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Nacho González: "No me gusta cómo juega Uruguay"

El volante de Wanderers sostuvo que Tabárez hizo un trabajo impresionante en la selección, pero que no es “un fan del juego” de la celeste; habló de su pasaje por Nacional, sus recuerdos de Danubio, sus lesiones y de la donación de médula ósea para su hermano

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12 de enero de 2019 a las 05:02

Ignacio González es uno de los supervivientes del buen juego. Su vida en Danubio, su pasaje por Nacional, sus eternas lesiones, Tabárez, la selección y la donación de médula ósea para su hermano fueron parte de esta charla con Referí.
 

¿Cómo se define?

Pah, qué buena pregunta. De mí no me gusta hablar ni calificarme. Sí creo que soy sencillo, aunque a veces soy un poco loco de carácter, soy como una montaña rusa, puedo estar tranquilo y después explotar, de nuevo volver a la calma. Soy familiero, me gusta estar con mi esposa y mis hijos, mis viejos y mis hermanos.

¿Hizo amigos en el fútbol?

Hice muchos amigos, lo que pasa es que después cuesta mantener las relaciones. Siempre escuché eso de que “en el fútbol no tengo amigos”. Yo, al contrario. En cada lugar donde estuve, hice amigos, lo que pasa es que es muy difícil mantener la amistad, sobre todo, con jugadores que viven en el exterior. No me gusta por redes sociales, soy de la amistad por el trato con las personas.

Hace poco, Carlos Grossmüller en una entrevista con Referí, consultado acerca de que había jugado con cracks como Özil, Rakitic y otros, los dejó de lado y eligió a cuatro fenómenos que jugaron con él: Zalayeta, Recoba, Pacheco y usted. ¿Cómo  lo toma?

La leí la nota y me quedé con el diario. Es un orgullo y no podía creer que me pusiera al mismo nivel que los otros que nombraste. Me ericé cuando lo leí. Lo quiero mucho a Carlos. Compartimos muchas cosas en Danubio y se lo agradezco, fue un orgullo. Le iba a mandar un mensajito, pero estábamos de vacaciones y se me pasó. Lo tengo guardado en casa.

Danubio 2007, ¿fue el mejor equipo que usted integró?

Otra pregunta difícil. Creo que sí. En 2004 éramos un equipo muy bueno pero no tan vistosos como en 2007. Los dos años pudimos ganar el Uruguayo y el título 2007 fue el que más disfruté. Gustavo Matosas fue uno de los mejores entrenadores que tuve. Si bien al principio chocamos, me hizo crecer mucho como jugador.

¿Por qué chocaron?

Porque es una persona con mucha personalidad y yo si bien parezco tímido, callado, educado, soy calentón, no es que no me calle, pero tengo mi pensamiento y discuto por esas cosas. No encontrábamos la vuelta al equipo al principio, pero nos fuimos conociendo. Ganamos todo y nos faltó la Liguilla que hubiera sido histórico y la perdimos con Wanderers de atrás.

Casualmente Wanderers fue el último que le abrió la puerta.

Cuando terminé mi contrato en Nacional, fueron los primeros que me vinieron a hablar. Yo pensaba jugar en Danubio pero Leo Ramos no me quiso y Wanderers me abrió la puerta.

Con todo lo bueno que vivió en Danubio, ¿por qué cree que se molestaron los hinchas cuando pasó a Nacional?

Por el comentario que hice. Cuando me fui de Danubio dije que en Uruguay no jugaría en ningún equipo que no fuera Danubio. Incluso lo pensaba cuando jugaba en el exterior. Eso creo que hizo molestar al hincha. Si no hubiese dicho eso, no creo que hubiera pasado nada. Porque el hincha por más que le duela entiende que esto es un negocio, una profesión que dura poco, es por plata y si te ofrecen más y tenés la posibilidad de ser campeón, de ir a la Libertadores y a la selección, eso se entiende. A mí también me dolió mucho porque cuando era chico y veía frases de jugadores que habían dicho lo mismo y después iban a jugar a otro club, me dolía. Pensé que nunca me iba a pasar a mí. Fui rehén de mis palabras.

¿Lo habló con su familia?

Sí, lo hablé, sobre todo con mi viejo que gracias a él estoy en el fútbol. Mi viejo era uno de los que no estaba de acuerdo en que fuera a Nacional, pero lo entendió.

Al tiempo de llegar a Nacional, fue procesado sin prisión por haberle pegado un puñetazo a Carlos Núñez en un clásico de verano. ¿Cómo vivió ese episodio?

Fue feo. Al club me llevó el Vasco Arruabarrena con quien tuve una muy buena participación. No ganamos el título y todo se desdibujó. Después llegó Gerardo (Pelusso) y esa pelea. Está bien, el jugador es imagen y tiene que comportarse dentro de la cancha por lo que se genera después en las tribunas, quizás el castigo está bien merecido, sobre todo, para que no vuelvan a pasar esas cosas. Pero fue feo porque al otro día fuimos a declarar a Inteligencia pensando que íbamos a estar unas horitas y nos dijeron que quedábamos detenidos y nos sacaron todas las pertenencias. Quedamos desde las 5 de la tarde, dormimos ahí, al otro día a las 6 de la mañana nos despertaron para ir al juzgado, fuimos, estuvimos todo el día al lado de una celda con los futbolistas de Peñarol, nos trajeron comida los dirigentes. Era como estar en prisión. Nos llamó el fiscal Zubía, nos entrevistó. A las 11 de la noche, nos llevaron para sacarnos la foto con los números de procesados y después fuimos a Cárcel Central y a eso de 12 y media nos liberaron. El fiscal nos quería mandar a prisión entre 11 o 13 días, era una locura. Era un momento que yo estaba bárbaro y me perjudicó. Me agarré una depresión bárbara porque me perdí toda la Libertadores. Después, a mitad de año, fuimos a España y el club no había pedido permiso para viajar y entonces el Mama (Arismendi) y yo, tuvimos prisión domiciliaria durante 10 días. Núñez estaba caliente conmigo y yo con él, pero al otro día hablamos en el juzgado, me pidió perdón y yo a él.

Ese año fue complicado también porque perdieron el clásico con Peñarol 5-0 aunque usted ingresó en los últimos 10 minutos.

Fue difícil. Yo no lo sentí como que lo había jugado porque entré esos 10 minutos. Gerardo me mandó a la cancha con un hombre de menos. Estaba medio desesperado y se quedó con la espina de que yo debía haber sido titular. Si lo pensaba bien frío, debía haber puesto a un hombre de marca, porque todavía incluso estaba el Chino (Recoba) en la cancha. Calladito la boca entré, no pude hacer mucho. No lo siento como que hubiera perdido 5-0. Después, en la calle estuvo complicado. Aunque yo no salgo mucho, la gente te cargaba, te mostraba la mano por los cinco goles y otros te insultaban. Si hubiese sido titular, quizás lo habría sentido mucho más.

Después tuvo revancha y fue campeón uruguayo con Nacional.

Gerardo se fue mal después de ese clásico y él es un amigo para mí, me hizo crecer un montón y lo quiero mucho. Llegó Álvaro Gutiérrez, jugué de titular y clasificamos a la Copa. Luego fuimos a España y cuando volvimos me tocó esa prisión domiciliaria. Entonces arranqué de atrás, me lesioné, perdí el puesto y entonces alternaba. De repente cuando no jugás mucho, no te sentís tan importante, pero con la edad te das cuenta de que fuiste campeón uruguayo.

Pasó a Monaco y luego Valencia lo cedió a préstamo a Newcastle de la Premier y tuvo de compañeros a Michael Owen, a Obafemi Martins y a Jonás Gutiérrez que fue ídolo y se fue mal con el tiempo. ¿Cómo vivió eso?

Lo podemos dividir en dos. Una parte fue mala. Llegué lesionado del tendón de Aquiles pensando que era una tendinitis y después de dos meses y medio, era una rotura parcial del tendón. Jugué dos partidos y tras ese lapso, me tenía que operar. Me operaron y me perdí un año sin jugar.

Fue en Finlandia, ¿no?

Sí, con un médico que era un fenómeno que había operado a Beckham, a Guardiola y luego operó a Owen. Era tan crack que él no se movía de Finlandia, había que ir hasta allí. Paco (Casal) y el doctor Villalón que sigue en Atlético de Madrid que es un grande, me dijeron que me operara allí, porque el club quería que lo hiciera en Londres.

Años después, con Levante y ante Real Madrid, una falta de Sergio Ramos le rompió los ligamentos cruzados de la rodilla.

Eso fue lo que quedó, pero no fue así. Sergio Ramos me pegó una fuerte patada, pero ahí no me pasó nada. La realidad es que me pegó Ricardo Carvalho, el portugués que jugaba en la selección y le dije al médico que no sentía la pierna. Quise seguir porque jugábamos contra Real Madrid. A los 10 minutos, pisé un pozo y me rompí.

En enero de 2012 se rompió los meniscos de una rodilla en Standard Lieja. ¿Pensó que tenía una maldición o en abandonar todo?

Sí, un par de veces. Cuando me pasó lo de la rodilla y en sucesivas lesiones en el isquiotibial que fue mi tendón de Aquiles en mi carrera. Fue gracioso porque sucedió en un calentamiento. Se me trancó la rodilla. Fui a ver a un médico y me dijo que me volví a romper los ligamentos cruzados. Me puse a llorar y dije: “Hasta aquí llegué”. Pero resulta que se había equivocado y era menisco. Todas esas lesiones llevaron a que siempre me quedaba sin jugar, perdía el puesto, dejaban de confiar en mí porque me lesionaba seguido.

¿Es obsesivo con ser titular?

En el fútbol es difícil ser suplente, ni te digo quedar afuera del plantel. A vos te pagan para jugar y si no jugás decís “estoy acá, entrenando y no juego”.

¿Y no se puede aportar desde el vestuario?

Sí, sin duda que se aporta. Pero los vestuarios cambian tanto porque cada seis meses hay jugadores que se van y vienen. Es un relajo. Pero no te sentís de la misma forma jugando que no.

¿Qué jugador le aportó mucho desde el vestuario?

Sergio (Blanco) que ahora se fue y Maca (Macaluso) aportaron mucho en Wanderers y conmigo somos los más grandes, como los referentes para los chicos. Tuve muchos. En la selección estaba la Tota (Lugano). Yo concentraba con Andrés (Scotti) y es un tipo que estaba de suplente y siempre con el mismo humor, entrenaba de la misma forma, positivo. Otro es el Seba Fernández.

¿Y usted no lo puede hacer eso?

Yo entreno igual, pero no estoy con el mismo humor.

¿Qué sentimiento le despertó el hecho de que no pudo ver nacer a su hija Belén porque estaba en Bélgica y ella nació en Valencia?

Me pasó con ella y con Milagros, la segunda. Como no soy de vender humo, jugué contra Danubio en Nacional cuando estaba naciendo Milagros. Después que nació Belén había dicho: “No me pierdo el nacimiento de otro hijo, salvo que Uruguay juegue la final del mundo”. Me acuerdo que estaba en el vestuario y era titular contra Danubio y le comenté esto al Seba (Fernández) y le dije este comentario y me dijo: “Hoy es la final del mundo contra Danubio”. Antes de salir para el Parque, me llamó mi señora y me dijo que había nacido. Le ganamos 3-0 a Danubio y me fui a ver a mi hija. Con Belén yo estaba en Standard Lieja, se adelantó el parto y yo jugaba previa de Champions y allí nació. Fue difícil. O sea que de mis tres hijos, solo pude estar cuando nació Nicolás y fue un momento irrepetible.

En el Mundial 2010, jugó 63 minutos en el debut ante Francia y luego no entró más. ¿Cómo lo vivió?

Por un lado, el hecho de no tener la posibilidad de volver a jugar y desesperado por hacerlo, y por el otro, íbamos avanzando, teníamos un grupo bárbaro, pasábamos de fase, el equipo estaba bien, había buena onda y la gente nos la transmitía. Fue algo impresionante. Estuvimos concentrados 30 y pico de días, y eso es difícil. Fue algo increíble que no sé si se va a volver a repetir. El apoyo de la gente y la locura que hubo cuando volvimos a Montevideo con el frío que hacía. Fue notable.

¿Qué opina de Tabárez?

El trabajo que hizo y hace el Maestro es impresionante. Los números están ahí. Se lo puede criticar por el modelo de juego o la forma de jugar. Quizás yo soy un poco crítico por mi posición como enganche. Nosotros los enganches vivimos de jugar más al toque, tener más posesión de pelota, pero él hizo un proceso en el que reclutó gente, trató de armar un grupo fuerte y profesional para poder llegar más lejos y así se fue haciendo. Hoy la gente da la vida por integrar la selección, sabe las pautas de comportamiento, que no hay relajo, que se viene a defender al país y se compite de igual a igual contra cualquiera.

¿Le gusta como juega?

No me gusta como juega. No soy un fan del juego de Uruguay, pero entiendo que también en Uruguay históricamente tenemos esa forma de concebir el fútbol, de no tener tanta posesión de pelota, sino de defender bien y ser profundos. Hemos sido muy efectivos. Quizás sí, quizás no, creo que es un mérito de él, el hecho de constituir una muy buena defensa y no sé si la suerte de tener gente arriba que te hace la diferencia. Porque si vos jugás como Uruguay pero no tenés jugadores como Diego Forlán, Luis Suárez y Cavani, quizás no lográs tantos resultados.

Pero podría jugar mejor.

Nunca se sabe. Capaz que querés jugar mejor y perdés. El Maestro tiene esa idea. Sí que hubo momentos en los que fue cambiando. Al principio llegó con una idea de 4-3-3 y la mantuvo por un año y medio. Después cuando perdimos con Perú 3-0 en la Copa América 2007, cambió y luego cuando necesitaba arriesgar un poquito más como cuando jugamos con Brasil y otros momentos, se ve que no estaba convencido porque cuando jugaron los enganches e hizo esa propuesta, no se mantuvo.

¿Tiene alguna materia pendiente en el fútbol?

Me hubiera gustado jugar 10 años en Europa y volver a retirarme a Danubio. Pero las lesiones lo fueron cambiando. No soy de pensar en el pasado. Si bien en la corta soy pesimista, en los pensamientos soy optimista. Estoy con 36 años jugando en Wanderers y tuve un promedio de partidos que no tuve en mis mejores años. Eso lo disfruto.

¿Peñarol no es una asignatura pendiente?

No, ahora no. Quizás en ese momento si no hubiese sido Nacional, podía haber ido a Peñarol. Pero en ese momento tenía la ambición, el monto económico era importante y el deseo de volver a la selección, todo eso jugó. Yo me hice hincha de Danubio y ahora soy de Wanderers. Donde estás, sos hincha y más si te tratan bien.

Pero recuerdo que usted le hizo un gol a Peñarol en Jardines y no lo gritó.

Sí, eso fue una cagada. Si hubiera sido en esta época de redes sociales, hubiese sido mucho más grave. Fue una tontería porque el gol lo quería festejar y aparte le había hecho goles a Peñarol en inferiores y los había gritado todos. Lo quería gritar pero era muy inmaduro y rebelde cuando arranqué en Primera. Era adolescente te diría. Cometí ese error. Cuando hice el gol no sabía ni donde estaba parado, me nublé de alegría y creo que fue mi primer gol en Primera. Cuando salí, muy inmaduro, me agarró un periodista y le dije que no lo grité porque era hincha de Peñarol. Ahí la gente de Danubio me cayó con todo y no me la saqué hasta 2005 cuando le ganamos 7-2 que grité el gol. Yo era hincha de Danubio. Si bien yo de chico y mi familia, somos de Peñarol, a partir de ahí era de Danubio y profesional.

Aparte de este año, ¿va a seguir jugando?

Si me sigo sintiendo bien como hoy, sí. Fueron años de muchos partidos y eso me llena de orgullo. Con todos los años que estuve lesionado, dejame disfrutar. Si no me quiere nadie, me voy para casa.

 

 

 

"SENTÍ ALEGRÍA DE PODER AYUDAR A MI HERMANO"

Va a hacer un año ahora que viajó a Estados Unidos y le donó sangre a su hermano por un trasplante de médula, por lo que se perdió el partido de ida por la Copa ante Olimpia. ¿Cómo vivió ese momento íntimo?

Sí. En realidad no me perdí el partido, el técnico no me puso, pero entiendo la decisión porque estuve 10 días en Estados Unidos, aunque mientras no me sacaban sangre para mi hermano, me rompí todo entrenando allá. Quería jugar la Copa con Wanderers. Tengo una familia que somos 11 hermanos. Mi viejo tiene un problema en el ADN que se lo transmitió y seis de ellos tienen ese problema en el ADN y a cuatro se le manifestaron enfermedades autoinmunes. En el hospital en Estados Unidos le dijeron que era el momento para hacerse el trasplante de médula ósea, porque, si no, se podía agravar la enfermedad y este tratamiento la frenaba, por lo que era algo muy importante que le iba a cambiar la calidad de vida.

Y usted resultó el donante.

Todos nos sacamos sangre. Cuando me dijeron que era compatible, fue notable. Sentí alegría de poder ayudarlo y también me dio miedo, porque después del trasplante era todo un proceso, que todavía sigue, en el que Santiago vivió momentos durísimos (se emociona), con riesgo de vida y pudo salir adelante. Ahora está perfecto y es con mi sangre, por eso en la familia bromeamos. Fue lindo poder estar con él.

¿Qué es Dios para usted?

Es un ser superior que me acompañó a lo largo de toda mi vida y mi carrera. Lo mamamos desde chico porque mi familia es católica. Es algo muy importante en mi vida.

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