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Jorge Nasser, autor de Candombe de la Aduana

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La historia de Candombe de la Aduana, un éxito que Níquel casi descarta y terminó en MTV

La canción de Níquel se convirtió en un éxito de la música popular, aunque la banda estuvo cerca de no grabarla

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01 de octubre de 2022 a las 05:02

El camino de siempre empezaba cuando el chofer anunciaba “destino”. Jorge Nasser bajaba del ómnibus en la plaza Independencia y arrancaba a patear rumbo a la casa en la que su familia paterna había vivido durante décadas, desde que los Nasser llegaron a Uruguay a comienzos del siglo xx, y donde en la década de 1980, cuando compuso Candombe de la Aduana, vivía junto a su padre.

El camino de siempre no era el más corto. Era, sí, el que recorría la mayor cantidad de puntos de referencia del trayecto: el cantautor pasaba por la Puerta de la Ciudadela y avanzaba por Sarandí hasta llegar a la plaza Matriz. Tras cruzarla en diagonal, el recorrido seguía por la calle Rincón hasta la plaza Zabala, que Nasser bordeaba pasando junto al Palacio Taranco, antes de doblar y seguir rumbo al viejo hospital. Dos cuadras más allá del Maciel, en la esquina de Guaraní y Cerrito, estaba el hogar.

El camino de siempre era nocturno. Y fue la inspiración para una de las canciones más populares de la historia de la música uruguaya. Una canción que empezó teniendo un estilo muy diferente, de la que sus creadores no estaban muy seguros y que ni siquiera sabían si iban a publicar. Una canción que marcó época, que tuvo un videoclip que le dio proyección internacional y que la hizo una de las primeras composiciones uruguayas en cruzar las puertas de MTV, y que para Nasser se ha convertido a esta altura en “un familiar más”.

“Recuerdo como un fotograma estar haciéndola sentado en la cama —contó Nasser—. Dormía en el cuarto que era de mi padrino, fallecido ya en ese momento. Me bajé de la cama, que era de dos plazas, y me acuerdo de darme vuelta y estar así con la guitarra, haciendo el tema”. Sus memorias no van mucho más allá en cuanto al proceso de composición de la canción, que fue en la etapa temprana de la existencia de Níquel, la banda que fundó en 1985, y que fue la que la interpretó algunos años después.

De lo que sí se acuerda es de las mutaciones que atravesó el tema con el paso de los años, entre que puso tinta sobre papel y que eso se convirtió en una pista grabada en un estudio, sobre todo en lo musical. “Tenía un andamiaje armónico con acordes de difícil denominación, complicados. Y bueno, a la vez su tempo era mucho más rápido. Era un tempo bien de candombe, candombe rápido”, explicó. De ahí su nombre en una canción que suena bastante lejos de un candombe, al menos a simple escucha.

Esa primera versión se grabó para el disco Gusano Loco, de 1989. Fue la única canción de las que se grabaron para este álbum que no entró. Quedó guardada en un cajón, inconclusa. La banda sabía que Candombe de la Aduana tenía potencial, pero algo no cerraba. Y parte del entorno del grupo también notaba la fuerza latente.

Como una escena de película o serie biográfica de banda de rock de esas que se consiguen por docena en Hollywood, Nasser recuerda la reunión en la que él y otros de los integrantes de Níquel fueron a entregar el máster de Gusano Loco a Carlos Dumpiérrez, el director artístico del sello que los editaba, Discovery. "¿Che, y el Candombe de la Aduana no está?", les preguntó Dumpiérrez.

“Le dijimos que no. Yo la verdad que no entendí nada, nos fuimos diciendo ‘que raro’, porque la verdad que le molestó bastante, no quedó muy conforme con que no estuviera, pero se ve que lo convencimos de que ese tema no funcionaba”, recordó Nasser.

En los dos años que pasaron entre esa primera versión y la publicación del álbum doble que finalmente la incluyó, Gargoland, el músico tuvo lo que define como “una epifanía”: simplificar la canción y enlentecerla.

Nasser se puso a diseccionar su composición, y a analizar los acordes complicados para descubrir cuáles eran los que estaban en la base. La respuesta fue mi mayor, la y fa sostenido menor. Repetidos, todo el tiempo, una y otra vez. El candombe se convirtió en una balada roquera con esa armonía de tres acordes. Inmediatamente cuajó.

“En ese momento ensayábamos en Pez de Plata, donde también lo hacían Los Terapeutas. De hecho, el que estaba a cargo de la sala, haciendo las tareas de los controles, era Wilson Negreyra, que todavía no formaba parte del grupo (el percusionista, fallecido en febrero de 2022, fue fundador de Los Terapeutas e integrante de Níquel desde 1991). Hicimos el tema, en esa versión nueva, y entró a la sala. Y nos preguntó  ‘¿y este tema?’. Nosotros le dijimos ‘es el que tocábamos siempre acá’, porque para Gusano loco habíamos ensayado ahí. ‘Es aquel tema, pero lento’. Y a partir de ahí, todo el mundo que lo escuchaba quedaba como loco. Lo escuchó Daniel Figares, lo escuchó Abel Duarte, todo el que lo escuchaba decía ‘opa’. Ya nos dimos cuenta de que era importante”.

El ruido de la calle

Candombe de la Aduana es la primera canción del Acto II de Gargoland, que salió a la calle en 1991. El impacto de la canción fue bastante inmediato, y marcó “un antes y un después” en la carrera del grupo y del propio Nasser, según considera el cantautor. Como ejemplo, dice que durante todo el año siguiente a la salida del tema, en sus presentaciones en vivo abrían y cerraban con esa canción.

“Era raro, pero era el poder de la canción, que era la carta de presentación y la despedida —resumió Nasser—. Disparó al grupo a un nivel de popularidad para el que no estábamos preparados, y para el que no había precedente en el rock uruguayo. Y después, cuando dejé la banda, también. Donde voy, sea un programa de televisión o un asado de amigos, pinta. Yo también en algún punto ya me desprendí de la canción. Es una frase hecha, pero si hay una canción que ya no es mía, es el Candombe de la Aduana”.

El cantautor y líder de Níquel no se anima a identificar razones por las que la canción logró conectar con el público, popularizarse y perdurar. Solo una: que era alegre. Y eso, considera, encontró respuesta en la sociedad uruguaya que todavía se estaba sacando de encima los últimos escombros de la dictadura y que vivía en un clima enrarecido.

“Era lo que la gente estaba precisando, lo que estábamos precisando todos: engancharnos en un tema uruguayo y cantar así, a voz en cuello, y que no nos importara absolutamente nada —dice—.  Y de repente que no fuera una murga, una retirada. Era más bien una bienvenida a una nueva época de libertad, de hacer más ruido, de que hubiera una marcha de la diversidad, de que se pudiera fumar un porro y todas esas cosas que nuestra generación de alguna forma significó. Ahí encuentro que estábamos todos de acuerdo en pegar unos gritos”.

De la Aduana a MTV

Para 1991, Julio Sonino ya se había hecho un nombre como director de videoclips. En su currículum figuraban trabajos para bandas como Los Estómagos, El Cuarteto de Nos y Alvacast, con su productora Khroma. A través de amigos en común, se reunió con Nasser para trabajar en un video para Níquel, y así comenzó una relación que devino en una amistad cercana entre ellos y sus respectivas familias, y que tuvo como corolario el documental El camino de siempre, que Sonino dirigió y que está protagonizado por Nasser, con un título que procede del estribillo de Candombe de la Aduana.

En una de esas primeras reuniones, Sonino fue a la casa del músico a escuchar Lluvia de amor, la canción que se había definido que fuera la que tendría su clip. En la charla apareció Candombe de la Aduana y, como le había pasado a otros antes que a él, Sonino sintió que ahí había oro. “Yo le dije ‘pará, pará, de esa es la que tenemos que hacer videoclip’. Y él me dijo ‘no, después, después’. Y la verdad es que todo el laburo que hicimos de Lluvia de amor estuvo bueno, pero a mí me quedó adentro esa otra”, relató el director.

En octubre de 1991, llegó el momento de concretar ese plan. Lo primero que hicieron Sonino y Nasser fue hacer “el camino de siempre”. Esa caminata fue el mejor trabajo de preproducción posible, en el que se definió que el tono ciudadano de la canción se trasladaría al clip, que era necesario filmar dentro del Puerto de Montevideo, y otras cuestiones del rodaje, que tendría lugar en unas pocas jornadas a fines de ese año.

Según Sonino, “si ves esos movimientos de cámara no eran demasiado usados en ese momento. Todavía Tinelli no estaba tan popularizado; digo eso porque en su momento Tinelli fue el que empezó a mover las cámaras adentro de un estudio de televisión. Y fue tomado de algunas series urbanas norteamericanas, como NYPD, y creo que se logró. Incluso, aunque no teníamos demasiados elementos como para una corrección de color, tuvo posproducción y le metimos ruido, emulamos una película de alta sensibilidad”.

Por un lado están las tomas que inician el video, en que se ve a la banda tocando en un estudio. Esas escenas fueron registradas en Sondor, el día después de que Níquel presentara en el teatro Solís su espectáculo De memoria. “O sea, dos, tres horitas de sueño como mucho, el que durmió —apuntó Nasser—. Hubo quien siguió de largo también. Entonces no me acuerdo de nada”.

Sonino recuerda que ese rodaje fue el primero porque él prefiere empezar con lo seguro para evitar el desgaste de las jornadas más “arriesgadas”. De todas maneras, contó que a nivel técnico fue de los rodajes más exigentes, ya que involucró máquinas como un dolly (usado para desplazar la cámara de forma fluida).

En ese momento del video aparece el coro del Colegio Alemán, que participó también de la grabación y que es una de las rarezas de Candombe de la Aduana. “Estábamos haciendo la canción, y el estribillo necesitaba más gente, pero ¿qué gente? —explicó Nasser—. Fue todo un diálogo así con Román Choberro, Luis Mazzoni, gente que nos grababa y metía la cuchara, porque nosotros no teníamos mucha pericia. ‘En ese tema tiene que haber un coro’, nos decían, pero ¿quién conoce un coro? Y no sé como terminamos con el Colegio Alemán. Alguien hizo la conexión, y fui con la viola un día, les mostramos el tema. Era medio bizarro pero fue natural, tampoco hubo mucha explicación para que no se asustaran, porque si hubieran sabido lo que éramos nosotros, no nos hubieran permitido la entrada ahí”, contó.

Después están las tomas “portuarias”, que se registraron durante una maratónica sesión de rodaje, tras haber pedido un permiso a las autoridades de la terminal. En un día favorecido por el clima (el cielo nublado aseguró que la luz no cambiara, algo clave para un rodaje en exteriores), la banda simuló tocar la canción, rodeada de familiares, amigos y allegados al grupo.

En ese segmento aparecen figuras del entorno de Níquel, como el periodista Daniel Figares, la productora y directora Pepi Gonçalvez, el exguitarrista de la banda Psiglo Luis Cesio, el chofer de la banda, parejas, hijos, padres y demás parentela. También hay un amigo de la banda que aparece como tecladista pero que en realidad no era parte del grupo y ni siquiera tocaba, sino que era todo un chiste.

El video lo completan una serie de registros de la zona de la Aduana por la noche, que incluyen una serie de imágenes “robadas” por el equipo de filmación en los cabarets de la calle Juan Carlos Gómez hechas desde una camioneta, que hubo que interrumpir cuando la cámara fue notada y el ambiente se puso espeso. Las recorridas nocturnas terminaron con la llegada a la casa de Nasser, y el padre del músico y su pareja saludando por el balcón, una imagen que terminó en el clip.

El clip fue uno de los primeros hechos en Uruguay en llegar a la rotación de MTV Latinoamérica, una cocarda que sin embargo, en ese momento, no tenía demasiado peso en Uruguay, porque el canal no se podía ver todavía. Pero tanto el compositor (que también fue parte del proceso de edición y producción del clip) como su director apuntaron que significó reconocimiento incluso fuera de fronteras para el grupo y para esta creación, y que incluso años después conductores, técnicos y ejecutivos de MTV con los que se cruzaban lo recordaban con aprecio.

Sonino se radicó hace 20 años en Miami, y al llegar se encontró con que su nombre era conocido por ese trabajo en el circuito del audiovisual musical. “Hubo un reconocimiento acá también. Creo que para nosotros fue algo alucinante, y fue un corolario de un montón de esfuerzos. Me significó cierto nombre y reconocimiento en el ambiente, y yo me imagino que a Níquel en su momento también, creo que lo internacionalizó. Fui hace unos años a hacer un clip musical a Colombia, y todos los músicos eran fanáticos de Níquel”.

El músico argentino Pappo la llamaba “la canción que les da de comer” (a Níquel). No Te Va Gustar la toca en sus pruebas de sonido, jugando con la subida de tono del estribillo, cantándolo cada vez más agudo hasta que las gargantas no dan más. Jorge Nasser dice que no se cansa de cantarla. Candombe de la Aduana ya está integrada en el cancionero uruguayo y en su propia vida. “Condensa mucho de  mi historia personal y la historia de mi familia. Y la historia de un barrio que se convirtió en city financiera”, resume el cantautor, que la define como “un himno” de esa zona de la capital. “Es como que el barrio le canta a la ciudad y se presenta, y nosotros somos, en este caso, inmigrantes sirios libaneses que nos hicimos yoruguas ahí”.

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