Cuando aparecen trabajos que demuestran la eficiencia de la inseminación artificial y la sincronización a tiempo fijo, inevitablemente me viene a la cabeza la pregunta de por qué no está más difundida esta fenomenal herramienta. Y entonces aparecen todo tipo de argumentos, a favor y en contra. Hace pocos meses me topé con un ganadero importante de la Cuenca del Salado, en Argentina, que me comentó: “A nosotros la inseminación no nos funcionó”. Naturalmente hay experiencias de todo tipo y en ello va la calidad del inseminador, los protocolos, el estado corporal de la vaca, la calidad del semen, etcétera.
Pero en esta nota quiero poner el foco en una idea, a partir de un informe publicado esta semana en Drovers Cattle Network, en EEUU, y que da cuenta de la principal ventaja de inseminar. Sobre un rodeo modelo de 50 vacas, el trabajo indica que, con servicio estacionado de 90 días de toros, los nacimientos se distribuyen de la siguiente manera: primer mes, 40%; segundo, 35%; y tercero, 25%. Inseminando a tiempo fijo, esto mejora de la siguiente manera: primer mes, 64%; segundo mes, 26%; y tercer mes, 10%.
Dejando constante la fecha del destete, el trabajo indica que, con el sistema de inseminación, se habrá producido un aumento de 16% de los kilos de ternero producidos, solo por el hecho de destetar terneros de más edad y consecuentemente de más kilos. En el terreno económico, hay que compensar el costo de inseminar contra las ventajas de avanzar a mayor velocidad genética y tener menos toros en el campo.