8 de enero de 2021 14:22 hs

“El que se calienta pierde”, dice un viejo dicho muy usado en la política argentina. Y esta semana, el gobierno uruguayo pareció haberse enojado y, por tanto, haber perdido un poco. Al menos, la buena compostura que mostró públicamente en el manejo de la pandemia durante tantos meses. 
¿Qué pasó? En la comparecencia del gobierno en la Comisión de Salud del Senado, los legisladores de la oposición pincharon con preguntas y también con algunas calificaciones que molestaron a las autoridades del Poder Ejecutivo. Esta nota resume el clima tenso que se vivió allí.

Pero el enojo del gobierno ya venía desde antes, porque la oposición está presionando fuerte desde hace algunos cuantos días en los medios y las redes sociales con la falta de avances en términos públicos hasta el momento del tema vacunas. Y ese asunto en particular es muy sensible –como es lógico– para el gobierno, que se sentía incómodo por no haber podido mostrar aún avances concretos en las reuniones reservadas con los laboratorios.

Pero el enojo había quedado para ámbitos más reservados. Sin embargo, en la comisión de Salud, explotó todo. La pregunta para hacerse es: ¿está mal que la oposición presione?

Allí puede haber varias respuestas. Para mirarlo desde el punto de vista de las instituciones, no solo no está mal, sino que es su función. Los ciudadanos deberíamos reclamar ese rol a los opositores: que presionen, que pinchen; para que las autoridades del oficialismo –sea cual sea el color político– sientan esa presión y hagan mejor su trabajo.

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La segunda forma de ver el tema puede estar en cuáles son los intereses que hay detrás de esa presión. Si se hace con un fin constructivo, para aportar, también está claro que debería ser el rol ideal de una oposición. Lo mismo que si se hace con el fin de controlar, otra de las tareas que debe tener un legislador. Lo polémico es cuando se hace con la intención de dañar electoralmente al adversario, en un asunto tan significativo como la pandemia.

Y en la diferencia de esa interpretación es que estuvo planteada la polémica esta semana en el Parlamento.

Diego Battiste

El senador, Daniel Olesker, cumplió los dos roles en la comisión. Hizo preguntas, pinchó, molestó en el buen sentido. Pero también fue crítico en algunos aspectos. ¿Está mal que sea crítico? No necesariamente, es su función también si así lo cree.

Pero el senador, Gustavo Penadés, Delgado, y Salinas se mostraron dolidos luego con muchos de sus comentarios, según consta en la versión taquigráfica.

“Rechazo con contundencia la intervención de Olesker. No acepto, bajo ninguna circunstancia, ninguna de las aseveraciones hechas antes de que se ingresara a las preguntas, porque las considero tendenciosas, equivocadas, teñidas de un subjetivismo que inhabilita todo el proceso que luego desarrolla en sus afirmaciones y que, evidentemente, no compartimos”, dijo Penadés. El legislador nacionalista también le contestó al frenteamplista Mario Bergara, que, minutos antes, había dicho que las posturas del FA eran para aportar: “Ustedes sienten que han hecho aportes, nosotros sentimos que no. Cuando llegó el momento de acompañar las medidas de libertad responsable ustedes fueron por otro camino, que era el de la cuarentena obligatoria”. Bergara lo interrumpió diciendo que era falso que no hayan aportado. “No es falso; falso será para usted. Y mientras usted habló y dijo una sarta de falsedades, yo me callé, así que ahora ante las mías, cállese usted”.

Delgado también le contestó a los frenteamplistas, aunque con otro tono más medido. “Puedo aceptar que se diga que hasta agosto se apoyaba y que la política sanitaria es equivocada. Eso se puede decir porque es parte de la valoración que cada uno haga, pero como gobierno no puedo aceptar que se diga que estuvo omiso y que se perdió tiempo”.

Salinas, luego de quejarse porque el llamado a comisión parecía una interpelación, volvió a levantar la polémica minutos después: “Lo primero que quiero decir es que esto ha sido constructivo, pero hay alguna afirmación que tengo que decir que es temeraria; me refiero al senador Olesker”.

Luego, al responder preguntas, también lo hizo enojado: “Se habla de una estrategia retrasada y equivocada. ¡Error! Se habla de medidas sanitarias por debajo de los niveles de exigencia. ¿De exigencia de quién?”.

Más allá de las chicanas, que pueden ser hasta parte del folclore político, lo que no es sano es que el país aborde un tema tan sensible como este con miradas de intereses políticos. Y ahí hay responsabilidad de las dos partes: del oficialismo y de la oposición. Pero el que tiene más responsabilidad es el gobierno.

No está bien que el Frente Amplio quiera hacer un uso político de un período complejo a nivel de indicadores sanitarios, pero tampoco está bueno que –como hicieron algunos legisladores blancos en estas horas– usen al comité de expertos científicos (GACH) como un escudo para las decisiones que son políticas. Las decisiones, como ha dicho el propio presidente, las toma el gobierno, el GACH asesora. 

Pero más allá de estos elementos cuestionables de lo que pasó en el Senado esta semana, el saldo es sumamente positivo. El gobierno pudo dar en el Parlamento una explicación muy fina y acabada de sus planes. Contestó cada una de las preguntas, tuvieron intercambios y también hubo espacio para aportes. Es la democracia funcionando de la mejor manera.

"Para los legisladores de la oposición el Poder Ejecutivo estuvo omiso en no hacerlo antes", según dijo Olesker. Es verdad que el Frente Amplio insiste desde hace meses en generar espacios de este tipo y no ha tenido respuesta.

Tal vez al gobierno, como demostró el enojo de las autoridades esta semana, no le resulta cómodo tener a alguien que los presione y los moleste.

Pero seguro que si cada uno cumple su función, como sucedió esta semana, la que sale ganando es la ciudadanía.

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