2 de mayo 2020 - 5:00hs

Nito Mestre es el mismo que de adolescente, después de escuchar lo bien que salían los primeros temas de Sui Generis dijo con total tranquilidad: “No nos puede ir mal, va a ser solo una cuestión de tiempo”. Es el mismo que después del recital masivo de despedida en el Luna Park prefirió irse a un boliche solo a comer una pizza porque estaba harto de la vorágine. Y es el mismo que ahora, a sus 67 años, desde algún rincón de Miami –donde lo sorprendió la cuarentena– estacionó su bicicleta en un lugar con sombra para atender el teléfono y charlar con El Observador sobre los 50 años de Sui Generis, y el homenaje con el proyecto #AméricaCantaSui. Contó anécdotas que van desde de su encuentro con Paul McCartney hasta el día en el que lo detuvieron los militares en Uruguay, habló de su relación con Charly García y admitió que hasta ahora no encuentra las palabras justas para explicar la magia que existió detrás de aquella banda. Aunque lo intenta.

Su pico de popularidad lo tuvo en las épocas de Sui Generis, pero Nito no se para en la melancolía. Para él, el dúo con Charly nació y terminó en el momento justo. Después de la separación formó Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre y se lanzó como solista en 1981 con su disco más importante, 20/10. Desde una serie de conciertos junto a Mercedes Sosa por los ochenta, hasta shows más recientes con otros fundadores del rock argentino como Lito Nebbia, Silvina Garré y Ricardo Soulé, la carrera de Nito se mantuvo siempre activa y, hasta que el coronavirus paralizó su agenda, tenía shows previstos para Estados Unidos y Europa.

Sui Generis nació como el sueño de dos amigos de colegio que se juntaron para hacer música, pero no pudo escapar del destino que tenía marcado: ser portavoz de toda una generación, aunque a fines de los sesenta las fichas puestas sobre esos dos flacos de melena larga y cara ovalada eran pocas. Después de casi tres años de vueltas, dieron con el productor indicado. Llegó el primer disco, al año el segundo y al otro el tercero. También sufrieron represión y censura. Desde el principio supieron que iban a tener éxito y crearon canciones que hoy son himnos del rock argentino y siguen sonando con la misma fuerza que lo hicieron hace 50 años. ¿La fórmula? La fusión perfecta entre el desenfreno y virtuosismo creativo de Charly García y la ductilidad de Nito Mestre con su impecable timbre agudo.

El dúo se separó en 1975 (aunque se reunió en momentos puntuales después), pero sus canciones trascendieron cualquier barrera temporal. Sui Generis no es una estatua –a pesar de tener una en Mar del Plata– ni un recuerdo perdido en el tiempo ni el anclaje caprichoso al pasado de un puñado de nostálgicos. Sui Generis se escucha, se canta, se reversiona. Está vivo.

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Fotos de archivo, gentileza Nito Mestre

A más de 50 años de su creación, ¿qué lugar ocupa en tu vida Sui Generis?

Es un pedazo mío. Es como haber tenido un hijo. Me doy cuenta de que sirvió para algo. Sui no fue una banda que grabó discos, tocó, se separó, dejó una película y desapareció. Dejó algo más, que se traspasa de generación en generación. Tiene ese espíritu de decirle a los jóvenes ‘juntémonos, hagamos las cosas bien’. Sui Generis habla de la libertad, de cambiar las cosas, de salir adelante.

Con Charly decimos que no somos ex Sui Generis, somos Sui Generis. También pesa la amistad, somos amigos del colegio. Y pese a todos los “no” que recibimos, seguimos adelante y eso nos dio una fortaleza y una unión que ahora no solo pertenece a nosotros, trascendió. Por eso viene este homenaje de Canta America Sui.

La banda no saltó al éxito de golpe de ahí, esos “no” que mencionás. No fue hasta 1972, cuando se cruzaron con el productor Jorge Álvarez que se empezaron a abrir algunos caminos. Y tanto en la audición exitosa que tuvieron antes de grabar el primer disco (Vida, en 1972) como en la primera presentación importante en público hubo un elemento en común: Canción para mi muerte. ¿Qué tenía y qué tiene ese tema que lo hace tan especial?

Buscarle una lógica a una canción es medio complicado. Desde el título, pareciera que es un tema absolutamente pesimista, y no lo es. Tiene una magia que, si bien muchas canciones de Sui la tienen, se despegó del común de los temas que se venían escuchando y llamó la atención. Le he preguntado a psicólogos y sociólogos por qué pasa esto y todos te dan una razón demasiado pensada. Yo no lo veo como algo tan rebuscado. Salió en el momento justo, dentro de un dúo de dos amigos que tenían una ingenuidad muy fuerte y un propósito en común. Y se juntó un todo.

Desde cantarolas de fogón hasta un recital, Sui Generis conectó enseguida con los jóvenes de su época, ¿por qué?

Estábamos hablando de lo mismo que ellos estaban sintiendo. Nosotros éramos lo mismo que ellos, solo que estábamos cantando lo que no se atrevían o no podían decir. Éramos la voz de ellos en temas como el amor, la libertad y en la necesidad de cambiar algo. Eso te une automáticamente. Hubo épocas, sobre todo con la dictadura, que los chicos se juntaban a cantar esas canciones porque les daban fuerzas para seguir adelante, como se muestra en La noche de los lápices. Me generó mucho impacto cuando me enteré de que los chicos de La Plata en los en los últimos momentos, durísimos, se daban fuerzas cantando temas de Sui. En la película te pone la piel de gallina. Las canciones aparecen ahí como una inyección de energía que te da para adelante. Y eso no es explicable con palabras. 

En una entrevista que les hicieron en el 2000 Charly renegaba de la nostalgia. Y en diálogo con la revista Arcadia en 2018 dijiste que no te quedás nunca en pensamientos como "uy, lo lindos que eran esos viejos tiempos". Pero en la situación actual, en tiempos que remueven sensibilidades y en los que recibís a diario covers con temas de Sui Generis, ¿no pica en ningún momento el bichito de la nostalgia?

Sui Generis no me trae nostalgia. Cumplió el ciclo exacto para nosotros. No extraño esa época, ni tener 19 años y estar con la banda y esto y lo otro. En una de esas podemos terminar cantando algún día con Charly, y lo hemos hecho –el año pasado me invitó a cantar al Luna–, pero volver a hacer Sui Generis, no. Siempre fui un tipo de mirar para adelante. Lo que terminó, terminó. Lo bueno de quemar las etapas es que llegás al final para después arrancar otro ciclo.

Los temas tampoco me traen nostalgia. Con América canta me pasa que cuando escucho un tema puedo decir, “que hijo de puta, mirá qué bien que le salió” o pensar que les sale mejor que a nosotros. Pero no me lleva al pasado, me trae a un presente que es fresco.

“Nos quedamos juntos. Ninguno de ellos (otros músicos que pasaron por Sui Generis) tenía la seguridad que tenías vos o yo”, te dijo Charly en una charla que compartiste hace poco en tu canal de Youtube. Y siempre cuentan que desde que arrancaron, sabían que iban a triunfar. ¿De dónde salía esa convicción?

En esa charla Charly dijo algo así como, “tenías una banda y yo no te bancaba, pero sabía que íbamos a hacer algo juntos”. Eso era porque éramos competencia.  Y con lo competitivo que es… pero terminamos siendo los mejores amigos.

Con las primeras canciones, lo primero que le dije a Charly fue: “Es imposible que nos vaya mal”. Y él me dijo, “¿cómo, por qué?”. Le dije, “no nos puede ir mal, va a ser solo una cuestión de tiempo”. Y pasamos por varias personas que nos dijeron que no, por shows con 10 personas y por momentos en los que algún integrante de la banda se iba porque decía que no iba a pasar nada. Pero yo tenía una fe absolutamente ciega.

Tengo ciertas sensaciones que se suelen cumplir. Cuando estábamos grabando el tema Dime quién me lo robó –que era un tema difícil para ir a grabar–  yo dije, “no hay temas como este”. Se iban todos y nosotros seguíamos con esa energía interna de saber que lo que estábamos haciendo iba a salir y nos retroalimentábamos con eso.  Entonces, si venía un pibe y nos decía, “che, que lindo esto”, nos pesaba más que todos los no de afuera. Encima tuvimos a Jorge Álvarez que no era un productor cualquiera, tenía un empuje y un carácter fuerte que nos supo llevar para hacer un montón de cosas. Dimos con un productor Sui Generis. El tipo era el tercero que tenía tanta fe como nosotros. Era nuestro George Martin. Uno se junta con la gente que tiene el mismo tipo de energía.

Fotos de archivo, gentileza Nito Mestre

¿Cómo era la relación musical con Charly? ¿Cómo fue trabajar con él y su oído absoluto? 

Era muy sencillo trabajar con Charly. Él traía los temas, los empezábamos a cantar naturalmente, porque nosotros teníamos una cosa automática de telepatía, de ya saber lo que queríamos hacer. Cambió un poco más cuando entraron Juan Rodríguez y Rinaldo Rafanelli, pero no tuvimos ningún problema. Charly tiene oído absoluto, yo relativo, lo que significa que me es fácil hacer segundas y terceras voces. Lo hacíamos a prueba y error, con frases cambiadas y melodías que adaptábamos mientras íbamos cantando. Después de pocos meses de cantar juntos, nos entendíamos con una seña con la cabeza. 

De Vida a Confesiones de invierno (1993) hubo un salto importante en la maduración musical de ustedes. ¿Qué pasó en el medio para que ese crecimiento se diera tan rápido?

Álvarez nos dijo que íbamos a grabar un disco de long play. Estábamos con Francisco Pratti, nuestro baterista, y algunos músicos. Pero había que grabar rápido. Éramos novatos en la forma de grabar, pero como estábamos en el segundo disco, sabíamos más cosas y estábamos más afianzados, entonces podíamos pedir más. Cuando tenés más peso no es que te la creés, pero confíás más en vos mismo y sabés elegir mejor.  Algo fundamental fueron los arreglos que nos hizo Gustavo Beytelmann para algunos temas con orquesta, con un estudio de ocho canales. Además usamos temas que ya estaban dando vueltas desde antes y el desarrollo fue más firme.

Al principio solo querés que te contraten, y metíamos la firma en cualquier cosa porque no teníamos idea. No teníamos gente que viniera antes que nosotros que diera algún consejo o nos cuidara. Lito Nebbia, quizá, nos dio algunos consejos buenos, y después, aunque era par nuestro, también lo hizo León Gieco.

Y con el tercer disco, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974), conocieron la censura. ¿Qué implicó para ustedes tener que eliminar Botas Locas y Juan Represión?

La veíamos venir. Pero tampoco se trataba de hacer un disco que fuera a cambiar el mundo, más allá de que podía desertar ideas en determinada gente. Y ese era el miedo que tenían en ese momento los del gobierno de turno, los de la triple A ( Alianza Anticomunista Argentina), que eran los mayores censores. 

Habíamos grabado los temas y viene un productor al cual alguien –porque siempre el que censura tiene esa particularidad de que mantiene el anonimato, en una de esas por miedo a la represalia– le dijo que teníamos que cambiar alguna letra y que tal tema no podía ir. Y nos sacó de quicio.

Más allá de la censura en Argentina, la situación más violenta la vivieron en el marco de la dictadura uruguaya cuando vinieron a tocar en 1975, ¿recordás como fue ese momento?

Me lo acuerdo perfecto, eso no se te borra así nomas. Estuvimos un día y pico en cana con los ojos vendados y nos pegaron en la espalda. Y todo por un tema. Yo pensaba, "estos tipos están chiflados, ¿a quién se le ocurre que nosotros vamos a poder voltear un gobierno con una canción?”. Obvio que sentimos miedo. Teníamos shows de jueves a sábado y cantamos Botas locas el jueves. Al día siguiente, nos fuimos al cine y cuando llegamos al hotel había dos camionetas afuera. Me metí por una de las puertas y le pregunté al de la recepción qué había pasado y me dijo, “los vienen a buscar a ustedes”. Ahí me pegué un cagazo... Me fui al cuarto a pedir un sándwich y una coca cola porque lo primero que pensé fue que si me iban a meter preso, por lo menos que fuera con la panza llena. Y, antes de que llegara el pedido vinieron dos tipos, les dije que estaba esperando el sándwich, pero me dijeron, “olvídate”. En cuanto salí del cuarto me vendaron los ojos y me tiraron en el piso de la camioneta. De ahí nos llevaron a un patio como por dos horas, teníamos que mantener los brazos abiertos y nos pegaban en la espalda cada vez que los bajamos. Me acuerdo que lo único que me dejaron llevar conmigo, no sé por qué, fue la flauta. Les decía que quería llamar al consulado y se me cagaban de risa. 

Sentimos mucho miedo, no teníamos antecedentes en Argentina. Y aunque podíamos pensar que éramos músicos y que no nos podía pasar nada, ¿por qué no si eran tipos re pesados?

Tu gusto hacia los Beatles marcó indirectamente varios mojones de tu vida: te conectó al instante con Charly y te llevó a conocer en 1993 a Paul McCartney, con quien tuviste una charla en la que te contó que jamás renegaría de ser un Beatle ni de seguir cantando los temas de la banda. Es una postura que tomaste con Sui Generis, ¿es así?

Obviamente. Si yo voy a ver un show de cualquier músico que admiro lo que quiero es que toque los temas que yo conozco por sobre todas las cosas. El año pasado fui a ver el de Sting, porque soy amigo de Dominic Miller, el guitarrista, que nos invitó a verlo. Se mandó un set de todos los temas conocidos de su carrera incluídos algunos de The Police, por supuesto. Fantástico. Te das una panzada de música con eso. Porque está bien que uno cante temas nuevos, pero un tipo que tiene “x” cantidad de discos y solo se ponga a cantar el último y se olvide de lo anterior, es para matarlo. Es casi que una falta de respeto. Y más si se trata de canciones lindas. No reniego para nada de Sui Generis.

¿Te acordás de cómo te sentiste aquel 5 de septiembre de 1975 cuando se despidieron en el Luna Park? 

Estaba tan saturado de estar con mucha gente, porque fueron dos funciones y era todo una vorágine, que lo que quería era estar solo por sobre todas las cosas. Entonces me tomé un taxi y me fui a comer una porción de pizza bien lejos del Luna Park. Mi foto es esa.

Fotos de archivo, gentileza Nito Mestre Camarín Luna Park

¿Cómo fue el reencuentro en el 2000?, ¿tuvieron alguna charla de reflexionar sobre su separación en ese momento?  

No, no. Fue todo mucho más sencillo. “Che, vamos a hacer algo?”, “dale”. Y listo. No nos ponemos a reflexionar con Charly, vamos al grano. Nada muy pensado.

Y ahora, ¿cómo son las charlas entre ustedes? 

La última charla fue la de la grabación. Cuando terminó me dijo, “qué linda charla que tuvimos”, porque ahí contó cosas que nunca había contado, sobre todo sobre su familia. Él no usa Whatsapp y si quiero hablar tengo que llamar a la mujer para que me pase con él, pero no es lo mismo.

De todo este proyecto (#AmericaCantaSui) sí hablamos, en un momento le dije de venir a Miami para grabar o tocar algo. Y no como muchos piensan que puede ser para hacer algo de Sui. Si nos juntamos con Charly es para hacer ¡dios sabe qué! 

Cuando nos vemos, usualmente voy a la casa.

¿Se ponen a tocar en esos encuentros?

No (se ríe). Chusmeamos de cualquier cosa, como dos pibes de colegio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

SUI GENERIS en casa ! @nitomestre

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