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La ñata contra el vidrio para ver a la selección

Siempre hay una forma de ver los partidos de Uruguay

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27 de junio de 2018 a las 04:45

La noche del 12 de julio de 1989 me atrapó en plena avenida 18 de Julio y Cuareim. Pensé: si tomo el ómnibus, no llego a mi casa a ver el partido de la selección uruguaya contra la argentina, por las semifinales de la Copa América que se disputaba en Brasil. No lo pensé dos veces. Decidí quedarme a ver el partido en el televisor de un comercio, a través de la vidriera, salvación providencial para quienes carecen de televisor. A los 10 minutos de comenzado el partido me olvidé de que era invierno. El fútbol es tan noble, que puede fungir incluso de estufa. Fue un partido glorioso. Conocen el resultado.

Antes de ayer me pasó lo mismo. Hacía casi 30 años que no repetía la experiencia. Estaba en Santiago, dando un curso en una universidad chilena, y la única forma de poder ver a la selección era a través de una vidriera, en el televisor de algún comercio cercano al centro de estudios, ubicado lejos de donde me estoy alojando. Todo planeado de antemano. La clase comenzaba a los 10 minutos de concluido el partido, por lo tanto, la falta de sonido y de comodidad eran algunos de los daños colaterales de la estrategia puesta en práctica para poder ver el partido como si fuera una película muda. Para mi sorpresa, no fui el único parado frente a la serie de televisores encendidos de distintas pulgadas, aunque ninguno con una pantalla tan chica como el aparato donde vi el partido contra Argentina, en tiempos pre-plasma y pulgadas altas.

Me hubiera gustado oír los comentarios de los relatores, sobre todo luego de que la selección tomó control total del partido contra los rusos, pero me di cuenta de que no hubiera sido lo mismo, que le hubiera quitado a la experiencia su carácter único. Rodeado de chilenos, la única voz que se oyó fue la mía gritando en tres momentos diferentes del partido la misma palabra, la que sale del alma y no le pide permiso a nadie para imponerse sobre el silencio.

El tangazo cantado por Edmundo Rivero dice, "De chiquilín te miraba de afuera /Como a esas cosas que nunca se alcanzan... /La ñata contra el vidrio /En un azul de frío". La mañana de antes de ayer fue "de frío", aunque muy otro su color. Hay mañanas que son rotundamente celestes y esas, aunque el día esté helado, jamás son frías.

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