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El segundo de Peñarol, Valentín Rodríguez

Fútbol > CLÁSICO POR LA SUDAMERICANA

La goleada de Larriera y el miedo escénico de Nacional: Peñarol se llevó mucho más que un triunfo

Peñarol jugó a lo grande, respetó su identidad de juego y se llevó un triunfo aplastante en las formas pero exiguo en el marcador; Cappuccio planteó un clásico insólito, minado de cautela y se llevó una derrota abrumadora

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16 de julio de 2021 a las 00:37

Peñarol fue al frente. Como juegan los equipos grandes. Y como la histórica oportunidad le pedía. Nacional se disfrazó de cautela, se llenó de miedos. Jugó al pelotazo. A no perder, como suelen jugar los chicos contra los grandes. Y así lo perdió. El aurinegro lo venció 2 a 1 en el Gran Parque Central este miércoles y pegó primero en la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. 

Con golazos de Agustín Canobbio y del juvenil Valentín Rodríguez, Peñarol se llevó un triunfazo. Más por las formas que por el resultado. Porque redobló la apuesta por su identidad de juego en una instancia crucial, en una cancha donde 11 días atrás perdió 2 a 0. Porque fue protagonista, con la pelota al pie, con carácter y con una avasallante mentalidad ganadora.

Así lo planteó Mauricio Larriera quien goleó a Alejandro Cappuccio desde el planteo. Sí, el 2 a 1, maquillado por un agónico cabezazo de Gonzalo Bergessio, no refleja ni por asomo la diferencia futbolística que hubo entre uno y otro equipo. 

Porque mientras Peñarol fue propuesta, vértigo y vocación ofensiva, Nacional, insólitamente, salió a cuidar el cero. Sí, se obsesionó con cuidarse del gol de visitante. Apostó a jugar en largo desde el fondo, pero no tuvo la agresividad suficiente para pelear la segunda pelota. Fue tan doloroso a los ojos lo que mostró el equipo que casi de milagro Sergio Rochet no terminó desgarrado por la cantidad de veces que tuvo que salir en largo desde abajo. 

Es que Cappuccio apostó por un mediocampo con Gabriel Neves. Pero sabiendo que Pablo Ceppelini lo iba a salir a presionar en el primer pase, como lo hizo en el clásico del Apertura (lo cual le costó tener que hacer un cambio a los 20 minutos), en vez de ponerlo a armar salida lo mandó a plantarse en campo enemigo para que la pelota le cayera de casualidad. 

Tenerlo a Neves y no hacerlo jugar es como tener un juguete y no ponerle pilas. 

A eso se le sumó una línea de cuatro final conformada por cuatro zagueros, por lo que Mathías Laborda ni Christian Almeida pasaron una vez al ataque con criterio ni con ambición. 

Como si eso fuera poco, el volante que jugó en una posición más ofensiva fue Joaquín Trasante, un todoterreno recuperador que no tiene la claridad para dar el último pase. Facundo Píriz, quien jugó de volante tapón, no se ofreció a armar salida porque su rol es ser el eje de equilibrio del equipo, una función donde falló en forma rotunda en los dos goles.  

El DT tricolor improvisó con un 4-1-4-1 cuando venía jugando con un 4-3-3 o un 4-4-2. Sacó a Alfonso Trezza y perdió kilos de intensidad, subió a Camilo Cándido y le recortó las alas de su recorrido y a Brian Ocampo lo dejó solo, siempre superado numéricamente por el rival. 

Peñarol salió a hacer lo suyo. Lo que sabe. Tuvo el gran mérito de no empezar por traicionarse a sí mismo. De reconocerse en el espejo. De apretar los dientes: no para trancar, sino para jugar. 

Dos laterales (Giovanni González y Joaquín Piquerez) con salida y vocación ofensiva, tres volantes (Jesús Trindade, Walter Gargano y Pablo Ceppelini) que hicieron circular siempre el balón con prolijidad y dos extremos (Agustín Canobbio y Facundo Torres) activos que intentaron combinarse siempre con los laterales para abrir brechas en la defensa tricolor. 

Walter Gargano se comió la cancha; Ocampo desaparecido

Los signos identitarios que lo hicieron fuerte en la fase de grupos de la Copa Sudamericana y que pese a venir a los tropezones en el torneo local no los dejó en un cajón bajo llave de Los Aromos. 

El aurinegro pateó 17 veces al arco contra 5 de Nacional, tiró siete córners contra cinco del rival y tuvo una posesión del 53%, que se vio relativizada en el segundo tiempo cuando buscó pararse más cerca del arco para explotar los contragolpes. 

En 10 minutos, el equipo pisó dos veces el área con voracidad. A los 6' Fabricio Formiliano sacudió el travesaño con un golpe de cabeza. A los 10' Gargano metió un bochazo notable para Gio González que llegó muy exigido para definir. 

Nacional le dio la pelota a Peñarol y lo dejó crecer, jugar y agrandarse en confianza. Gargano jugó libre, suelto. Dominante para recuperar, un radar para distribuir, un genio para leer el partido. El Mota del Napoli. Se comió la cancha. 

A los 35', el aurinegro movió la pelota por todo el frente de ataque y el Mota lo puso de frente al arco a Piquerez que remató forzando a Rochet a una atajada soberbia. 

El primer tiempo se moría y Nacional hacía flor de negocio cuando Giovanni González recuperó una pelota en su área, desarticuló un ataque de Cándido, salió sin miedos ni complejos, y se la dio a Ceppelini. Este, limpió la salida con una descarga de crack y Canobbio se encargó del resto. Encaró con la quinta a fondo. Leyó el miedo y se clavó como un puñal entre Almeida y Píriz. Agustín Álvarez Martínez le devolvió una pared como un pintor que le da el último toque a una obra de arte y Canobbio la definió arriba ante la salida de Rochet. Go-la-zo. 

Agustín Canobbio celebra su golazo

Cappuccio reaccionó en el entretiempo. Felipe Carballo y Maximiliano Cantera le dieron al equipo mejores herramientas para manejar la pelota en el campo rival. Pero Almeida siguió inexplicablemente en cancha. Después entró Andrés D'Alessandro a hacer banda, a mirarle la espalda a Giovanni y Canobbio. 

Andrés D'Alessandro en la imagen que refleja el clásico de Nacional

Por izquierda, con Torres y el juego asociado de Gargano y Ceppelini, Peñarol manejó la pelota con elegancia y confianza. Por derecha fue explosivo con Canobbio y González. Y por la primera de esas dos bandas cerró el juego con una invasión notable, valiente, del botija Valentín Rodríguez, quien se metió entre tres defensores para luego batir con potencia a Rochet. 

La serie parecía cerrada cuando al final, Carballo conectó un gran centro y Bergessio le ganó por arriba a Gary Kagelmacher para darle a Nacional un haz de esperanza. Porque en los clásicos todo puede pasar. Pero el tricolor sabe que si no cambia radicalmente su mentalidad y su juego, no podrá avanzar a cuartos. La eliminación le quedó golpeando en la puerta de su casa. 

 

 

 

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