue una mirada cuando se enteraron que Gallardo tenía aprobado el curso de entrenador. Luego fue una guiñada cuando se agotaba el tiempo y las opciones se acotaban. Y terminaron en el beso que confirmó el noviazgo.

Para algunos una decisión alocada, sin criterio, teniendo en cuenta que era un entrenador sin experiencia. Para otros una apuesta a un hombre joven que comenzaba a brindar sus primeros pasos.

A la hora de armar el plantel se comenzaron a generar las primeras polémicas. Es cierto que la directiva pidió austeridad económica y mirar a la cantera. Gallardo pidió a dos argentinos y ninguno de los dos respondió: el zaguero Poclaba jugó apenas 45 minutos y el volante Sosa alternó buenas y malas pero nunca terminó de convencer.

Y a la hora de la verdad comenzaron los problemas. El equipo no jugaba a nada y se empezaron a dejar puntos por el camino.

Para colmo de males, al cabo de las primeras jornadas, se fue una pieza clave como Sebastián Coates y se generó el drama de rearmar la defensa.

Ante los problemas que el equipo comenzó a padecer interfirieron los dirigentes. El gerente deportivo Daniel Enriquez le recomendó contratar un zaguero. Pero Gallardo, pese a que el viento estaba en contra, se negó. La presión fue tal que en determinado momento el DT puso a prueba su personalidad y dijo: “Me arreglo con lo que tengo. Si me traen un zaguero me voy”. Y ganó la pulseada pese a que llovieron críticas desde todos los sectores.

En tiempo donde no se gana los detalles son vitales y también empezaron a salir: que se va a Buenos Aires, que regresa los martes, que no está metido en la cosa.

La tormenta se instaló en el Parque Central. Empató tres partidos consecutivos y la directiva puso en duda su continuidad.

Se preguntaron a quién recurrían. Sonó Polilla Da Silva. ¿Se acuerda? Pero tenía contrato. Se habló de Pelusso, pero ocurría lo mismo. Se mencionó a Lasarte.

Pero el pellejo de Gallardo fue salvado por el presidente Alarcón que volvió a poner paños fríos a la caliente situación. Nacional ganó un partido, pero perdió al siguiente con Bella Vista. Y otra vez dudas. Dudas en todos menos en Gallardo: “¿Quién dijo que Nacional no puede pelear el campeonato? No sé quien se anima a sacarlo de la pelea”.

El fixture lo ayudó, metió tres victorias consecutivas. Es cierto que no despejó las dudas en materia futbolistica, pero ganó que era lo que necesitaba para despejar las nubes. También se dio cuenta de algunas cosas y no fue caprichoso, cambió. Se percató de que debía sumar un acompañante a Facundo Píriz en la zona media y colocó a otro hombre del club como Maximiliano Calzada.

Llegó el receso por los Panamericanos y al regreso Peñarol empezó a perder pie y Nacional se trepó al tren de la victoria.

Y se vino el bolso de Gallardo a pelear el campeonato como él mismo lo había vaticinado después de la derrota con Bella Vista.

En medio del viaje surgió un competidor que no estaba en los planes como Danubio lo que determinó que el clásico tuviera carácter de final.

El ganador seguiría con vida en el campeonato, el perdedor quedaba relegado.
Nacional salió con su tradicional planteo, el que tantas veces le fue críticado a Gallardo de jugar con un delantero solo en el equipo.

Se pudo haber retirado perdiendo por dos goles en el primer tiempo porque Peñarol lo dominó y desechó dos claras situaciones de gol por parte de Marcelo Silva.

Pero en el segundo tiempo puso toda la carne en el asador. Se jugó por la victoria.
Mandó al Chino Recoba a lanzar pases y al botija Gonzalo Bueno para demoler con cada pique y lastimar con su gambeta.

Como no encontraba el caminó tiró a otro pibe al campo de juego como Renato César.
Y mató con los cambios para dar vuelta el marcador y ganar como le gusta al hincha, en la hora y de penal.

Nacional quedó a dos puntos del puntero Danubio y sus aspiraciones de lograr el campeonato se mantienen intactas.

Qué caso extraño este de Gallardo. En sus primeros meses como entrenador atravesó por todas las situaciones. Y ahora vive la sensación del resurgimiento. De estar con un pie afuera pasó a quedarse para el resto de la temporada. El idilio se renueva.

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