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26 de enero 2023 - 15:27hs

La visita a Montevideo del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva salió bien. Saldo positivo, coincidieron varias fuentes de gobierno consultadas por El Observador. Pero la historia pudo no haber tenido un final feliz si el huésped de honor no hubiera puesto lo suyo -una innegable caballerosidad política- para salvar la confección de una agenda que presentaba algunos riesgos visibles.

Pero Lula estuvo a la altura, o quizás por encima. Al presidente Luis Lacalle Pou le dijo en el encuentro cerrado que lo respetaba como jefe de estado y que entendía su propósito de velar por los intereses de su pueblo. Se lo dijo a él y luego lo repitió dos veces: primero en la declaración que brindaron en Suárez y Reyes y luego en el micrófono que le proporcionó Cosse.

Con ese comportamiento, Lula encuadró su visita y la relación que pretende mantener con el Uruguay que preside Lacalle a pesar de sus diferencias ideológicas y de los muchos “amigos” de izquierda que tiene aquí. Se mostró cálido y cercano en todo momento (con asado, Luis Suárez y Maracaná incluido en su discurso), lo cual habla de sus cualidades políticas.

Lula también pasó varios mensajes entre líneas para quien quisiera entender. En la conferencia de prensa dedicó un espacio a hablar loas sobre su embajador en Montevideo, quien no estuvo en el encuentro presidencial por decisión del formato de reunión escogido por la cancillería uruguaya. 

Además de los mandatarios, en ese encuentro estuvieron los cancilleres y, a pedido de Brasil, ingresó el ministro de Finanzas, Fernando Haddad y el asesor Celson Amorim, quien procuró consultarle a Lacalle Pou sobre su idea de hacer una zona de libre comercio de México hacia el sur. Aunque para sorpresa de los brasileños, el presidente uruguayo no se refirió a ello en esa ocasión.

También hubo mensajes para el exterior. A la Unión Europea le dijo que quiere un acuerdo “urgente”, algo que tiene notorias y conocidas dificultades. La elección brasileña era uno de los asuntos claves a la hora de pensar el futuro de este acuerdo. Ya sin la excusa verde, los gobiernos que se oponen por razones de carácter interno (mayoritariamente comerciales) deberán buscar un nuevo giro o decirle a Lula que aún no es tiempo del Mercosur.

Hubo un mensaje para China bastante más alentador que el que hiciera su propio canciller a Folha de Sao Paulo hace algunos días. Le dijo que espere su turno, pero que tiene un turno después de conversaciones internas y después de cerrar con los europeos. Pero fundamentalmente anunció que es él quien le abrirá las puertas del Mercosur y que la negociación será canalizada a través de Brasilia o no será. Y eso tiene que ver con la renovada visión internacional de Lula y los suyos: el Brasil del BRICS, el que impone el tamaño de su economía en una región huérfana de liderazgos. El que puede gestionar las tensiones del cono sur.

Pero el pasaje de Lula por Uruguay también dejó algunas preguntas.

La primera se refiere al grupo de trabajo que sugirió para abarcar los asuntos de la agenda externa del Mercosur, desde la idea conceptual de “apertura” y “modernización” hasta la posibilidad de establecer negociaciones específicas. Lula marcó un camino claro que va de abajo hacia arriba, desde el nivel técnico a la mayor jerarquía de decisión política. Las preguntas resultantes son cuándo, quiénes, dónde, cómo y para qué (con qué mandato). Según supo El Observador, hasta el momento no hubo ninguna conversación para darle un anclaje a esa idea. 

La segunda pregunta es por qué no hubo ningún documento como resultado de esta visita. Según supo El Observador no hubo ningún tipo de firmas y tampoco hubo una declaración conjunta final que ponga en negro sobre blanco, aún bajo la formalidad diplomática, el resultado del encuentro de trabajo: en lo que coincidieron y hacia dónde apuntan a seguir. Eso que llaman una hoja de ruta y constituye un método de trabajo porque, todos sabemos, lo primero que se lleva el viento son las palabras. Incluso antes que los papeles. 

Al parecer la conversación seguirá en Brasilia cuando Lacalle devuelva la cortesía. Lula ya dejó en claro que quiere recibirlo. La pregunta es si para ese entonces tendrán cosas para mostrar y no solo para decir.

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