4 de septiembre 2014 - 19:52hs

Para los memoriosos, la naranja mecánica fue la selección de fútbol de Holanda que jugó el Mundial disputado en Alemania en 1974. Con la batuta del mejor jugador y capitán del equipo, Johan Cruyff, y la alusión al color naranja de la camiseta, la selección holandesa fue sinónimo de un juego colectivo cercano a la perfección.

Salvando las distancias –todas las comparaciones son odiosas–, la trayectoria que está desarrollando la citricultura uruguaya pretende acercarse a ese juego de equipo.

Primero con un liderazgo, que para nosotros lo ejerce desde 2010 el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, en la decisión política de transitar ese camino, y por su asesor citrícola Federico Montes en la cancha.

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Segundo con una agenda, que no es otra cosa que el Plan Citrícola presentado en 2010 en la sede de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara). Esa agenda que se está desarrollando desde entonces se basa en cuatro pilares, a la manera de desafíos. Ellos son: inserción internacional; programa de saneamiento y certificación; investigación y desarrollo; y sustentabilidad social.

Tercero, el equipo. El orden de estos puntos lo hacemos nosotros, pero es fácil deducir que son necesarios los tres. Y aún más: pese a las dificultades, porque no hay ningún camino de rosas, los tres están.

Tal vez no sea el momento de realizar un balance de logros y fracasos, aunque fue el sector citrícola el que se dio ese espacio el viernes pasado en la sede del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en Salto Grande, que funcionó como una puesta a punto.

Nos gusta creernos esta visión de “naranja mecánica” para el sector citrícola –al estilo de los liderados por Cruyff– porque el año pasado pudimos comprobar en Berlín el esfuerzo que hacen los empresarios para cerrar negocios en la Fruit Logística, una de las ferias más grandes del mundo.

Y pudimos comprobar en el stand de Uruguay XXI, donde lucía la bandera uruguaya, que la unión hace la fuerza, más allá de que los negocios los hace cada uno a su gusto.

Ya es conocido que la apertura del mercado estadounidense ha dado un nuevo impulso al sector. No solo es un mercado que costó muchos años de trabajo –y muchos ministros cinchando–, sino que también otorga prestigio para salir a la conquista de otros.

Como alguien comentó, llegó en un momento en el que Uruguay perdía las preferencias arancelarias en la Unión Europea al mejorar el ingreso per cápita de sus habitantes.

A nivel de mercados, siguen las gestiones para llegar con fruta cítrica a otras latitudes, como China, Indonesia o, más cerca, Colombia y Panamá, por recordar las que ya se han mencionado.

Son acciones clave para un sector que exporta al menos la mitad de la producción. Para esta zafra que culmina el mes próximo se estima que la producción supere las 300 mil toneladas y, hasta el momento, las colocaciones en el exterior alcanzan a alrededor de 100 mil toneladas.

Pero así como es importante producir y exportar, resulta clave cumplir con la certificación de plantas (y procesos) –está latente la amenaza de HLB–, continuar la investigación y apuntar a la sustentabilidad social. Esto no es otra cosa que valorar y valorizar la mano de obra, no solo por ser escasa sino porque la productividad pasa a ser un asunto serio.

Ojalá que el sector citrícola siga caminando hacia un horizonte mejor, donde le esperan desafíos muy importantes, como la renovación de los montes y nuevas oportunidades de negocios.

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