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La "infidencia" y los imbéciles que no saludo

Una historia del dinero en Uruguay (XXXIII)

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23 de mayo de 2018 a las 05:00

La devaluación del peso uruguayo frente al dólar en abril de 1968 —narrada en el capítulo anterior de esta serie— provocó un incidente político mitológico, del que se habla con pasión todavía hoy, medio siglo después, aunque muy pocos saben de qué se trató.

El historiador Lincoln Maiztegui lo contó así en su serie Orientales:

"En noviembre de 1967 el ministro de Hacienda César Charlone había devaluado el peso de manera drástica. La falta de confianza de la población en la estabilidad de la moneda llevaba a que la compra de divisas fuera muy superior a la normal, y las reservas se estaban agotando. Se abrió así la llamada "semana negra" de abril de 1968. El viernes 27 de abril hubo una compra de dólares aún por encima de la de los días anteriores, y el Banco República (única institución que vendía dólares; los cambios y demás casas bancarias se negaban a hacerlo) abrió una sola ventanilla, para morigerar la compra. Como además había paro de transporte, el banco cerró antes de la hora prevista, lo que provocó un incidente con los que esperaban haciendo cola desde horas atrás. A esas alturas, que habría una nueva devaluación era un secreto a voces. El sábado 27 las principales autoridades económicas (el presidente del Banco Central, Enrique Iglesias; el ministro de Hacienda, César Charlone; el director de Planeamiento y Presupuesto, Aquiles Lanza; y el segundo vicepresidente del Banco Central, José Guntín) se reunieron en Suárez con el presidente (Jorge Pacheco Areco) para estudiar la situación. Al parecer, en esa reunión se decidió implementar la devaluación a partir del lunes siguiente, pero no se fijó su monto. Ese mediodía, se encontraron en el domicilio del contador Iglesias el dueño de casa, Guntín y Aquiles Lanza, para seguir hablando del tema; llegó más tarde el contador José Pedro Lafitte, del Ministerio de Hacienda. A eso de la media tarde arribó el Dr. Jorge Batlle, que tenía un tema particular que plantear al contador Iglesias. La charla, que versó sobre diversos temas, se prolongó hasta la noche. Hay versiones distintas sobre si se habló de la devaluación ya resuelta: el Dr. Jorge Batlle declaró que "estando yo allí, no se habló para nada de devaluación [...]. Mientras Lafitte conversaba con Iglesias, nadie habló de devaluación. Nadie, absolutamente nadie". Lafitte y Lanza dijeron, en cambio, ante la comisión parlamentaria, que sí se habló y que el Dr. Batlle estaba presente. Al otro día, domingo 28 de abril de 1968, Alberto Astesiano, cronista del diario BP Color, publicó un título sensacional: "Desde mañana lunes, el dólar oficial se cotizará a $ 250". Efectivamente, así fue.

El ministro Charlone realizó ese mismo día una declaración histórica: "¡Qué horror! Ha habido una infidencia". A partir de ese momento, la devaluación del 30 de abril de 1968 sería conocida como la "de la infidencia". De alguna forma, el titular del BP Color determinó el monto de la misma, y al otro día se detuvo la compra de dólares. Se inauguró una terrible caza de brujas para determinar quién había sido el "infidente", ya que el periodista Astesiano mantuvo el secreto sobre su fuente. El director del Banco República Julio Herrera Vargas, después de ser destituido de ese cargo, acusó directamente, pocos días después, al Dr. Jorge Batlle y a José Guntín, quienes —dijo— en los días previos habían adquirido 70 millones de dólares. Gran parte de la población creyó a pie juntillas en esa denuncia, y durante largos años el Dr. Batlle fue conocido como "el infidente". Guntín, por su parte, hizo notar que Herrera Vargas sólo hizo su denuncia después que perdió su cargo en el Banco República, y no la ratificó ante la Comisión Investigadora que designó el Parlamento (integrada por Francisco Mario Ubillos, Wilson Ferreira Aldunate, Juan C. Mastalli, Agustín Caputi, Pereyra y Juan Luis Pintos). Como consecuencia de esta serie de crisis, el gabinete en pleno presentó renuncia; Pacheco tenía, por fin, las manos libres para constituir su propio gobierno".

El eterno drama de las grandes devaluaciones

Maiztegui opinó que todo el episodio incluyó "una de las tantas calumnias que han afectado a figuras políticas del país [...]. No pudo probarse nada (ni por la comisión del Senado, ni por la Justicia civil ni por la militar, que investigó al Dr. Batlle cuando fue detenido en 1972), sino que el sentido común indica que se ha hecho una tormenta en un vaso de agua. Si, como se dice, el sábado 27 se había decidido la devaluación pero no se había fijado su monto, ¿qué "infidencia" podría haberse producido? Que se iba a devaluar era notorio para cualquier persona bien informada, y la fiebre de comprar dólares de los días previos fue tanto consecuencia de esa certeza como causa de que se haya llevado a la práctica...".

En un mercado libre, como el actual, el tipo de cambio se corrige todos los días, según la oferta y demanda de los grandes operadores financieros, incluido el gobierno. Pero en aquella época de mercado controlado y alta inflación las correcciones solían ser violentas: grandes sacudones. Calcular cuándo y cuánto, para anticiparse, era un arte decisivo y vital (o poseer información privilegiada).

"Los barraqueros guardaban la zafra de lana en los galpones de la calle Paraguay, en la Aguada, hasta que se devaluara, para exportar de inmediato" y obtener más pesos, evocó el 5 de abril el economista Ariel Banda, quien trabajó muchos años en cargos técnicos y gerenciales en el Banco Central del Uruguay (BCU) y el República. "Era más importante adivinar cuándo se iba a devaluar que producir", afirmó Banda en una conferencia en la Universidad ORT, en presencia de estudiantes y de varias personas que presidieron el BCU.

Otra forma de hacer dinero con información privilegiada en abril de 1968 pudo consistir en comprar grandes cantidades de dólares a 200 pesos para venderlos muy poco después a 250. Y luego, en una carrera loca, usar esos pesos rápidamente, antes de que los depreciara una inflación que superaba con largueza el 100% anual.

De hecho, la semana previa a la devaluación "de la infidencia" fue generosa en rumores, casi como siempre. El proyecto de presupuesto nacional, al que cada sector agregaba algún pedido, prometía un enorme déficit fiscal para 1968, que, como era habitual, se cubriría en parte con emisión de dinero, lo que alentaba las expectativas de devaluación.

Pero las estadísticas muestran que las ventas de moneda extranjera del Banco de la República, siempre lerdo y lleno de colas, aumentaron un poco, aunque no en forma dramática: unos 6,1 millones de dólares, menos del 10% de los 70 millones que había mencionado el ex director del República, Julio Herrera Vargas.

Si la devaluación se resolvió el sábado 27 de abril de 1968 en la reunión del equipo económico de gobierno con Pacheco Areco en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, ya nadie tendría posibilidad alguna de comprar dólares antes de la suba, que sería el lunes. Precisamente por eso las reuniones de ese tipo solían hacerse en fines de semana o feriados.

Dos posibles fuentes

El periodista Alberto Astesiano escribió la noticia de la devaluación del peso en 25% el sábado 27 de abril de 1968. Se publicó el domingo en BP Color, con título secundario en la tapa: "El dólar oficial a $ 250".

El matutino católico BP Color, continuador de El Bien Público, marcó un nuevo rumbo en la prensa uruguaya al proponer un manejo profesional e independiente de la información, en tiempos en que predominaban los periódicos político-partidarios. No le fue bien sin embargo. Quebró en enero de 1971.

Raúl Ronzoni, un periodista que trabajó muchos años en el diario El Día y en el semanario Búsqueda, cuenta en un libro de reciente edición —El infidente, de editorial Fin de Siglo— que una probable fuente "confiable" que Astesiano protegió hasta su muerte fue el mismísimo presidente Jorge Pacheco Areco.

Astesiano estuvo el sábado 27 dentro de la residencia presidencial de la avenida Joaquín Suárez 3685, en el Prado. "Se paseaba como Perico por su casa" porque "era amigo de Pacheco", contó Enrique Iglesias, quien también estuvo presente pues presidía el Banco Central.

Parece entonces que el presidente de la República —quien había sido redactor, editorialista y director del diario El Día— obsequió a un veterano periodista amigo una gran noticia, para su lucimiento personal, cuando su difusión era sensacional pero ya irrelevante, pues los cambios de moneda estaban cerrados. Si fue así, como cree Iglesias, no sería nada nuevo bajo el sol. ¿De qué "altas fuentes de gobierno" han obtenido sus grandes noticias algunos buenos periodistas de todos los tiempos?

Pero hay otra fuente posible, o al menos complementaria. Ronzoni cuenta en su libro que Astesiano, ya informado sobre la inminente devaluación pero sin mayores precisiones, obtuvo una cifra concreta tras reunirse en un café con el escribano Felisberto Carámbula, un político batllista de Las Piedras, entonces vicepresidente del Banco de la República por intercesión de Jorge Batlle, y padre de Gonzalo y Marcos Carámbula, quienes harían carreras políticas propias en filas del Partido Comunista.

La "infidencia" como arma política contra Batlle

El primero en afirmar que el "infidente" había sido "el hijo de Luis Batlle" fue el senador herrerista Washington Guadalupe, un personaje inefable, que lo estampó en el diario El Debate el 9 de mayo.

El 13 de junio, un mes y medio después de la devaluación, el senador Zelmar Michelini se alejó del gobierno de Pacheco Areco, lo que llevó a la destitución de su representante en el Directorio del Banco de la República, el abogado Julio Herrera Vargas. Casi un mes más tarde, el 12 de julio, Herrera Vargas dijo en una conferencia en el Paraninfo de la Universidad que "Jorge Batlle empujó la devaluación luego de haber comprado grandes cantidades de dólares".

El escándalo fue mayúsculo. Desde la derecha a la izquierda, hicieron fila para pegarle a Jorge Batlle, un socio importante del gobierno y un líder muy discutido. Pero al fin, después de muchas vueltas, ni una comisión investigadora que integraron senadores de primera línea, ni la justicia penal lograron identificar a la fuente del periodista de BP Color. (Ante la justicia, Herrera Vargas no incriminó a Batlle sino a Felisberto Carámbula, en tanto un segundo juez aceptó el secreto profesional de Astesiano, a quien el fiscal proponía juzgar por desacato).

Los duelistas

Aquellos tiempos eran violentos, de competencia política enfurecida y de un sentido del honor quisquilloso.

A mediados de octubre de 1970 el político colorado Manuel Flores Mora, unos de los antiguos "jóvenes turcos" que rodearon a Luis Batlle Berres y luego rival y enemigo abierto de su hijo, Jorge Batlle, quien lo echó del diario Acción y de radio Ariel, habló de presiones para provocar una nueva devaluación del peso. Por entonces el déficit fiscal era enorme, porque días antes el Parlamento había votado un presupuesto sin financiamiento, que el gobierno pagaría con más emisión de dinero, lo que conduciría necesariamente a una devaluación. Pero Flores Mora, que competía por izquierda, acusó a "la banca privada, los exportadores que intermedian en la colocación del producto de nuestro campo y se llevan la parte del productor, muchas veces mal pago, y la del país. Los especuladores de todo tipo. Y además, el doctor Jorge Batlle".

Julio Sanguinetti, redactor responsable del diario Acción, salió en defensa de Batlle, que estaba de viaje, y en un artículo acusó a Flores Mora de paranoico y demagogo. Por su parte Batlle envió un artículo en el que acusó a Flores Mora de "encaramarse en una canallada para forjar otra".

Sanguinetti y Flores Mora se batieron a duelo con sable el 22 de octubre de 1970, en la Escuela de Armas y Servicios de camino Maldonado, con el general Líber Seregni como juez. En un lance breve y violento, Sanguinetti, más joven e instruido en sable, hirió profundamente el antebrazo derecho de su rival y le cortó nervios y tendones.

Tres semanas más tarde, el 11 de noviembre, se enfrentaron Flores Mora y Jorge Batlle. El maestro de esgrima José Goliardi contó al autor de esta nota, hace muchos años, en mayo de 1980, que los duelistas se corrieron por el salón, incluso fuera de la pedana o ruedo, con Flores Mora siempre a la ofensiva, tirándose terribles sablazos, más apasionados que prolijos. Fue largo y ambos terminaron con heridas menores.

Los tres rivales se reconciliaron poco después del inicio de la dictadura en 1973.

En setiembre de 1972, cuatro años y medio después de la tan mentada devaluación, algunos grupos militares ya lanzados a la acción política tras derrotar a los tupamaros, se pusieron a investigar otra vez el asunto de la "infidencia". Jorge Batlle los denunció públicamente el 25 de octubre: "¿Se pretende en este país que el rumor sustituya a la justicia?". Fue procesado por la justicia militar por el delito de "ataque a la fuerza moral del Ejército" y permaneció tres semanas en prisión. Eran los preámbulos de un golpe de Estado y las Fuerzas Armadas jugaban para la tribuna.

Jorge Batlle, renovador, iconoclasta y entrometido, siempre fue manzana de discordia. Tanto así que hasta un grupo de muchachos uruguayos, integrantes de un equipo de rugby de un colegio de Carrasco, que desde mediados de octubre de 1972 sobrevivía malamente en una montaña helada de los Andes comiendo carne humana, y que escuchaba radios montevideanas, discutió y se dividió en torno a la prisión del líder de la Lista 15 por los militares.

"Imbéciles no saludo"

La competencia entre periodistas puede ser tan ingenua y salvaje como se narra en el film Primera Plana (The Front Page). Es orgullo y sentido de pertenencia, y en ocasiones un poco de estupidez. Raúl Ronzoni, quien mantiene en el semanario Búsqueda una columna sobre temas judiciales, cuenta en su libro El infidente una historia de culto entre los periodistas veteranos. Algunos la ponen en duda, y otros juran haber sido testigos. Si no es cierta, al menos está bien contada.

Tras la primicia de BP Color el domingo 28 de abril, el periodista Jaime Galante, cronista de Acción —precisamente el diario de Jorge Batlle, Julio Sanguinetti y la Lista 15—, "nervioso y temeroso de perder su trabajo o la confianza de sus jefes, se sentó y escribió: 'Una infidencia llevó a conocimiento de un matutino una información que se manejó en secreto y que, pese a estar en conocimiento del cronista [él mismo], no fue publicada por Acción en su edición del sábado". Así se imprimió, fuera de toda discusión y vergüenza, porque los domingos las salas de redacción de los periódicos suelen estar huérfanas, salvo de cronistas de deportes.

Los celos de Galante por BP Color y Astesiano sirvieron de estribo a los enemigos de Jorge Batlle y pusieron en aprietos a Francisco "Piti" Forteza, también de la Lista 15, subsecretario de Hacienda y líder en la sombra de esa cartera.

Muchos años después, en 1988, cuando fue designado ministro del Interior por el presidente Julio Sanguinetti, Forteza bajó al hall central del Edificio Libertad a saludar uno por uno a los periodistas acreditados en Casa de Gobierno. Cuando le llegó el turno a Jaime Galante, entonces cronista del vespertino Últimas Noticias, Forteza, que era bravísimo y podía ser desagradable, lo dejó con la mano derecha estirada y le dijo al oído suficientemente fuerte como para que lo sintieran todos: "Imbéciles no saludo".

Próxima nota: la "congelación" de precios y salarios de 1968



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