22 de enero 2024 - 14:19hs

“Milei le dio a Davos un trasplante de espina dorsal”, tituló el Wall Street Journal. El Financial times calificó el discurso de “encendido”. Así titularon varios medios luego de que el nuevo presidente argentino Javier Milei diera su primer discurso internacional en el foro de Davos, la cara más visible del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), una organización internacional que incentiva la cooperación público-privada y aborda grandes temas de actualidad, en este evento con la presencia de líderes políticos y empresariales de todo el mundo.

Milei comenzó alertando que “el mundo occidental está en peligro, y está en peligro porque aquellos que se supone deben defender los valores de Occidente están cooptados por una visión del mundo que conduce inexorablemente al socialismo y, por tanto, a la pobreza”. Su discurso, con mucho de academia y más de ideología, tiene muchos puntos interesantes para analizar y para corroborar.

Lo vi con interés y verifiqué las cifras que demuestran que el PIB del mundo ha crecido exponencialmente desde 1800, y mucho más aún en las últimas décadas, crecimiento que Milei y otros estudiosos relacionan directamente con el sistema capitalista de libre empresa. De igual forma, es real que ha disminuido drásticamente la pobreza en el mundo, por las mismas razones, aunque también es cierto —algo que no dijo Milei— que la concentración de riqueza sigue creciendo, lo que hace que los “no pobres” de ahora no lo sean técnicamente, aunque millones vivan con menos de siete dólares por día, según datos de 2022 del Banco Mundial. Para ser más precisos, es la mitad de la población de este planeta la que vive con menos de 7 dólares por día. 

Como suele suceder, en los grandes datos (reales) también se pueden esconder paradojas, en el mejor de los casos, y verdades a medias, en el peor. Esto es lo se detecta en el discurso de Milei. Entre verdades, hay algunas cuestiones que menciona al pasar y para las que no da explicación. Igualdad entre géneros y medio ambiente, son dos de las que más me llamaron la atención.

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Pero iré primero a lo que no tiene discusión. Esta es la frase de Milei que me resultó más inteligente: “El caso de Argentina es una demostración empírica de que por muy rico que seas, o por mucho que tengas en términos de recursos naturales . . . si se adoptan medidas que obstaculicen el libre funcionamiento de los mercados . . . el único destino posible es la pobreza”. Como publicó Bloomberg en estos días, lo único que le faltó a Milei es explicar como hará para que esto cambie en Argentina, una tarea hercúlea si las hay que sin dudas necesitará de mucho más que un solo presidente.

Hacia el final de su discurso, el presidente argentino dijo que, debido al fracaso evidente de los experimentos colectivistas en el mundo, los socialistas debieron cambiar de discurso y pasaron de hablar de “lucha de clases” a hablar de otros “supuestos conflictos sociales, que son igualmente perjudiciales para la vida y el crecimiento económico”. 

Así mencionó “la lucha ridícula y antinatural entre el hombre y la mujer” y recordó que el libertarismo que él promueve ya prevé la igualdad de los sexos. “La piedra angular de nuestro credo es que todos los seres humanos somos creados iguales y que todos tenemos los mismos derechos inalienables otorgados por el Creador, incluida la vida, la libertad y la propiedad”.

La Revolución Francesa también lo previó, al igual que muchas de las constituciones de los países más libertarios del mundo, así como la mucho más reciente Declaración de Derechos Humanos de la ONU. Prever no es lo mismo que suceder, y de eso somos testigos la gran mayoría de los seres humanos que habitamos este planeta. Todos somos creados iguales y tenemos los mismos derechos inalienables, hasta que es hora de asignar sueldos a hombres y mujeres, de promover a mujeres a puestos de altos mandos, o simplemente de darle la oportunidad a una niña de que termine su educación en muchos países, colectivistas y colectivistas, donde o no tienen ningún tipo de enseñanza o apenas llegan a terminar primaria.

Sobre todos los puntos que menciono hay amplia investigación y pruebas, pero me enfocaré en la educación, porque los estudiosos -también de la economía libertaria- saben que tener niñas y futuras mujeres educadas “fortalece las economías y reduce la desigualdad. Contribuye a sociedades más estables y resilientes”.

En el mismo informe de Unicef, alineado con datos del Banco Mundial, se explicita que en todo el mundo hay 129 millones de niñas que no van a la escuela. Nunca. Desde la mirada de Milei, estos desfasajes pueden ser solucionados por el mercado, pero por alguna razón esto no ha sucedido en los países ni colectivizados ni no colectivizados.

Milei confunde, a sabiendas, la búsqueda de igualdad de derechos y oportunidades, el feminismo y el “feminismo radical”, olvidando que hay radicalismos en todos los movimientos, incluyendo todos los sistemas de gobierno y pensamiento, libertarios incluidos. Para el presidente argentino la agenda feminista radical logró generar “una mayor intervención estatal para obstaculizar el proceso económico, dando empleos a burócratas que no han aportado nada a la sociedad. Algunos ejemplos son los ministerios de la mujer u organizaciones internacionales dedicadas a promover esta agenda”. 

Si la intervención estatal ha logrado algo, ciertamente no ha sido ni de cerca la igualdad de derechos, porque en todo el mundo -sin diferencias de sistemas políticos o ideologías- las mujeres siguen siendo clase B, a pesar del enorme avance del último siglo. Mejorar no es alcanzar la igualdad de derechos. 

En cuanto a los organismos burocráticos, seguramente tenga una cuota de razón, que debería aplicar libertariamente a otro tipo de organismos que trabajan con la salud, el hambre, los migrantes, el racismo y tantas otras causas que no han sido del todo solucionadas por el mercado.

El racismo es un ejemplo a considerar, incluso durante el pujante siglo XIX al que hace mención el presidente Milei. En este caso fue el mercado el que le ganó al “Creador” y a los “derechos inalienables”. El tráfico de esclavos fue una movida económica, pensada por cierta parte del “mercado” para conseguir mano de obra gratuita, a lo que luego se le sumó la discriminación, el maltrato y la degradación del ser humano a su máxima potencia. 

Milei está conversando mucho en estos días con uno de los organismos burocráticos que existen en este mundo, para negociar, convencer y rogar que le den una nueva chance a su país. El FMI aprobó un desembolso de fondos para Argentina de 4.700 millones de dólares del programa de préstamos del país, que asciende a 43.000 millones de dólares. Argentina es su mayor deudor. 

Sobre el medio ambiente también hubo medias verdades: “Otro conflicto presentado por los socialistas es el del ser humano contra la naturaleza, alegando que los seres humanos dañamos un planeta que debe ser protegido a toda costa, llegando incluso a abogar por mecanismos de control demográfico o la agenda del aborto”. Del medio ambiente al aborto hay un gran trecho, que queda todo en un mismo embrollo. Lo dejo para otra oportunidad, mientras que deseo que las medidas que tomó y tomará el presidente argentino sirvan, por fin, para darle impulso a un país golpeado por todos los costados por la corrupción y la incompetencia.

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