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Cesilio De Los Santos

Fútbol > HISTORIAS: CESILIO DE LOS SANTOS

La historia de Cesilio de los Santos: lo dirigió Gambetta, jugó en Nacional tras el quinquenio de Peñarol y en la selección de los "repatriados"

Después que se retiró del fútbol fue entrenador y luego comentarista de la televisión mexicana

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10 de julio de 2021 a las 05:00

Cesilio de los Santos tiene 57 años, hace más de 30 que vive en México y habla como si nunca se hubiera ido de Rivera. Es feliz en la capital azteca, a pesar de las diferencias que existen con la ciudad donde nació: “Me encanta el DF, es la mejor ciudad de México. Por el amor de dios, tiene todo. Hace cuatro años que no voy a Uruguay, pero en otras oportunidades me han preguntado en Rivera cómo hice para vivir en esta ciudad de 23 millones de habitantes. Uno se acostumbra” contó a Referí y su risa sonó a través del teléfono.

En este repaso por su historia recuerda cuando salía en bicicleta a comprar hierro para su padre que era herrero artesanal y que fue dirigido por Shubert Gambetta, el campeón del Mundo en 1950. Su paso por la humildad de Bella Vista y la llegada al poderoso América de México. El ambiente “raro” de la selección de los “repatriados” en 1993 y la “planchada” que fue integrar el equipo de Nacional en 1998, tras el quinquenio de Peñarol. La changa de comentarista en Televisa que duró 9 años y su defensa a ultranza del trabajo de Óscar Tabárez en la selección actual.

Cesilio se escribe así, con “s” la segunda vez, y fue inscripto de esa forma en honor a su abuelo. Una decisión que le ha generado problemas, porque es habitual que se escriba con “c” las dos veces: “Tanto yo como mis hijas, hemos tenido que cambiar papeles en México porque está mal escrito mi nombre”, reconoció el exlateral izquierdo que es papá de dos mujeres, de 31 y 29 años, que está separado de su esposa y tiene una novia con la que quiere terminar su vida.

Del Cuñapirú en adelante

Comenzó jugando al fútbol en un equipo de los militares en Rivera, de nombre Cuñapirú. “Había muy buenos jugadores, la gente laburaba, te pagaban algún mango de vez en cuando, pero en realidad era amateur. Jugábamos en una canchita de fútbol 7, donde iban los directivos de Frontera y jugaban con nosotros. Un día me dijeron, ‘te queremos llevar para Frontera’. Era 1981, más o menos”.

Para un hincha fanático de Frontera Rivera, en ese momento aquello era el summum. Desde niño concurría a los partidos de ese equipo. “Un día fueron y tocaron la puerta de la casa de mamá y papá. Dijeron ‘nosotros queremos llevar a Cesilio”. Entonces salió un canje: “Nos cambiaron a Enrique de Veliz que era arquero y a mi, por un jugador de Frontera que se quería ir a Cuñapirú. Yo tenía 16 años y llegué para jugar en la Tercera división”.

Frontera, que siempre tuvo la ilusión de ser un equipo grande (en 1999 llegó a la Primera división del profesionalismo), llevó a Shubert Gambetta como entrenador en 1982. El campeón del mundo empezó dirigiendo la Tercera donde jugaba Cesilio, con la idea de continuar en el equipo de Primera, pero tuvo que regresar a Montevideo, “por un problema en la casa, creo que le robaron -recordó Cesilio- y dejó a su auxiliar, que fue el que me hizo debutar en la máxima categoría”.

En el año de su debut, Frontera perdió la final contra Peñarol, pero Carlos Wallace lo convocó a la selección juvenil riverense. Fueron campeones del Noreste y perdieron la final del campeonato Nacional contra Artigas, donde jugaba Eduardo "Dito" Da Silva. Eran épocas de oro del fútbol de la frontera con Brasil. “En 1983 seguí en Frontera y con la selección juvenil perdimos feo el Noreste, pero también jugué en la selección mayor. En 1984 Rivera organizó el campeonato Nacional juvenil y como yo había jugado con 18 años en el Noreste, podía jugar con 19 el torneo del Interior, estaba esa regla, así que salimos campeones con la selección juvenil” relató con una memoria de computadora.

Además de jugar al fútbol, Cesilio estudiaba y trabajaba con su papá en la herrería. “Mi papá era herrero artesano y yo salía en bicicleta a comprar el hierro y el carbón. Un día había ido a comprar a Livramento, le dejé las cosas y le conté que había una persona que quería hablar conmigo. Un profesor de Educación Física que yo tenía en el liceo me había dicho que un amigo de él quería verme. Fui, me presenté y me dijo: ‘Si yo te pago el boleto del ómnibus y te compro los zapatos, ¿te animas a irte a probarte a Bella Vista de Montevideo?’ Le contesté que si me aguantaban una semana en el liceo, iba. Mi ilusión era jugar, imagínate. Hablé con la directora y me dio una semana. Arranqué para Montevideo, me acuerdo que hacía un frío terrible”.

De Bella Vista al América

Viajó solo y se bajó en Agraciada y Zufriategui, donde lo esperaba el dueño de la pensión que tenía Bella Vista para sus juveniles. Entrenó de lunes a viernes y regresó a Rivera, porque el lunes siguiente había que decir presente en el liceo. Unos 20 días después, apareció la gente de Bella Vista en Rivera, compraron su pase y se instaló en la capital. El entrenador papal era José María “Chema” Rodríguez, a quien luego sustituyó Ángel Traverso.

“Debuté en Bella Vista, el equipo clasificó a la Copa Libertadores y me fui de vacaciones. En 1985 regresé y fue un año malísimo porque no cobrábamos, lo normal en el fútbol uruguayo. Además, me desgarré y no pude viajar a Chile para jugar contra Colo Colo y Magallanes. También nos tocó Peñarol. Terminó la Copa y empecé a jugar en el Uruguayo”, contó Cesilio, quien se hizo amigo de Juan Andrés Larre. “El canario es uno de mis mejores amigos. Un día me dice ‘vamos a tener que ir al liceo’. Yo había pedido el pase y empezamos el Bauzá. Aguantamos 15 días. Íbamos a las 7 de la tarde y a veces volvíamos a la pensión a las 11 de la noche, y no había nada para comer porque llegábamos fuera de hora. Entonces un día terminó la última clase y dijimos con el canario, no va más. Y no fuimos más”.

“Fueron épocas jodidas, fútbol Neandertal. Crecimos en una época que costaba muchísimo trabajo jugar al fútbol, con poca indumentaria, con agua fría. Hoy las condiciones han cambiado”, expresó.

Se afirmó en el primer equipo papal. Llegó el profesor José Ricardo De León, el equipo se salvó del descenso en 1986 y los siguientes dos años se clasificó a la Liguilla pre Libertadores. Cuando arrancó la temporada 1988, Óscar Tabárez lo convocó a la preselección que se preparaba para el Mundial de Italia 1990. Un día, regresando de Colombia con Bella Vista, el presidente Arsen Avcharian le dijo que había una posibilidad de salida para él: podía ser a Argentina, Brasil o México. Hasta que un día apareció gente mexicana en el entrenamiento del Nasazzi y Cesilio terminó en el América.

“En esa época no había la información que hay hoy que las redes sociales manejan todo, no era lo de ahora económicamente, hoy se manejan cifras fuera de lo común. Pero llegué a un club cuyo dueño era el dueño del estadio Azteca y de la televisión. Al principio no dimensionaba adónde había llegado, me di cuenta el primer día que fui al entrenamiento y había 4.000 personas. Después jugar en el Azteca como locales, en aquel entonces entraban 120.000 personas, hoy bajaron a 80.000” contó el exjugador y agregó que “ese tipo de situaciones te van cambiando la vida, te van ampliando el panorama. Me fui afianzando, haciendo fuerte, me costó trabajo al inicio. Me dio para jugar seis años en el América, serían 12 torneos cortos de ahora en un mismo equipo, por eso digo que soy un bendecido de este deporte”.

La selección, una etapa que lo marcó

Una de las etapas que el fútbol lo marcó negativamente, fue su pasaje por la selección nacional en 1993, cuando el técnico era Luis Cubilla. “A mí me tocó una época muy complicada, siempre tuve la ilusión de jugar en la selección uruguaya pero me tocó una época terrible. Ni ganas daban de ir. Jugué la Copa América de Ecuador en el 93 y nos eliminó Colombia en Guayaquil por penales. Me tocó la Eliminatoria, cambiaron de entrenador, vino Maneiro. Después del último partido con Brasil dije 'muchas gracias, me voy'. Agarré mis cosas y me fui”.

Era la época del enfrentamiento de los futbolistas que jugaban en clubes europeos, a los que llamaban “repatriados” con el técnico Cubilla. “Me olvidé totalmente de la selección. No me gustaba el ambiente, era raro. Vestuario raro. El trato, no era de un equipo de fútbol y menos de una selección, había grupitos. Te soy sincero, hoy que tengo 56 años y lo digo. Después se acomodó, salió campeón de la Copa América como local, pero la base del plantel era casi la misma, con algunos retoques”.

Después de la Copa América de 1993, Roberto Fleitas llamó a Cesilio para un partido amistoso en Alemania, pero no quiso ir. “Le dije que no, no porque no me gustara vestir la camiseta de la selección, desde niños era una ilusión para nosotros, nos criamos con De León, con esa gente, con los que fueron campeones del Mundialito, y los veíamos en la tele en Rivera, pero me gastó. Esa etapa me marcó”.

Por eso hoy no entiende las críticas que recibe Tabárez: “Veo las críticas que le hacen a Tabárez y me agarro cada calentura y acá lejos. Soy fan de Tabárez, del proceso, el fútbol uruguayo desde 2006 para adelante creció una enormidad. En el sentido internacional, del local no tengo mucha idea, veo algunos resúmenes en el Ipad, pero no es algo que me llame mucho la atención, sí la selección. Cuando critican a Tabárez, decís, ¿qué ganaste antes? Con el fútbol uruguayo cómo es, salir cuarto en un Mundial no es cualquier cosa. Esas son las cosas que mucha gente no aterriza el comentario, la idea de la crítica, porque uno puede criticar pero tenés que tener base”.

Luego agrega sobre el entrenador celeste: “El respeto que le tienen en todo el mundo es impresionante, porque aparte es un tipo sumamente capaz, con Otero, Rebollo. La manera de transmitir, ese sentido lúdico a las selecciones juveniles, ese proceso largo, cuántos jugadores salieron de Uruguay a equipos importantísimos en el mundo y es por ese proceso. Al final del día, a mí me tocó una época terrible, pero soy fanático de la selección”.

"Nadando" a Nacional

En la temporada 1994 Cesilio fue transferido a Tigres y sufrió una lesión. “Fue una época muy complicada de mi carrera porque me rompí un menisco y por estrés me quedé sin cartílago. Era una lesión nueva en aquel entonces y me costó dos años regresar al fútbol”. Volvió jugando seis meses en Tigrillos, la filial de Tigres, hasta que en 1997 recibió un llamado desde Rivera.

“Me habló el hermano de Hugo De León, era muy amigo mío. Me dijo que había una posibilidad de que Hugo agarrara Nacional. Se lo habían ofrecido, pero él quería limpiar todo y empezar de cero en enero de 1998, y que tenía la idea de llevarme. Me preguntó si yo quería ir y le dije, ‘me voy nadando a Nacional’”, aunque no era el mejor momento ya que Peñarol había ganado los cinco años anteriores y buscaba el sexenio.

Su papa era hincha fanático de los tricolores y por tanto él también. El profesor Esteban Gesto lo llamó el 25 de diciembre de 1997 y le preguntó cómo estaba y qué estaba haciendo: “No haga más nada, venga para acá” le dijo Gesto. Cesilio llegó el 30 de diciembre a Montevideo, alquiló un auto en la rentadora que Marcelo Saralegui tenía cerca del aeropuerto y viajó solo hacia Rivera.

“Pasé el 31 con mis papás y amigos y regresé el 6 de enero a Montevideo. El 7 el doctor Suero me hizo los estudios en La Española, recuerdo que estaba Magurno, me llevaron a la sede y firmé el contrato con el dirigente Muxí” recordó con lujo de detalles.

A pesar de que “era una época jodidísima, que nos tocó una planchada a mi y a todos, porque había que ganar o ganar, fue una bendición”. Los jugadores que estaban en aquel momento, lo hicieron feliz durante dos años, dijo Cesilio: “Regueiro, Varela, el Gaby Alvez, el Flaco Vanzini, el negro Damián, Bergara, el flaco Romay, Munúa, Tyson Núñez, Ruben Sosa, Jorgeao… era un equipazo además. Armaron un equipo de la puta madre, que volaba porque hablar de Gesto es hablar de una eminencia en preparación física”.

Luego de un comienzo con dudas, Nacional ganó los dos clásicos del Uruguayo después de muchos años y se coronó campeón cortando el ciclo aurinegro. “Había gente con huevo y con personalidad. El fútbol es algo muy anímico, había gente que tenía un par de huevos para jugar, Guigou era terrible jugador y después la mayoría jugó en Europa y eso te da un parámetro como para decir que era un gran equipo. Ahí tuve dos años felices”.

El cambio de rumbo

En el 2000 regresó a México y jugó en Halcones de Querétaro, un equipo filial del América en Liga de Ascenso, terminó el curso de entrenador y se retiró: “Arranqué a laburar como entrenador en una institución en Monterrey, muy importante en México, en el campus Querétaro dos años, luego en Veracruz seis meses”, hasta que en 2004 lo llamó Luis Zague, presidente deportivo del América y excompañero suyo: “Ese año llegó Ruggeri al América como entrenador, hablé con él y me dijo ‘necesito que veas a los pibes’. Fue el inicio de trabajar ahí hasta 2011 como entrenador. Empecé en Tercera, en Segunda, en Liga de Ascenso en un equipo que se llamaba Socio Águila que era filial del América y donde bajaban los jugadores que no tenían mucho ritmo en Primera. Salimos campeones en Sub 20 y también fui auxiliar en Primera dos años”.

Luego, cambió de frente: “En un ínterin me hablaron de la televisión, me preguntaron si quería trabajar con ellos, ir a los programas y estuve nueve años”. Participaba de un programa que iba de las 7:00 a las 9:00 y luego le quedaba tiempo para salir a correr y ejercitarse. “Empecé de la nada y me quedé hasta 2019. Es algo que me gusta mucho”.

El programa se llamaba Fútbol en Serio y ahora se encuentra a la expectativa, porque se puede llegar a revivir en radio. “En un país tan grande como este, hay una cantidad enorme de medios y hoy la televisión manda en el fútbol, como mandó siempre. Cuando yo llegué a Montevideo, el canal 4, el 10 y el 12 mandaban en el fútbol. Era una poco Neandertal esa época porque a los jugadores nos premiaban con 1 kilo de yerba o un termo. Hoy el fútbol cambió, la televisión maneja la imagen del jugador, del equipo, está todo armado y por eso las cantidades que ganan los futbolistas”.

Mientras tanto disfruta del DF, habla con algún uruguayo de vez en cuando ("hace poco me llamó Atilio Ramírez, que jugó en Basáñez y ahora vive en Mérida") y lamenta no haber podido despedirse de su "papito" que falleció este año en Rivera. Así es la vida: da y quita.

El frustrado pase al Real Madrid
Para el final quedó la anécdota de su frustrado pase al Real Madrid. En 1992 Cesilio se había asentado en el América y estaba en un nivel superlativo. Tanto, que lo buscó el club español. “Me habló un empresario sobre la posibilidad de ir a Real Madrid. En ese momento conmigo jugaban Hugo Sánchez que fue penta Pichichi en el Real y el Cabezón Ruggeri que también había jugado. Estábamos en Los Ángeles jugando una final y les conté -Hugo era mi compañero de habitación- a los dos y si me podían averiguar, porque Hugo levantaba el teléfono y le contestan al toque. Llamó y era verdad, pero era un préstamo con opción de compra y América quería una venta definitiva, entonces no salió. Fue en el Invierno del 92, vinieron hasta de la televisión de España, pero al final no se dio”.
El hecho rescata otro dato: el nivel de los compañeros que tenía Cesilio en el América: “Una maravilla, el Cabezón es amigo mío, ahora lo veo en la televisión y me rio mucho, pero siempre te hacía reír y aparte iba para adelante; es lo que te deja el fútbol, terminás siendo amigo de gente que pelea por el grupo, por los compañeros, tienen problemas con los directivos por los compañeros y hay que reconocerlo. Hasta el día de hoy nos llamamos dos por tres con el Cabezón, he ido a su casa en Buenos Aires. Son las cosas que te deja el fútbol en la vida, los amigos, como el canario Larre, de los tipos que más quiero, el Gaucho Lucas de Cerro Largo con el que después que nos fuimos de la pensión vivíamos juntos en Lucas Obes, habíamos alquilado un apartamento. Después el Gaucho se casó y tuve que mudarme. Más allá de haber jugado con quien haya jugado, al final el fútbol no es lo más importante, pero te prepara para lo más importante que es cuando se termina el fútbol. Uno sueña con ser jugador de fútbol, pero no sueña cuando se termina. Ese es el tema, hay un montón de años por delante: yo me retiré en el 2001, hace 20 años”.

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