19 de febrero 2023 - 5:01hs

Las imágenes hablan por sí solas. Gustavo Leal (la sorpresa de la semana) llegó a declarar a la Fiscalía sonriente y con la promesa de dar sus explicaciones a la salida pero terminó huyendo de los periodistas. Como contó esta crónica, en una audiencia que duró sólo siete minutos, pasó de testigo a indagado y salió por una puerta lateral, sin el saco beige con el que había entrado, para que los periodistas no lo reconocieran.

“Esperen hasta el jueves y sabrán toda la verdad. Se van a sorprender”, le había dicho Leal al periodista Leonardo Haberkorn el domingo, en la nota en la que informó que el exdirector de Convivencia Ciudadana en la gestión del Frente Amplio, había sido citado por Fossati luego de que excustodio presidencial declaró en la cárcel que Leal había ido a visitar a su padre que vive en la Barra del Chuy.

Lo único que se sabe hasta ahora es lo que transmitió Fossati a través del vocero de la Fiscalía General, Javier Benech: que no puede descartar que Leal “haya cometido actos para entorpecer la investigación”. Algo que le dijo en esos pocos minutos, y que por el momento se desconoce, motivó que la fiscal le cambiara el estatus judicial. Algún penalista podrá decir que le dio mayores garantías (un testigo está obligado a decir la verdad mientras que un indagado puede mentir para defenderse y tiene que estar asesorado por abogado) aunque también lo señaló como sospechoso de cometer delito.

Unas cuantas interrogantes permanecen sin respuesta: ¿cómo llegó Leal al padre de Astesiano? ¿Cayó de sorpresa como dijo Raúl Astesiano o fue un encuentro concertado previamente? ¿Con qué fin se trasladó hasta el Chuy? ¿De qué hablaron? ¿Por qué Fossati cree que esa reunión pudo haber constituido delito? ¿Qué dijo Leal para que la fiscal entienda que quiso entorpecer su investigación?

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Si bien después de unas horas de desconcierto, la coalición de izquierda salió a respaldar a Leal (su presidente Fernando Pereira dijo que "ha actuado con responsabilidad en este y todos los temas"), varios dirigentes se desmarcaron de su actuación (dijeron que actuó por motu propio y sin consultar) y todo este episodio generó mucha molestia.

Se señaló también que Leal no integró ninguna lista ni tiene cargo político pero no se puede olvidar que en la pasada campaña había sido designado ministro del Interior de Daniel Martínez, si ganaba, y que ahora es quien representa al FA en la mesa de seguridad convocada por el Ministerio del Interior. Desde su cargo de director de Convivencia y Seguridad Ciudadana en la gestión de Eduardo Bonomi encabezó los llamados operativos Mirador, con los que se intentó frenar el avance de bandas que buscaban hacerse del control en algunos barrios. En uno de esos operativos fue tachado de “antichorro”  por los vecinos a lo que respondió: “Soy antichorro y qué”. También se valió de su contacto con delincuentes para escribir el libro Historia de sicarios en Uruguay, publicado en 2021.

Sea lo que sea que haya ocurrido, el Frente Amplio quedó muy mal parado. La oposición que venía pegándole en el piso al gobierno se ve ahora metida en este lío mientras en el oficialismo se frotan las manos y hacen fila para devolverles los golpes y sembrar suspicacias sobre las intenciones de Leal y del FA por acercarse a la familia del excustodio.

Un acuerdo legítimo que despertó críticas

El otro hecho que dio un respiro al gobierno fue el acuerdo al que Fossati llegó con Astesiano por el que terminó condenado a la pena de 4 años y seis meses por los delitos de asociación para delinquir (tiene una pena máxima de 5 años), tráfico de influencias (cuatro años de pena máxima), conjunción del interés personal y del público (pena máxima de tres años) y revelación de secreto (penado con multa).

Inés Guimaraens Fiscal Gabriela Fossati

El acuerdo es perfectamente legítimo y todos los fiscales lo aplican (casi 90% de los casos se cierran por proceso abreviado) cuando las pruebas son contundentes para evitar ir a juicio por un tema de economía procesal. Pero que se haya aplicado al cabo de cinco meses en un caso de corrupción generó varias lecturas.

Desde la academia se cuestionó, como lo expresó el jurista Germán Aller, que puedan haber quedado descartados otros delitos "con una carga mayor" que la que se conoce hasta ahora. Desde la oposición se puso un manto de duda al señalar que sorprendió "la rapidez" con la que se cerró el caso, mientras que el oficialismo lo utilizó para intentar ponerle un cierre al tema y remarcar que "se habló de más", como dijo el presidente Luis Lacalle Pou.

Por otra parte, el manejo que ha hecho la fiscal del caso, saliendo a través de Twitter y de los medios a responder a cuestionamientos de políticos o de colegas, el enfrentamiento con su jerarca el fiscal de Corte Juan Gómez, también la han convertido en un flanco de críticas y en ese sentido intenta cerrar cuánto antes la causa.

Pero políticamente el caso Astesiano no morirá. Además de que resta que la fiscal se pronuncie sobre los policías indagados, que otro fiscal indague a Astesiano por lavado y, ahora, que se clarifique “el caso Leal”, se viene una campaña electoral que promete tener a este tema como una mosca revoloteando cerca de las migas.

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