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La ética y el matemático

La ética y el lenguaje correcto son la base de la nación. Sin ellas, el caos está a un paso, aunque parezca que son en cosas de poca monta

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18 de febrero de 2018 a las 05:00

Le preguntaron al gran matemático árabe Al-Khawarizmi, uno de los padres del álgebra, que vivió entre el año 780 y el 850, sobre el valor del ser humano, y éste respondió con la siguiente fórmula:
"Si tiene ética, entonces su valor es = 1.
Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será = 10.
Si también es rico, súmele otro 0 y será = 100.
Si por sobre todo eso es, además, una bella persona, agréguele otro 0 y su valor será = 1000.
Pero, si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor pues, solamente le quedarán los ceros".

Un reflexión muy válida en momentos en que el clamor por un manejo más ético en los asuntos públicos y especialmente con los dineros públicos viene en aumento. Sobre todo con los dineros públicos en asuntos de carácter personal –tarjetas de crédito corporativas, rendición de cuenta del dinero recibido para viáticos, contratación de familiares en cargos públicos de confianza o donde no existe necesidad de concursar, conflicto de intereses entre negocios privados y públicos– y habitualmente de poca monta. Todavía no se nota la preocupación por el uso inadecuado de los dineros públicos a gran escala como el caso de ANCAP o de ASSE excepto que quien dirige la empresa se compre un traje de baño con una tarjeta corporativa o contrate a la novia de su hijo. Es decir, preocupa más a la ciudadanía el uso de la tarjeta corporativa que la dilapidación de millones de dólares a costo del contribuyente.

Sin embargo, el movimiento de los autoconvocados, que han logrado mucho en su cívica protesta contra el peso de un Estado ineficiente (basta mirar el estado de la educación), y un claro malestar de la ciudadanía con los excesos detectados, hace asomar una luz en el horizonte. Y si bien importan las señales de austeridad personal en el manejo de la cosa pública, también comienzan a molestar los errores o dilapidaciones de dinero por mala gestión en empresas de gran porte. No deja de ser algo promisorio. Es como un necesario despertar y no solo para el agro sino para todo el país, que está como narcotizado por la omnipresencia del Estado, en quien muchos depositan toda su fe en que resuelva los problemas de la sociedad.

Pero volvamos a la ética y al matemático. El listón ético está más alto y cosas que antes se pasaban por alto, ya no se toleran más. Es bueno que se revalorice la ética individual aunque sea en cuestiones de pequeño porte material, como la gota de otorgar incorrectamente el empleo a una secretaria en el inmenso océano de los 300.000 funcionarios públicos que tiene este país y que son muchos tanto en valor absoluto como en proporción a la población económicamente activa. Es bueno preocuparse por una designación carente de ética de una secretaria pero, como sociedad, mejor sería preocuparse por el exceso de funcionarios, sobre los cuales no hay dudas en cuanto a su correcta designación formal, pero cuyo peso económico cae sobre espaldas del sector privado y sobre los contribuyentes quitando competitividad a la economía.

Y es bueno que salgan a luz estos casos –que no son parte de una "campaña de la derecha descarnada" como sostiene la ex presidenta de ASSE Susana Muñiz sino de errores propios- para que dejemos de lado aquello de que somos "poco corruptos" al lado de los que ocurre en Argentina y Brasil. No se puede ser "poco corrupto" como no se puede "estar un poco embarazada". Estas cosas son un buen revulsivo para un país que se jacta de bajos o nulos niveles de corrupción.

Y aunque figuremos en posiciones de privilegio en los Índices de Transparencia Internacional, no nos olvidemos que corrupción no es solo llevarse dinero al bolsillo, como muchos dicen para justificar su accionar. Es también no corromper el lenguaje. Es también no decir una cosa un día y la contraria el siguiente sin que se nos mueva un pelo y aún haciendo alarde de ello. El valor de la verdad en lo que uno dice y en lo que uno hace es de la máxima importancia en la lucha contra la corrupción.

Es bueno, por ello, recordar lo que dijo Confucio hace ya más de 2.500 años cuando le preguntaron qué es lo primero que haría si se le encomendara gobernar una nación. Confucio contestó en forma contundente: "Corregir el lenguaje; porque si el lenguaje no es correcto, lo que se dice no es lo que se significa; si lo que se dice no es lo que se significa, lo que debe ser hecho, quedará sin hacer; si queda sin hacer, la moral se deteriora; si la moral se deteriora, la justicia andará extraviada; si la justicia anda extraviada, la gente quedará en una tremenda confusión...y si la gente queda en una tremenda confusión, el caos está a un paso...todo está en lo que se diga".
Cuanta razón tienen el matemático árabe y Confucio.
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