Nacional > Crónica de una sesión histórica

Mujica y Sanguinetti se despidieron del Senado entre aplausos, elogios y abrazos

Los dos expresidentes renunciaron a sus bancas en la Cámara Alta pero continuarán haciendo política

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21 de octubre de 2020 a las 05:03

Julio María Sanguinetti dibuja sobre la hoja que tiene el orden del día de la sesión. José Mujica juega con una pequeña llave en su banca.  El colorado anota un nombre en las hojas para no olvidar mencionarlo en su discurso, el frenteamplista repasa los pocos apuntes que hizo a mano en una hoja. Ambos escuchan las elogiosas palabras que otros senadores les dedican en su última sesión como legisladores. 

En la década del 60 y 70 fueron enemigos. Mujica integraba la guerrilla tupamara y Sanguinetti el gobierno que la combatía. El guerrillero pasó preso la dictadura, se integró al Frente Amplio, se convirtió en el líder de la lista más votada en cuatro elecciones consecutivas y llegó a presidente. El abogado fue uno de los artífices de la recuperación democrática, dos veces mandatario y volvió a la vida político electoral para ser unos de los arquitectos de la coalición que hoy gobierna. 

Hace algunas semanas, acordaron despedirse del Senado el mismo día en una sesión impulsada por la vicepresidenta Beatriz Argimón. 

Se van por motivos distintos. A Mujica lo “echa” la pandemia. Su edad y una enfermedad inmunológica crónica no le permiten desarrollar la tarea de senador como le gustaría. “No se me acerquen mucho”, dijo entre risas en una rueda de prensa. 

Sanguinetti piensa dedicarse a su partido. Desde que decidió volver a la arena política tenía claro que el Parlamento no era su lugar. Considera que su labor legislativa es una etapa cerrada e ingresó al Senado por encabezar el movimiento Batllistas pero ya sabía que dejaría su lugar. 

Con trayectorias antagónicas y formas distintas de hacer política, Sanguinetti se despidió defendiendo el rol de los partidos políticos en la democracia y la necesidad de su fortalecimiento, y Mujica asegurando que “en su jardín hace décadas que no cultiva el odio”. 

Ya desde temprano los alrededores del plenario de la Cámara de Senadores, con gente en las barras y medios internacionales, demostraban que era una jornada atípica. A falta de unos 20 minutos para las 10 de la mañana los focos de todas las cámaras de televisión apuntaban hacia una pequeña sala del ambulatorio del Senado. Allí, Mujica se terminaba de aprontar para ocupar por última vez su banca en el Senado. 

Apenas salió, dijo que en el Parlamento había logrado “cosas excelentes” y mencionó el estacionamiento para motos y la posibilidad de elegir si ponerse corbata o no. “Era muy acartonado”, recordó. 

Cuando tuvo oportunidad, mencionó que se iba a acordar en su discurso de alguien que “ya no está” y cuando le preguntaron si era su excompañero Eleuterio Fernández Huidobro respondió: “El ñato sigue con nosotros”. 

Era el exsenador y exministro Alejandro Atchugarry, a quien reconoció como un “hombre de categoría superior”. “Lo quiero nombrar como un símbolo de algo perdurable que hay que conservar, que es la bonhomía a pesar de las rispideces del sistema político de este país que siendo pequeño tiene que huir de las grietas”, dijo en su discurso en el Senado.  

Con su hablar pausado y cansino, el ahora exsenador agradeció también a los funcionarios por la “paciencia”, dijo que la tecnología trae nuevos problemas que deberán solucionar los Estados y las nuevas generaciones tendrán que decidir cuál es la definición de libertad. “He vivido con una definición toda la vida y me cambiaron todas las letras”, reconoció. 

Para cerrar, volvió sobre el tema del odio y dijo que “triunfar en la vida no es ganar”. “Triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae”, cerró y los aplausos surgieron desde las barras y el resto de las bancas. 

El expresidente agradeció, saludo con ambas manos y cuando se dio vuelta para salir de sala se topó con Sanguinetti que con la mano extendida se acercaba a saludarlo. Mujica lo abrazó, luego recibió el saludo de legisladores de todos los partidos, un regalo de la bancada frenteamplista y se retiró. 

Y era el momento de Sanguinetti. 

Mientras jugaba con su lapicera, ya con su autorretrato terminado sobre la hoja, el expresidente escuchaba de piernas cruzadas los elogios que le llegaban desde los distintos partidos y cuando le tocó hacer uso de la palabra explicó por qué decide privilegiar a su partido ante el trabajo parlamentario. 

“Es porque siento un enorme deber hacia mi partido y porque siento una profunda convicción sobre la importancia de los partidos políticos en la vida democrática”, explicó. 

Agradeció a quien lo sustituirá, Tabaré Viera, y señaló que la “representación política está en crisis”. “El ciudadano hace un Facebook, cree que con eso es partícipe de un dialogo universal y vive con la falsa sensación de ello”, sostuvo.

Para defender el rol de los partidos, hizo un repaso de la evolución del Partido Colorado y el Partido Nacional y también de la aparición del Frente Amplio con sus raíces en el socialismo y el comunismo de principios de siglo XX. 

Pidió aferrarse a las ideas, aseguró que en democracia es más importante salir que entrar y señaló que la democracia se basa “en una ética de la derrota”.  

Para cerrar, el expresidente dijo que es momento de una “reafirmación democrática” y que todos deben sentir que “habiendo estado tan enfrentados” como algún día estuvo con Mujica, finalmente “se reconcilian las dos mitades enemigas”, aseguró citando al poeta mexicano Octavio Paz. Tras los aplausos y los saludos, el líder colorado dejó su lugar para cumplir "con su deber" de trabajar en un partido "que ya no tiene los liderazgos que se habían configurado". 

Tras los aplausos y los saludos en el centro del plenario, Sanguinetti volvió sobre sus pasos, tomó agua y agarró el tapabocas que estaba sobre la banca sin darse cuenta que se llevaba el de Alejandro Sánchez, que ya ocupaba el lugar de Mujica. Tras el aviso y las risas, tomó el barbijo que correspondía, de la fila de atrás, y se retiró de sala. 

Mujica y Sanguinetti dejaron el Senado pero lejos están de dejar la política. Uno se dedicará a la secretaría general de su partido y el otro al “pienso” de la actividad. 
 

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