La impronta de los nuevos principales ministros de Brasil empezó a notarse desde el primer día efectivo en sus tareas. Luego de jurar el cargo para el que fueron designados el 1º de enero, ayer tomaron posesión en sus despachos y anunciaron sus primeros lineamientos en función de la estrategia ya anunciada, con menor intervención del Estado en la economía y con un cambio en la reforma agraria que está en marcha actualmente, entre otras.
Equilibrio, recortes y disciplina fiscal es la tónica que tendrá la gestión del liberal ministro de Hacienda, Joaquim Levy, apodado “Manos de Tijera”, mientras que la ministra de Agricultura, la cuestionada Katia Abreu, tendrá por delante una ardua tarea de hacer un reparto de tierras improductivas, pero no en forma masiva.
Levy ratificó ayer que se limitará el papel del Estado, que se impondrá una férrea disciplina en las cuentas públicas y que habrá una fuerte reducción del gasto, la cual será precisada en las “próximas semanas”.
El nuevo jerarca reiteró que recuperar la senda del crecimiento económico requerirá de una férrea disciplina fiscal, objetivo que admitió “no siempre es fácil” de alcanzar, “sobre todo por las demandas de una población que quiere mejoras inmediatas”.
No obstante, sostuvo que con un Estado “disciplinado” y con sus cuentas en orden, con “estabilidad institucional” y con políticas que le den una nueva dinámica a la empresa privada, “será logrado”.
Si bien el titular de la cartera de Hacienda recibe al país al borde de una recesión y luego de cuatro años de bajo crecimiento e inflación alta, dijo que los “fundamentos” de la economía del país “son buenos”.
Las cuentas públicas y la balanza en rojo también son un gran desafío, por lo que recalcó que será necesario realizar ajustes para corregir “distorsiones” que impiden la retomada del crecimiento.
“La disciplina fiscal es la llave de la confianza y el desarrollo del crédito, que permitirá a los más emprendedores llevar a cabo sus proyectos y contribuir a la creación de empleos”, declaró.
Levy explicó que esa disciplina fiscal implicará una reducción del gasto estatal, que será dimensionada en “las próximas semanas”, y también un mayor “control” sobre el papel de la banca pública, que será limitado después de que, en los últimos años, fue utilizada para financiar a sectores industriales en problemas.
Sobre el sector privado, aseguró que debe ser más activo, pero también que se le debe garantizar la “libre iniciativa” en un marco de políticas “previsibles”, con “plena seguridad jurídica” y medidas que demuestren que “vale la pena trabajar sin depender para todo del Estado”.
En otro orden, Levy agradeció a su antecesor, Guido Mantega, por haber dado los primeros pasos hacia una reducción del gasto público, al anunciar hace 10 días unas normas más rígidas para el acceso al seguro de desempleo y pensiones.
Una de esas medidas establece que todo trabajador que quede sin empleo por primera vez comenzará a recibir la asignación oficial sólo si llevaba contratado al menos 18 meses y no seis, como era hasta ahora, lo cual se prevé que reducirá el gasto por ese concepto en 18.000 millones de reales (US$ 6.666 millones) al año.
Por su parte, Abreu (titular de la cartera de Agricultura) negó que en el país haya latifundios, pese a que, según datos oficiales, el 1% de los empresarios del campo posee casi la mitad de las tierras cultivables.
La ministra se refirió al asunto en una entrevista publicada ayer por el diario Folha de Sao Paulo y asegura que “los latifundios no existen más”, como parte de sus argumentos para la defensa de un cambio en la reforma agraria vigente.
Actualmente se están expropiando tierras consideradas improductivas para ser distribuidas entre pequeños campesinos.
Si bien el espíritu de la reforma se mantendría, Abreu entiende que la medida no debe ser aplicada de forma “masiva”, sino seleccionada, en función de aquellos campesinos con “vocación” de trabajo.
Dijo que a ellos se les debe garantizar asentamientos “de calidad” y con la “estructura” necesaria para su labor, además de tierras.
Joaquim Levy, ministro de Hacienda
Es un exempleado del Fondo Monetario Internacional (FMI) y economista ortodoxo. Fue apodado “manos de tijera” por los recortes que impuso en las finanzas públicas cuando se desempeñó como secretario del Tesoro, entre 2003 y 2006, bajo el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. Tiene 53 años y es ingeniero naval formado en Economía en Estados Unidos. Está considerado como amigo de los mercados y buscará recobrar la confianza de los inversionistas en Brasil, lacerada, además, por el escándalo de sobornos y sobreprecios en contratos en la estatal Petrobras.
Katia Abreu, ministra de Agricultura
Ganadera, de 52 años, rechazada por grupos de pequeños campesinos, como el Movimiento de los Sin Tierra (MST), que la califican de “defensora de terratenientes”. Es cuestionada por su apoyo a un polémico proyecto de ley que plantea traspasar al Congreso la responsabilidad de delimitar las tierras indígenas, que hasta ahora está en manos del gobierno. Esa iniciativa es rechazada por los movimientos indígenas porque temen que en las cámaras se impongan grupos parlamentarios que defienden los intereses de los grandes terratenientes, a los que Abreu perteneció cuando ocupaba un escaño en el Senado.